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Letras clandestinas III: Hispanoamérica

Literatura clandestina en Hispanoamérica

Tras la publicación de los dos artículos precedentes de esta serie en este blog, Letras clandestinas y Letras clandestinas durante el Franquismo, esta miniserie que evoca algunas de las obras literarias que se han difundido en secreto está a punto de concluir. Y lo hace de la mano de las letras procedentes de parte de Hispanoamérica. Ya en el texto fundacional de Zendalibros se mencionaba el carácter hispanoamericano del contenido de este sitio, por ello no podía faltar un post (en el que obviamente hay numerosos títulos y autores omitidos, intentaré que sean los menos) en el que de nuevo someramente repasaré  autores (y sus obras) paradigmáticos que han visto nacer y difundirse sus títulos en clandestinidad.

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(Ruego una vez más disculpen de antemano las obras o autores que no han sido resaltados en esta publicación).

La censura en Hispanoamérica comenzó, no podría ser en otro momento, en época de la conquista. Los españoles trataban de «españolizar» las tierras y se sirvieron en varias ocasiones de títulos que podrían ayudarles en su misión «evangelizadora». Uno de ellos fue la Gramática de Nebrija. Los dominicos y franciscanos fundaron en América los primeros centros educativos, al amparo de conventos, que se convertirían en focos de cultura en las principales ciudades.

En poco tiempo la «europeización» de las colonias es real. También allí llegaría en 1535 la imprenta y se publicarían los primeros títulos (religiosos). A pesar del férreo control en las publicaciones, en estos primeros textos se encontrarán atisbos de ideas que no eran bien recibidas, como las de Erasmo de Rotterdam.

Desde España se dió orden de no permitir la publicación en el Nuevo Mundo de obras que no fueran religiosas (y prohibió la difusión de obras de ficción, novelas de caballerías, obras de entretenimiento…. obras que según el Index Librorum Prohibitorum podían dar a los nativos motivos para cuestionar el poder político y religioso que les habían impuesto.

Como hemos visto en anteriores entradas fue precisamente la censura la que provocó que estos títulos que no estaban bien vistos, circulasen alegremente entre los ciudadanos (pensemos que en aquellos momentos en España se producía el boom de obras como El Buscón, El Lazarillo de Tormes y El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha).

También hubo en las colonias quien intentó crear y publicar novela, pero la dificultad de su difusión (no se permitía la publicación de obras que no fueran aprobadas por el Imperio) hizo que este intento quedara simplemente en eso (pueden consultar algunas de las obras procedentes de las colonias en la bibliografía que les indico al final del artículo, se publicaron novelas pastoriles-Dianas– en México disfrazadas de ensalzamiento de figuras religiosas como la Virgen).

Entre varias obras paradigmáticas de este periodo, vamos a resaltar únicamente una publicación que se saltó la censura: la conocida «Monja Alférez» quien llegaría a publicar unas memorias (siempre perseguidas por el escándalo) en las que daba buena cuenta de sus aventuras tras adoptar el sexo opuesto y sus peripecias como comerciante, soldado, monja… Estas memorias aparecieron varios siglos después en 1829 en París.

Hoy día pueden incluir entre sus «lecturas pendientes» la novela -difícil de encontrar- de Ricard Ibáñez (compañero zendiano): La monja alférez: la juventud travestida de Catalina de Erauso (Devir Contenidos, 2004)

Continuaremos esta breve exposición aludiendo a una de las obras más aplaudidas de Vargas Llosa, Conversación en la catedral, cuya trama está inspirada en la dictadura de Manuel Apolinario Odría en Perú durante ocho años: de 1948 a 1956. La novela se prolonga unos cuantos años tras la caída del régimen de Odría y en ella aparecen numerosos personajes del entorno del dictador. El autor nombra en bastantes ocasiones a Odría y describe perfectamente muchas situaciones y escenas reales relacionadas con el enjambre político que vivía el país.

En Argentina durante la dictadura de Videla (1976-1981) se censuraron varios libros de la Editorial Siglo XXI Gramsci y la revolución de Occidente de María Antonieta Macciochi, Tribunal Russell Sesiones de Estocolmo, Sociología de la Explotación, de Pablo González Casanova, Estudio sobre los orígenes del peronismo, de Juan Carlos Portantiero, El Poder Negro, de Stokely Carmichael, El Mayo Francés o el Comunismo Utópico, de Alain Touraine, Lógica Formal y Lógica Dialéctica, de Henri Lefevre. También se prohibió la obra del escritor Haroldo Conti (que desapareció en 1976) y numerosos libros infantiles como Un elefante ocupa mucho espacio (parece que el cuento adoctrinaba de alguna manera a los niños).

A día de hoy en México y Venezuela continúa la “quema” de libros (hace unos años-2009- se llegaron a quemar libros de texto de materias como biología por considerar sus enseñanzas en materia sexual como “inadecuadas”).

En países como Cuba entienden mucho de censura. En 1961 Fidel Castro pronunció su famosa máxima: “Dentro de la Revolución todo, fuera de la revolución nada”, aunque en líneas generales los lectores cubanos prefieren los libros “prohibidos” a los que se distribuyen libremente. No nos extraña que entre los autores preferidos del gran público figuren: Guillermo Cabrera Infante, Leví Marrero, Lydia Cabrera, Reinaldo Arena, Heberto Padilla, Gastón Baquero, José Ángel Buesa, Lino Novas, Martin Luther King, Eugenio Florit y Raúl Rivero.

Resaltamos el caso de Guillermo Cabrera Infante quien en el exilio se establece en Londres y comienza a publicar críticas cinematográficas con pseudónimo (G. Caín). En su obra Un oficio del siglo XX este pseudónimo se convierte en «personaje». Guillermo Cabrera se enfrentaría con la censura de tres dictaduras: la de Fulgencio Batista y Fidel Castro en Cuba y la de Franco en España.

El libro Laberinto de la soledad, de Octavio Paz fue prohibido en la isla por mostrarse crítico con el sistema político de Fidel Castro. También fueron censurados Lezama Lima y Carlos Rangel, este último criticó los regímenes políticos tendentes al caudillismo en su Del buen salvaje, al buen revolucionario.

Escritores como Antonio Orlando Rodríguez publicaron en la isla y después en el exilio.

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Pinochet provocó en Chile que los escritores y artistas disparasen su creatividad para saltarse las prohibiciones. Un reto para casi todos los chilenos, comentó en una entrevista Carlos Mellado, director de la Sociedad de Escritores de Chile. En este país las obras censuradas circulaban en formatos de lo más variopinto (hojas, folletos, periódicos,..) que eran distribuidos a través de bares, teatros y ferias de artesanía. Algunas de estas revistas fueron reunidas con motivo de una exposición en 2001 en la Biblioteca Nacional de Chile.

En el extranjero los exiliados continuaron promoviendo la cultura de su país por medio de publicaciones periódicas como Chile-América que se editó durante diez años en Roma. Tras la Dictadura Militar, apareció una corriente literaria, ya en los 90, la Nueva Narrativa Chilena con representativos autores como Alberto Fuguet.

Hay que recordar además que el franquismo censuró en España buena parte de las obras y autores del boom latinoamericano. Obras (Rayuela de Cortázar, Pedro Páramo de Juan Rulfo, varios textos de Carlos Fuentes,… ) que tardaron 15 años en ser publicadas en nuestro país.

Otros títulos censurados en todo el planeta son: en China los libros ambientados en viajes en el tiempo (prohibidos por ser “irrespetuosos con la Historia”),o los que otorgan cualidades “humanas” a los animales (Alicia en el País de las Maravillas de Carroll también sufrió lo suyo para darse a conocer en el país nipón); los vanos intentos del cardenal de Génova, Bertone, por frenar el éxito de El Código Da Vinci; la prohibición durante años de vender Mein Kampf de Hitler en Alemania; la censura, por “aspectos morales”, de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha; en Emiratos Árabes se censuró la primera entrega de las peripecias del mago Harry Potter por “incentivar a la brujería”; en la Unión Soviética frenaron Las aventuras de Sherlock Holmes por cuestiones de ocultismo,…

Ya hemos visto cómo en muchos países esta prohibición de determinadas lecturas se convirtió en su mejor campaña promocional. Otros estados, por ejemplo Estados Unidos (por medio de la American Library Association), celebran a finales del mes de septiembre y desde hace más de 30 años la Semana del Libro prohibido para promover las obrlogoletrasamsterdam690x241as que alguna vez sufrieron censura.

Para concluir esta serie les recuerdo el motivo que me impulsó a escribir estos artículos, la exposición, Letras Clandestinas, en la Imprenta Municipal Artes del Libro en Madrid (c/Concepción Jerónima, 15) que podrán ver hasta el día 30 de octubre. Les quedan unos días ¡disfruten!

 

 

 

Bibliografía utilizada y recomendada:

OVIEDO, José Miguel. Historia de la literatura hispanoamericana. Alianza Editorial. 2005

Cuadernos Hispanoamericanos. Julio-Agosto 2016.

FERNÁNDEZ RETAMAR, Roberto. Para una teoría de la literatura hispanoamericana.

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