Cuando hablamos de “lo extraño” en literatura, por lo general, hablamos de terror sobrenatural. ¿Por qué? Porque la irrupción en una historia de elementos imposibles, alejados de nuestra comprensión, nos ha producido desde siempre un miedo visceral. Pero lo que sostiene ese miedo es, pensándolo bien, una visión ingenua del mundo. Concebimos la realidad que nos rodea como un punto de apoyo sólido, deseable. La noche líquida, el libro de relatos recién publicado de Miguel Garrido de Vega, da una imagen de la vida terrenal mucho más hostil.
Resulta llamativo que un autor como Miguel Garrido de Vega, capaz de llenarnos de una calma delicada e intemporal a través de sus haikus, pueda sacudirnos y arrastrarnos por el cuello, con la misma convicción, a lo largo de unas páginas tan llenas de personalidad y, a la vez, tan diferentes, repletas de urgencia y de miedos. Detrás de la voz que encarna en este volumen se intuyen ecos de un realismo sucio (como Carver, concede especial valor a la omisión de los elementos clave) y de cierta literatura de género (de terror y de ciencia-ficción). Pero, de un modo parecido a autoras hispanoamericanas como Mariana Enriquez o, en especial, Samanta Schweblin, se aleja de los lugares comunes hacia un abismo propio, donde vierte su imaginación singular.
Ese terreno felizmente inclasificable tiene un título (La noche líquida) que no se corresponde con el de ningún relato en particular y, sin embargo, define con exactitud el espíritu de sus historias. Tiene sentido literal (por los paisajes en los que nos adentramos: nocturnos, lóbregos, y líquidos como pantanos, mares e incluso piscinas), pero tiene también, por supuesto, un sentido figurado (lo oscuro, ya sea por siniestro o por incognoscible, y lo líquido, por la inestabilidad psicológica o física de la vida de los personajes).
Por sus páginas, escritas con un pulso inclemente y una precisión quirúrgica, nos vemos buscando la salida de una gruta en las profundidades del mar, huyendo del hogar en una urbanización fantasma, descubriendo la verdadera naturaleza de un hijo, soportando la fanfarronería de un anfitrión presuntuoso o visitando el escenario de un crimen olvidado. Las situaciones que se plantean podrían resolverse de una manera u otra, pero la aparición de pliegues en la realidad (un ojo que ve al otro lado de la piel, una voz ubicua, una forma que se mueve bajo la mesa) es lo que más las aleja de una resolución previsible y, al mismo tiempo, la llave que nos permite asomarnos al fondo de los personajes, a su posición inestable en el mundo.
Porque la incógnita que nos plantea lo extraño encierra el sentido último de estos relatos, un sentido último implícito, escondido tras esas atmósferas siniestras, de una negrura tan humana. Lo extraño no funciona en los cuentos de Miguel Garrido de Vega como un golpe de efecto, ni como fin de un artefacto literario, ni como trasunto de esa realidad sombría. Se parece más a la materialización de una catarsis. La catarsis que necesita la realidad para alcanzar un significado impronunciable que, de otro modo, no tendría.
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Autor: Miguel Garrido de Vega. Título: La noche líquida. Editorial: Páginas de Espuma. Venta: Todos tus libros.


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