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Los 49 poetas del siglo XXI y sus 413 poemas (tres repetidos)

Los 49 poetas del siglo XXI y sus 413 poemas (tres repetidos)

No lo decimos nosotros. Los destacan muy oportunamente dos antologías que acaban de aparecer al hilo del primer cuarto del siglo XXI, que ya se ha cumplido: Un estallido: Antología de la poesía española, 2000-2025, en Cátedra, y El tiempo está cambiando: Nueva poesía española, en Vandalia. Son 52 poetas en total los elegidos, y lo curioso (sin llegar a ser preocupante) es que las dos antologías hechas sobre el mismo periodo sólo coinciden en tres nombres (casi cuatro), dos mujeres nacidas en Sevilla y una en Madrid; lo cual muestra, no el despiste de los antólogos, acaso el alto nivel de la poesía de este siglo y la multiplicación de los panes y los peces. Si aquí se eligen 49 nombres distintos con ocho poemas cada uno, en sus páginas se citarán, además, a otros cincuenta poetas (que pudieron estar), un panorama que produce vértigo. Las dos antologías, ya adelantamos, son valiosas, recomendables e, inevitablemente, complementarias. Me gustaría conocer —y cotejar— una tercera selección de poetas sobre este cuarto de siglo para poder centrarme mejor.

Entre los 416 poemas incluidos en total, hay tres (uno por cada autora) que se repiten en las dos antologías. Como queremos mostrarlos en esta crónica, adelantaremos el primero; el de María de la Cruz, nacida en 2000, de su primer libro, titulado (con minúscula) los clavos que dan nombre a la metralla (2019).

si fuera verdad que la verdad es un terrón de moho

infectaría las granadas todas sus vertientes

su interés poliédrico explosivo al paladar

como el moho tendría vida habría que tenerla igual que

los sauces densos los sauces densos

y mohosos       la verdad es

tan

dulce

y es tanta su miel tan tintada con

el gran

jugo

de la verdad

 

si fuera verdad que la verdad es un pellizco de azúcar

qué fruta partir en rigurosa simetría

con qué puñal sagrado extirpar sus granos

dónde acaba la verdad

el único clavo cierto

si es tanta su miel

es tanta su miel

es tanta su miel

Este es, por lo tanto, uno de los mejores poemas de los jóvenes del primer cuarto del siglo XXI. Uno de los tres en los que coinciden las dos oportunas antologías que, como ya hemos apuntado, sólo tienen en común tres nombres y divergen mayoritariamente en su amplio plantel. No es un defecto de selección. Tenemos a todos esos poetas encima de los ojos, y en este caso los árboles impiden ver con claridad el bosque. Nos falta perspectiva para hacer historia. Distancia. Además, el periodo es demasiado limitado.

Si ahora mismo nos preguntaran cuáles son los diez grandes poetas del siglo veinte, es posible que todos coincidiésemos en más de la mitad de los nombres; pero si se interesaran por los diez del primer cuarto del siglo XX, la respuesta resultaría más compleja. Vamos a intentar, como un juego, responderla, teniendo en cuenta que los poetas de la Generación del 27 no habían publicado o habían publicado muy poco, y aún andábamos entre modernistas, novecentistas, parnasianistas y ultraístas. Todos los buscados, a imitación de la antología de Cátedra, nacidos entre 1884 y 1900.

"El de Cátedra está precedido de un estudio de casi cien páginas, ortodoxo, profesoral, minucioso, que nos puede resultar infinito, ya que no se agota por más que se insista"

Estos serían nuestros nombres (menguados): León Felipe, Tomás Morales, Ramón Basterra, Moreno Villa, Juan Larrea, y de la futura Generación del 27, Gerardo Diego (ya con cinco libros), Juan José Domenchina, Emilio Prados y Lorca, que sólo había publicado Libro de poemas, pero ya se le adivinaba un futuro, algo que no presagiaban ni el primer libro de Pedro Salinas ni el de Dámaso Alonso. La selección está hecha desde el 2026; seguro que desde el 1926 hubiera salido otra nómina de poetas, la mayoría de los cuales ni siquiera figura ya en la letra pequeña de los manuales de literatura. De todos modos, comentaremos que hubo en ese periodo tres títulos que tuvieron una gran repercusión: dos de poetas veteranos, y el otro de un joven, pero fuera de plazo: Campos de Castilla (1912), de Antonio Machado; Diario de un poeta recién casado (1917), de Juan Ramón Jiménez y El romancero gitano (ya en 1928). Y otro título (de 1929) que me apetece rescatar: Jacinta, la pelirroja, de Moreno Villa, un poemario fresco, divertido, de vanguardia casi cubista.

Estos eran, pues, los poetas del primer cuarto del siglo pasado, con los que competirán (sin competir) los jóvenes elegidos por nuestros antólogos Raúl Molina Gil y Álvaro López Fernández (Cátedra), y Jaime Marqués (Vandalia). Hemos de advertir, sin embargo, que en esta última antología se incluye sólo a los nacidos en los años noventa, mientras que en Cátedra la edad se amplia hasta 1984, año de nacimiento de María Salgado, con quien se inicia el libro, y Ben Clark, premiado con el Loewe (lo máximo), el mismo galardón, pero en la categoría joven, que le otorgaron a Elena Medel, una poeta de versátil biografía, que empezó muy pronto y tanto cierra como encabeza antologías de periodos sucesivos.

"Lo que une a los poetas seleccionados es la pluralidad, la diversidad; es decir, nada. Acaso no sea posible ver el bosque desde dentro"

Vayamos brevemente a nuestros libros. El de Cátedra está precedido de un estudio de casi cien páginas, ortodoxo, profesoral, minucioso, que nos puede resultar infinito, ya que no se agota por más que se insista. Lo he leído dos veces y sigo sin tener una idea clara ni soy capaz de resumir el concienzudo estudio. Ocurre, a veces, con las largas introducciones de Cátedra (me sucedió con Soldados de Salamina), que pueden ser resúmenes o casi traslados de tesis doctorales (era el caso de la novela de Cercas). Aquí también hay algo de eso, ya que Molina Gil hizo su tesis doctoral en la Universidad de Valencia sobre Poesía española joven: Un estudio del campo poético (2000-2019). Es decir, conoce a fondo la materia, pero la lectura del inagotable prólogo resulta ardua, repetitiva y tempranamente confusa para el desprevenido lector, quizás por tanta información.

Destaquemos, como fuegos de artificio, algunos datos. Las editoriales que han marcado el rumbo de la poesía joven (aquí aludidas) son Hiperión, DVD, Pretextos (Visor se ha quedado para otros fastos), La Bella Varsovia, Ultramarinos… y otras menores. En las últimas tres décadas se han publicado algunos títulos de gran éxito que pudieron servir como modelo generacional: Las afueras (1997), de Pablo Casado; Las moras agraces (1999), de Carmen Jodrá, fallecida prematuramente; Espejo negro (2001), de Miriam Reyes; Mi primer bikini, (2002) de Elena Medel o Los hijos de los hijos de la ira (2006), de Ben Clark. Ninguno de ellos, pese a su éxito, funcionó como arrastre o referencia de sus contemporáneos, lo que muestra el fracaso generacional o de aglutinamiento.

Laura Rodríguez Díaz (izquierda), Ben Clark (derecha, arriba) y Elena Medel (derecha, abajo).

Y es que, tal como se señala en las dos antologías, lo que une a los poetas seleccionados es la pluralidad, la diversidad; es decir, nada. Acaso (una vez más) no sea posible ver el bosque desde dentro. Aunque, como se señala en Cátedra, esa pluralidad de principios del siglo se ha atenuado, ya que se han reducido los conatos experimentales con los que se inició el siglo, y en los que María Salgado, que abre el libro (y que fue la que cerró, por cierto, mi antología Entre el clavel y la rosa, en Austral), es una de las más vanguardistas, quizás junto a Lola Nieto y acaso Ruth Llana y Luna Miguel.

"Los jóvenes han descubierto que con cualquier cosa se puede hacer poesía, pero no es poesía cualquier cosa; no hay que confundirla con la muy abundante chatarra que nos invade"

Ya que hemos adelantado algunos nombres, demos la lista completa (es lo que espera el lector) de los 25 poetas elegidos por Cátedra (por orden de nacimiento): María Salgado, Ben Clark, Lola Nieto, Elena Medel, Javier Vicedo Alós, Bibiana Collado Cabrera, Martha Asunción Alonso, Unai Velasco, Ángelo Néstor, Ángela Segovia, Berta García Faet (todos ellos nacidos antes de 1990), Luna Miguel, Ruth Llana, Álvaro Guijarro, Cristian Piné, Gema Palacios, Xaime Martínez, Mayte Gómez Molina, Pablo Baleriola, Rodrigo García Marina, Andrea Abello, Juan Gallego Benot, Rosa Berbel, Laura Rodríguez Díaz y María de la Cruz. En esta selección se excluyó voluntariamente Juan F. Rivero, al estar ligado a la editorial.

Son muchos autores, pero en esta antología se citan otros 45 nombres que podían haber estado perfectamente, entre ellos Laura Casielles, la primera ganadora del Premio Nacional de Poesía Joven del Ministerio de Cultura, tan importante para impulsar a los nuevos poetas. Están seleccionadas, sin embargo (en Vandalia), las dos últimas premiadas: Lola Tórtola y Elisa Fernández Guzmán. En general, este galardón institucional ha sido un fructuoso vivero para los antólogos.

A esta mitad de la crónica, que cuartea las dos antologías, vayamos al segundo de los tres poemas (de los 416) en los que coinciden ambos libros. Es de Laura Rodríguez Díaz (Sevilla, 1998), y se titula  ’XIV’, del poemario San Lázaro (2021):

hay en mi cuerpo un blanco

cuántos se congregan en él

y planean quién soy

es mi cuerpo un  blanco

purísimo llaga brillante

extendida desde la frente

al suelo

innumerables tirotean a la sien

un no sé qué

me desahogo

en tripas

este cuerpo solo este cuerpo

rompiéndose

soy yo

La antología de Vandalia (de la Fundación José Manuel Lara), El tiempo está cambiando (siempre cambia para permanecer inalterable), es más subjetiva y lleva un prólogo breve de su autor, Jaime Marqués, quien señala que es su primera y última antología (a diferencia de Raúl Molina Gil y Álvaro Lopez Fernández, obstinados y reincidentes estudiosos del asunto, con abundantes trabajos sobre el tema). Es un texto tranquilo que habla sobre lo que es la poesía, sobre lo que es (y no es) la antología, y comenta muy breve a cada uno de los poetas aludidos: de Manuel Mata, dice, por ejemplo, que “es el poeta español joven que mejor ha entendido lo que es el siglo XXI”; de Juan F. Rivero (el editor que se excluyó de la antología de Cátedra), “admiro a los poetas que se la juegan en cada página y saben salir triunfantes”.

También habla de lo que huye su antología: de la poesía pesada, de la que está llena de metáforas, de las de versos perfectos que te aburres en el tercero, de los poetas engolados, de la poesía caudalosa en palabras y hueca en emoción o información… Nos advierte que los jóvenes han descubierto que con cualquier cosa se puede hacer poesía, pero no es poesía cualquier cosa; no hay que confundirla con la muy abundante chatarra que nos invade. Finalmente: “La lección de los clásicos es que no hay que imitarlos en las formas sino en la intención”.

"Llama la atención que tres de las poetas de mayor éxito en venta y seguidores no figuren en ninguna de esas dos antologías, a pesar de haber nacido en el epicentro de las fechas señaladas"

Vayamos, por fin, a sus 27 seleccionados, pero antes me permito un paréntesis, que se podría considerar venial si no fuese sintomático: me conmueve la pusilanimidad de ciertos profesores y escritores, que debiendo conocer y seguir a la Real Academia de la Lengua, se dejan arrastrar por la ligereza política o el feminismo más superficial para agobiar (como es el caso) con “autores y autoras” o “muchos y muchas”. Apostaría a que en las presentaciones públicas dicen “todos y todas”.

No quisimos contar el número de hombres y mujeres seleccionados, porque nos parece un debate ya desfasado; sin embargo, no he querido saber pero he sabido, y caímos, por lo tanto, en la fácil tentación aritmética. Tal como se preveía, hay un ligero dominio femenino (29 a 23, o 26 a 23 si descontamos los nombres que se repiten). En cuanto a la procedencia, y tal como dicen las dos cruces del bolero con aspecto de copla: “Sevilla tuvo que ser…”. Nada nuevo bajo el sol, como bien saben Bécquer, Manuel y Antonio Machado, Vicente Aleixandre o Luis Cernuda.

He aquí los veintisiete poetas de Vandalia (en orden cronológico): María Martínez Bautista, Juan F. Rivero, Manuel Mata, Cristóbal Domínguez Durán, Claudia González Caparrós, Félix Moyano, Luis Bravo, Candela de las Heras, Adrián Fauro, Juan Ángel Asensio, Carlos Catena Cózar, Laura Ramos, Carmen Botger, Laura Montes Romera, Javier Fajarnés Duran, Óscar Díaz, Lola Tórtola, Rosa Berbel, Guillermo Marco Remón, Juan Gallego Benot, Rocía Acebal Doval, Laura Rodríguez Díaz, María Sánchez Saorín, Juan de Salas, María de la Cruz, Aitana Monzón y Elisa Fernández Guzmán.

"Marqués celebra que no se haya sucumbido a esos cantos de sirenas y afirma que no hay ninguna duda de que la poesía real, incisiva o autoexigente tiene futuro"

Llama la atención que tres de las poetas de mayor éxito en venta y seguidores no figuren en ninguna de esas dos antologías, a pesar de haber nacido en el epicentro de las fechas señaladas. Nos referimos a Sara Búho (1991), Loreto Sesma (1996) y, muy especialmente, a Elvira Sastre (1992), todo un fenómeno en América, cuyos libros los publica, además, la casi institucional Visor. Acaso se deba a que ambos antólogos han juzgado que su producción se engloba dentro de lo que Jaime Marqués denomina la “parapoesía” (digamos, el sucedáneo), un fenómeno poético de masas que inició la editorial Frida, e inmediatamente copiaron Espasa y Aguilar y que, a pesar de las ventas y la golosa tentación, es otro camino por el que no se han dejado arrastrar una mayoría. Marqués celebra que no se haya sucumbido a esos cantos de sirenas y afirma que “no hay ninguna duda de que la poesía real, incisiva o autoexigente tiene futuro”.

Un futuro como el de este tercer nombre que se repite en las dos antologías, Rosa Berbel, quien sólo ha publicado dos libros, pero el segundo en Tusquets. De ella transcribimos, como cierre, el tercer poema en común de los 416 que reúnen las dos valiosas (y complementarias) antologías, como ya adelantamos. Se titula ‘El final de los ritos’, de su libro Los planetas fantasma (2022).

Estamos en la calle y es de noche.

Me acompañas a casa por un sendero viejo,

lleno de oscuridad y de maleza.

Bordeamos las palabras igual que bordeamos

el final de la noche.

Lo hemos pasado bien, ha sido divertido,

y ahora estamos confusos en la selva

de los significados.

Ignoramos aún lo que seremos,

la posición exacta del idioma.

Pero la noche es más y más oscura

y el camino a la casa va alejándose de ella.

En medio de la noche, en la selva brillante

donde florecen nombres y palabras

y objetos puntiagudos,

el reconocimiento es imposible.

Nos tocamos con rabia nuestros  cuerpos,

queriendo dilatar ese entusiasmo torpe

de no poder poner límite al mundo.

Creemos tener más tiempo que el resto de la gente.

Pero cuando alcanzamos el final de la noche,

cuando al fin conquistamos las palabras

y el mundo es claro y bello y generoso,

la ciudad se derrumba y el sendero

nos pone justo enfrente del lenguaje,

delante de su abismo.

Hemos llegado tarde. La casa está en ruinas.

Y el universo entra por el hueco

en el que antes había una ventana.

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