Inicio > Actualidad > Divitos y literatos > Lepisma y los futuros que no fueron

Lepisma y los futuros que no fueron

Lepisma y los futuros que no fueron

Quizás por su sonoridad tan contundente, el año 2000 tenía connotaciones casi míticas para mi generación; preguntarnos sobre cómo sería entonces el mundo y qué sería de nosotros con la escalofriante edad de 27 años era una conversación tan recurrente como podía ser el tiempo que hace hoy, o que los tomates de antes sí que sabían a tomate.

Cuando se acercó esa fecha, las connotaciones se tornaron apocalípticas: un supuesto efecto 2000 iba a provocar el fallo de todos los ordenadores, con la consecuente hecatombe mundial mientras nosotros aún discutíamos con nuestro cuñado sobre si habían empezado ya las campanadas o sólo eran los cuartos. Spoiler a toro pasado: el temido efecto 2000 sólo fue un bluff que sirvió como inspiración para uno de los mejores capítulos de Los Simpson, y el esperado año no nos trajo coches voladores ni turismo interplanetario a bordo de naves espaciales con teléfono fijo. Venía, eso sí, con móviles e internet, y volviendo a Los Simpson y citando al ínclito Homer, las super-autopistas de la información mostraron al hombre de la calle lo que algún memo opinaba sobre Star Trek.

"Releo lo escrito y me doy cuenta de que este texto huele a naftalina, como los negocios que aún perduran con nombres como Bazar 2000 o Discopub 2001, pero no me importa"

Qué decepción para mí, para alguien que tuvo que colarse subrepticiamente en la biblioteca de una universidad privada (hola, Juanma, ¿te acuerdas?) y así acceder a los libros que necesitaba, y que creía que si algún día tuviéramos toda la información al alcance de la mano, se viviría una auténtica era de las luces: no caí en que también los bulos, la manipulación y conceptos que entonces no podía entender, como el clickbait, estarían al alcance de la mano de cualquiera.

Releo lo escrito y me doy cuenta de que este texto huele a naftalina, como los negocios que aún perduran con nombres como Bazar 2000 o Discopub 2001, pero no me importa: aún hay turrón 1880 y aún se anuncia con el curioso slogan el más caro del mundo.

Y todo esto venía a cuento porque yo, como Lepisma, y aunque reconozca la belleza de muchas de sus imágenes, también me dormí con Blade Runner 2049. Que no se enfaden conmigo los fans de Denis Villeneuve, soy consciente de que quizás no la vi en el momento adecuado y que es una película con los suficientes valores como para que le de otra oportunidad: lo que no puedo garantizar es en qué año ocurrirá eso.

5/5 (8 Puntuaciones. Valora este artículo, por favor)
Notificar por email
Notificar de
guest
0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios