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Los 8 errores de la temporada 8 de Juego de tronos

Los 8 errores de la temporada 8 de Juego de tronos

Se acabó. Terminó. Demasiadas alforjas para tan poco viaje. Durante los últimos siete días me temía un final tipo Perdidos o aún peor: como el de Los Soprano —el suyo fue uno de los peores de la historia de las series, aunque muchos no lo quieran reconocer—. También vislumbraba la posibilidad de un «serranazo«; que todo hubiese sido un sueño de Bran justo antes de que Jaime le tirase torre abajo por haberle visto retozar con su «hermanísima» Cersei.

El final, el que debía haber sido el gran desenlace, ha discurrido en la línea de esta octava temporada: justita, sosa, incoherente, hecha para salir del paso —como cuando dabas por terminado el trabajo más importante del curso en dos folios, cuando sabías que te quedaban todavía 30 por redactar pero ya no te quedaban ganas de escribir—, más pendiente de servir de introducción a las posibles precuelas y secuelas futuras que de acabar de forma honesta estos 8 años.

"Si esta temporada 8 ha sido injusta con muchos personajes —¿era necesario matar a tantos?— con Daenerys ha sido especialmente cruel"

¿Que si hay spoilers en este artículo? ¿Y tú que piensas, corazón? Aquí lo cuento todo, con amargura, pesar y toda la mala leche que pueda caber en el alma de un seguidor de GOT que durante 8 años creyó que esta ficción tenía sentido y no era un despropósito como bien argumentaba Agustín Fernández Mallo.

A continuación voy a hablar de los 8 errores —en realidad han sido muchos más— de la temporada 8 de Juego de tronos, que han hecho de ella la peor de la serie. Y no, aquí no está incluido el fallo del famoso vaso de Starbucks.

1 Daenerys se vuelve loca del coño

Lo de «Dany» todavía no lo he llegado a asimilar. Su personaje siempre ha tenido un punto fronterizo. Su ansia de justicia podía llevarla en cualquier momento a ejercer una «dictadura bolivariana». Pero de ahí a esa matanza final, a ese discurso ante los inmaculados y los dothraki, puesta hasta las cejas de speed y megalomanía, había mucho camino por recorrer. Ese cambio en el personaje en apenas unos minutos ha sido ridículo y desconcertante. Convertirla en defensora de la «solución final» para los habitantes de Desembarco no avala su muerte.

Si esta temporada 8 ha sido injusta con muchos personajes —¿era necesario matar a tantos?— con Daenerys ha sido especialmente cruel. Ella fue el emblema de una lucha, la de los pobres y esclavos contra sus señores, y también la gran reivindicación del girl power. Su final parece escrito por el Tea Party.

2 El montaje, WTF?

¿Pero quién se ha encargado del montaje en esta octava temporada? Por favor, que no lo ponga en su CV. Si el guion estaba ya de por sí lleno de incongruencias, el montaje ha agigantado esa narración inconexa que lo mismo presentaba a Desembarco con un ejército enorme e indestructible como en la siguiente escena parecía que era la banda de Pancho Villa en retirada.

3 Hacernos ver a oscuras la gran batalla final

Que nos devuelvan el dinero. Nos han engañado. El que tenía que haber sido el mejor capítulo de las 8 temporadas fue un timo mayúsculo. Como un idiota estuve subiendo brillo, cambiando de portátil, probando con el HDMI, pero no era un problema mío: ¡el capítulo 3 era la oscuridad absoluta! Dicen que el problema podía ser de los servidores de HBO en España. Ni lo sé ni me importa. Mi única certeza es que estuve más de una hora intentando adivinar quiénes eran los dueños de esas sombras que se movían por la pantalla de mi ordenador. Menos mal que Melisandre encendió las hogueras: a los que defendían el muro les salvó de los caminantes blancos y a nosotros de una revisión en profundidad en el oculista.

4 Jugando al quinito

"Bran se convirtió en el Zapatero de los Siete Reinos. Ni estaba ni le esperaban, pero se quedó con el premio gordo"

Esta temporada final está llena de momentos estúpidos, pero uno de los que se lleva la palma es en el que Brienne, Jaime y Tyrion se ponen a jugar al «quinito». Como si fueran unos adolescentes, beben y el que pierde tiene que decir una «verdad». Todo para llevar a la cama a los dos primeros…

5 El muro que encogió

¿Es sola cosa mía o en realidad «el muro» medía más al principio de la serie? Te juro que era alto muy alto hasta esta octava temporada, en la que menguó. De repente pasó de ser «EL MURO», así con mayúsculas, a parecer el del fuerte de Playmobil.

6 Bran, el Zapatero de los Siete Reinos

Imaginad a Zidane y a Florentino decidiendo quién debe ser el jugador que guíe al Real Madrid a nuevos éxitos en las próximas temporadas, y que ambos, felices y convencidos, eligen a Lucas Vázquez para lograrlo. Eso es lo que ha ocurrido en el último capítulo. Bran se convirtió en el Zapatero de los Siete reinos. Ni estaba ni le esperaban, pero se quedó con el premio gordo. Y lo consiguió durante otra de las escenas más ridículas de toda la serie, que tuvo hasta un gag «podemita» cuando Samwell Tarly pide que el nuevo rey sea elegido democráticamente.

7 El eterno adagio

"El destino de Jon Snow, coronado como rey de los salvajes, es lo único que salvo de esos minutos finales"

La música siempre ha sido importante en Juego de tronos. Incluso en esta decepcionante octava temporada hemos tenido la suerte de escuchar la hermosa voz de Florence Welch. Pero ese adagio perpetuo que ha acompañado las escenas más dramáticas me ha resultado más empalagoso que escuchar toda la discografía de Andy y Lucas del tirón.

8 ¿Para qué 8 temporadas si se podía haber resuelto en un cuarto de hora?

Si con un dragón te puedes cargar todo Desembarco, ¿para qué necesitas un ejército? Nos han sobrado 5 temporadas. Al final del cuarto capítulo, Cersei tenía unas tropas imbatibles, en apenas unos minutillos se cargó un dragón y a punto estuvo de hacerlo con el otro. Había detrás de ella más soldados que en la Batalla del Somme. Y, sin embargo, en el principio del quinto capítulo, lo único que hay son civiles que mueren abrasados y las huestes de los Lannister quedan reducidas a la mínima expresión. Mientras, en el lado contrario sus rivales han multiplicado su número como si fueran unos gremlins a los que les hubiera caído encima un aguacero tropical.

Decepción. Mucha. No podré olvidar los buenos momentos pasados, pero me costará volver a soñar con Emilia Clark diciendo «Dracarys«. Los seguidores de Juego de tronos no nos merecíamos esta última temporada de mierda. Por lo menos el final sí que rindió justicia a uno de sus grandes protagonistas. El destino de Jon Snow, coronado como rey de los salvajes, es lo único que salvo de esos minutos finales que nos hicieron preguntarnos cómo habíamos sido tan tontos para tragarnos 71 episodios de la serie.

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