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Lo de contar el vencimiento

Lo de contar el vencimiento

Mario Marín mereció el 46º Premio Literario Kutxa Fundazioa Irun de Novela en Castellano con una novela que se agarra a la idea de absurdo, de disparate, de gueto. Inspirado en un caso real, habla de una doctora que no puede controlar sus brotes psicóticos y su pulsión de matar.

En este making of Mario Marín cuenta cómo escribió CMYK (Pepitas).

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CMYK llega porque me quedé flasheado con cuatro o cinco calles de un barrio. En mi cabeza de momento palpitando como un neón Aquí tengo que contar algo. Luego solo recechar, hasta que llegase la historia que encajara con el decorado.

CMYK, a pesar de su dureza y del ejercicio de buceo que supone, no es una novela que funcione como sanación ni como conjura ni como expiación de nada. En su momento escuché o leí una noticia sobre una doctora con impulsos incontrolables para matar y me quedé pillado con esa cabeza como protagonista para algún relato; el atractivo de lo malo no tiene competencia y a mí siempre me ha puesto mucho. Luego lo que pasa siempre, bastante tiempo almacenada y madurando bien hasta que la rescato. Cuando recupero la nota, la historia ya está casi montada porque me olvidé de la doctora y coloqué su desvarío en Cinta, una vecina de La Orden. La Orden es un barrio de aluvión de Huelva con ese perfil sesentero populoso obrero que tanto bien hace a las historias. Yo construyo siempre mi literatura en mi geografía más cercana porque funciono mucho con la imagen real, con la visita a la cancha. Si este personaje tiene que hablar con el otro, me acerco al sitio de la conversación y decido si con el tráfico de la mañana o con el de la tarde, si en la mesa de una terraza o en una esquina fumando, si luz lateral temprana o ya de arrastre. Todas mis novelas lo son en barrios reales, en el que vivo o en los de al lado. Y también urbanizaciones de alrededor o pueblos próximos o centros comerciales o polígonos del extrarradio. Lo local como el mejor universal.

"Para contar como Juanjo me fui muchas veces a la mesa desde donde se cuenta la novela. El plató es el Bar Vaquero, en la parte baja del barrio, en las cinco calles, y la biota que allí te encuentras es calidad supreme"

CMYK no es nada de realismo sucio, ni negra disfrazada, ni guion novelado. No es Fulana se vuelve loca y pum pum, es sobre todo cómo ven los enfermos mentales, no las otras realidades, sino sus otras realidades, qué falla, dónde está la tara, cómo se gestiona lo desentonado. CMYK además, es drama de pañuelo y llanto porque lo que cuenta es cómo nos aminoramos cuando la impotencia se adueña del escenario. Cinta una vez intentó en Madrid la aventura de ser actriz y le salió mal. Cuando se vuelve, lo hace con mucho daño cabecero y por abuso de tóxicos. A su llegada, procura reconstruirse y se matricula en una escuela de arte. Por las mismas fechas sus pensamientos empiezan a ser autónomos y le ordenan lo que no puede ser. Lo del arte es casi inevitable porque mi formación es Bellas Artes y quería que todo el entramado plástico apareciese en la novela como ejemplo de purria gremial.

CMYK la cuenta Juanjo, un gasolinero también del barrio que limita su vida al surtidor, a la pesca con los amigos y al cerveceo cuando toca. Para contar como Juanjo me fui muchas veces a la mesa desde donde se cuenta la novela. El plató es el Bar Vaquero, en la parte baja del barrio, en las cinco calles, y la biota que allí te encuentras es calidad supreme. Con cada visita caían tres o cuatro cañas y un infinito de notas que luego acabaron en el texto. Mucha sublimación de lo innecesario, mucha estampa, mucha estética de lo sucinto y mucha cerveza.

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Autor: Mario Marín. Título: CMYK. Editorial: Pepitas. Venta: Todos tus libros.

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