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Un leviatán del norte

Un leviatán del norte

Hace poco, Salamandra ha editado un libro que hasta cierto punto podría enmarcarse dentro de la ola de la nueva Nature Writing, aunque con marcadas particularidades. Si el bosque como espacio de contemplación y vida deliberada es aquí sustituido por un océano que al autor le parece “cada vez más grande, profundo y fascinante”, el sentimiento de naturaleza inagotable tan propio del que ya es un género confirmado sí aparece desde las primeras hojas. Claro que los protagonistas, el autor y Hugo Aasjord (pintor cuyo trabajo se puede ver en la red), se nos revelan más como hombres de acción que como paseantes contemplativos. Su vitalismo es mucho más manual y predatorio, y su veneración del mar pasa por toda una etnografía de tipos y artes pesqueras. De ahí que demos con muchas palabras vernáculas, acuñadas hace mucho para diferenciar sutilmente vientos o mareas, o que se nos informe de raras costumbres culinarias condicionadas por escaseces y otros contratiempos del devenir.

"En un mundo cada vez más claustrofóbico y plastificado, tener noticia de una efervescencia de vida salvaje como esta no deja de resultar tranquilizador"

Las páginas de Strøksnes tienen bastante de género revisitado, y este no es otro que el del monstruo marino, que admite un sinnúmero de leviatanes más o menos fantásticos, más o menos reales, mismamente como las narraciones que, ya desde la Antigüedad, nos han permitido irlos conociendo. En este caso se trata del tiburón boreal, que es una de las criaturas más longevas de la tierra, así como carnívora e incomestible a cuenta de su toxicidad (se comió en tiempos, por lo que decíamos, a veces provocando «borracheras de tiburón», lo que explicaría la traducción de Shark Drunk para el mundo anglo). Sus rasgos biológicos resultan más que apropiados para ser protagonista del Libro del mar (este es el título español del más literario y menos comercial Havboka original). Con todo, rápidamente se descubre el protagonismo más abstracto y trascendental de los mares en sí mismos, muchas veces por contraposición con la horizontalidad de lo telúrico: la gran masa acuosa que domina el mundo, que podría guardar en sus entrañas el Himalaya entero sin apenas despeinarse y que aloja a una cantidad difícilmente concebible de seres vivos poco o nada conocidos.

"La manera de escribir de Morten Strøksnes recuerda un poco a la del también noruego Lars Mytting, como puede comprobarse leyendo El libro de la madera o Los dieciséis árboles del Somme"

En un mundo cada vez más claustrofóbico y plastificado, tener noticia de una efervescencia de vida salvaje como esta no deja de resultar tranquilizador. Morten Strøksnes se afana por familiarizarnos con las características y comportamientos de toda clase de animales marinos, de los cetáceos a las aves, casi siempre recurriendo a alguna puntilla superlativa: por ejemplo, el mamífero que a mayor profundidad se sumerge, el cachalote, o el ave con la ruta migratoria más larga de la tierra, que es el gaviotín ártico. Y —entre otras cosas—  alterna esta clase de párrafos con pequeñas historias paralelas (o hasta con alusiones directas a libros y fuentes con los que completa su conocimiento directo del Vestfjorden). Y todo esto va jalonando la narración de la aventura que comparte con Hugo, mucho más hombre de mar que él mismo, y que arranca en los preparativos para transcurrir y terminar sin demasiada épica. Su manera de escribir recuerda un poco a la del también noruego Lars Mytting, como puede comprobarse leyendo El libro de la madera o Los dieciséis árboles del Somme (Alfaguara, 2016 y 2017). Ambos autores alternan divulgación y relato e incluyen algún que otro quiebro digresivo; una fórmula asequible aunque no del todo novedosa, por lo demás: precisamente Melville estableció canon en 1851 con Moby Dick; una referencia que Strøksnes, no podía ser de otra manera, no deja de tener en cuenta.

"El libro de Strøksnes, de tanto que huele a mar, no puede sino recomendarse, aunque avisando al navegante de su tempo y su naturaleza miscelánea"

Hay que decir que, aunque ligero y algo arbitrario, esta especie de enciclopedismo hace un poco densa la lectura y —en muchos casos—  el lector se preguntará cuándo se volverá a hablar de la cosa en sí: del intento de captura del boreal propiamente dicho, con todos sus qués y cómos, y con un porqué que —después de todo— no queda muy claro. Es posible decirlo de otra manera: El libro del mar tiene su ritmo, sincopado e intermitente, quizá como el piélago mismo y como toda aventura requerida de tiempos muertos, a la espera de mejores condiciones o de una ocasión más propicia para intentar lo que sea que quiere intentarse. El libro de Strøksnes, de tanto que huele a mar, no puede sino recomendarse, aunque avisando al navegante de su tempo y su naturaleza miscelánea. Habrá que estar pendiente de lo que este hombre va sacando adelante: como poco, seguro que sus descripciones paisajísticas y sus imágenes amortizan lo que pueda ofrecernos en el futuro, así como sucede en esta ocasión que, casi sin duda, no será la última.

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Autor: Morten Strøksnes. Título: El libro del mar. Editorial: Salamandra. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro