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Lepisma y la insignificancia de lo tangible

Lepisma y la insignificancia de lo tangible

Creo que fue en Lepisma y la posada del collado de Borgo  donde os descubrí Silverfishtravelreviews, una página donde los pececillos de plata comparten las reseñas de sus viajes; pues bien, al saber que, en busca de una discografía inexistente, Lepisma había recorrido multitud de lugares ficticios, consulté su perfil en dicha web para conocer algunas de sus experiencias.

SHANGRI LA (***) 

Bonito enclave en plena cordillera del Himalaya pero muy mal comunicado: sólo puede accederse compartiendo vehículo, a través de BlaBlaCar, con algún monje del monasterio homónimo. Una vez superado el escollo del transporte, nos encontramos en un entorno idílico, de temperatura muy agradable, y un convento que dispone de una gran biblioteca que hará las delicias de cualquier pececillo de plata. A los tres días de estancia, sin embargo, me percaté de que Shangri La tenía más que ver con Benidorm de lo que parecía en un principio: la media de edad de sus habitantes, gracias a una planta del valle y a su especial clima, rondaba, sin exagerar, los 200 años de edad. No es que tenga nada en contra de las gerontocracias, pero que el ocio de un territorio quede circunscrito a ir al bingo, a ver obras públicas desde detrás de una valla, a andar y al aquagym puede hacer perder los nervios del viajero más templado. Relacionado con este hecho, el que el himno de Shangri La sea El baile de los pajaritos y que cada seis horas esa irritante tonada se comparta a través de megafonía para que los shangrilitanos se pongan a bailar su enervante coreografía es lo que ha hecho que las cuatro estrellitas con las que pensaba puntuar a este lugar se hayan transformado finalmente en tres

ATLÁNTIDA (****)

Si el viajero no es amante de los climas húmedos será mejor que escoja otro destino; yo no tengo ese problema, de hecho ya sabréis que los pececillos de plata también somos conocidos como bichos de humedad. Pues bien, lo mío con Atlantis es algo casi platónico: adoro su arquitectura, el carácter de sus gentes y sus casi infinitas maneras de preparar el marisco. Es atravesar las imponentes columnas de Hércules y mi corazón ya comienza a palpitar de una manera especial. Y sin embargo ya hace años que no la visito, pero por una razón totalmente ajena a los atlantes: por el tanatoturismo, es decir, esa deleznable moda de viajar a lugares que han sido escenario de catástrofes, naturales o no. Quizás recordéis las imágenes de influencers haciéndose selfies en Chernobyl tras el éxito de la serie de HBO, o a turistas tomando el sol entre cadáveres días después de que un tsunami arrasara las costas de Indonesia. Pues eso es lo que ha pasado con la Atlántida: después de que un youtuber hablara del cataclismo que hizo que la isla desapareciera bajo el mar se puso de moda visitar este entrañable reino, pero sólo para contemplar las señales que aún quedan de su destrucción y muerte. Y eso ya no es para mí: el turismo masivo ha pervertido la idiosincrasia de la ínsula y se ha transformado en un parque temático de su propia desgracia, poderoso caballero es don Dinero… Quién sabe, quizás cambien las tornas y depende de cómo se desarrolle la pandemia que ahora nos asola, en breve sean los atlantes los que viajen hasta nuestras ciudades para contemplar hospitales colapsados o pistas de hielo transformadas en tanatorios

RURITANIA (****)

Delicioso reino ubicado en el centro de Europa y cuyo calendario, por cuestiones demasiado complejas como para ser tratadas aquí, está perpetuamente anclado en el siglo XIX. Es por ello que conceptos como el de la honra o la caballerosidad están a la orden del día, lo cual no tiene por qué ser necesariamente positivo para el turista del siglo XXI que, sin comerlo ni beberlo, puede verse retado y envuelto en un duelo que acabe con su vida. Recomiendo, pues, al viajero no mirar, ni siquiera de soslayo, a la mujer de otro ni insinuar que la república podría ser un sistema de gobierno válido para la sociedad ruritana, tan afecta a su monarquía; de hecho, no estarían de más unas clases de esgrima antes de visitar Zenda y alredededores. Puede pensar el lector que pinto una Ruritania más similar a barrios como el Bronx o Las 3000 Viviendas, pero nada más lejos de mi intención: simplemente le doy unas pautas de comportamiento que, bien empleadas, harán de su estancia un viaje de ensueño. Disfruten de la arquitectura típica y de su gastronomía (no dejen de visitar el Mesón de Rupert de Hentzau).

KRYPTON (-)

Poca cosa a comentar. Tras un cataclismo que arrasó con él, Krypton es un planeta muy parecido a Teruel: no existe.

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