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Los faros del arte

Recordarás que en medio del jardín
había un imponente faro.

Robin Sharma

Hace unos días, soñé que la ciudad se había convertido en un caos. Llovía fuego y la gente corría de un lugar a otro para protegerse. El sol resplandecía más nítido que nunca, pero era abrasador y asfixiante. Me desperté sobresaltada, pero al cabo de un momento, volví a dormir. En la segunda parte, la oscuridad absoluta se había enseñoreado del planeta, porque el sol había decidido entrar en huelga y se había ocultado en un túnel cubierto por un inmenso muro de cemento. Después de aquel sueño turbador apareció en mi camino La ciudad de las luces muertas, de David Uclés. Comencé a leerlo de inmediato y comprobé que allí estaba la explicación de aquellas imágenes de mis sueños que, sumadas al calor sofocante del verano, le daban más realismo y casi me situaban en el mismo lugar de los hechos.

En esta novela, el autor deconstruye la realidad y reconstruye un relato onírico y luminoso para resucitar a personajes lumbreras que, coincidieron, en algún momento de la historia de Barcelona, pasada, presente o futura. Gracias al torrente de imaginación, los faros del mundo cultural retornan a la vida: artistas, escritores, cantantes, músicos, pintores, arquitectos, periodistas, fotógrafos, etc. Carmen Laforet, personaje principal de la novela coral, encabeza el elenco de mujeres escritoras rescatadas del olvido. Ella sigue la ruta aparente que le traza el destino, duerme, sueña y pide un deseo que será el detonante del caos. El libro logra reivindicar su voz y encender la luz apagada de su figura como escritora.

"Un libro que parece apocalíptico, pero no lo es. Todo lo contrario, enciende las farolas de algunos acontecimientos significativos de una ciudad que albergó a tantas luminarias, en sus variados períodos"

En la arquitectura literaria de la novela, Gaudí resucita como un faro histórico, arquitectónico, religioso y artístico, ahora que ha culminado la construcción de la torre más alta de la Sagrada Familia. El arquitecto llora de alegría al ver su obra maestra terminada. Dalí explica el fenómeno y en penumbra de todas las Barcelonas, superpuestas como un castillo de naipes de colores. Picasso logra el éxito porque decide pintar con tonos marinos. Los caminos de los poetas se entrecruzan: Rubén Darío, cose “el mundo con su poesía simbolista, para huir de los pensamientos de muerte “que lo consternaban a menudo”. Antonio Machado mete los pies hinchados en el mar y se cruza con “la otra mitad del exilio”. Gil de Biedma logra que “todos los magnolios de Barcelona tiñan de blanco la ciudad”. Carlos Barral y Carmen Balcells descubren el sendero enigmático del laberinto que conduce a la luz y renacen los escritores representativos del boom latinoamericano: Cortázar, Carlos Fuentes, Vargas Llosa y García Márquez, el mago, quien se marcha de Barcelona, en un enorme barco que deja un reguero de luz dorada en las aguas.

Un libro que parece apocalíptico, pero no lo es. Todo lo contrario, enciende las farolas de algunos acontecimientos significativos de una ciudad que albergó a tantas luminarias, en sus variados períodos. Aquellas mentes brillantes del pasado recreados en un escenario singular, con vericuetos laberínticos de luces y sombras. Un tejido narrativo de arquetípicos personajes rescatados, en algún tiempo y espacio fugaz del ser humano, frente a la perdurabilidad del arte y la naturaleza. Con esta novela, como un faro, Uclés vuelve a iluminar las esquinas de la literatura, después de preguntarse, como Carmen Laforet, ¿cómo pudo alguna vez no inspirarme toda esta claridad?

En sí, los libros, como los faros, nos salvan de la oscuridad de la rutina y nos liberan de la luz cegadora de las pantallas. Lo mismo que los faros, son testigos de miles de historias que pasan por el infinito mar de publicaciones. Cada libro llega a buen puerto o queda sumergido en las profundidades de los anaqueles. En verano, igual que los barcos, las novelas van y vienen por las ciudades, llegan a las librerías y terminan en las manos de cada lector. Entonces, las historias se desnudan, se zambullen en el mar, se exponen a los placeres del agua, se mezclan con la espuma de las olas, se secan al sol, se revisten de arenilla fina, de bronceadores, se solean, se esparcen con el viento.

"Los lectores, en cambio, nos dejamos llevar por el movimiento de las olas narradoras, soltamos las amarras de los pensamientos y percibimos el goce de los sentidos"

Como la proa del barco, el libro exhibe sus riquezas, posesiones y fortalezas en el escaparate del argumento, aunque no todo es estructura exterior. Mientras que los escritores, como los nadadores, tienen distintas características: los que escriben con desesperación y rapidez. Cada braceada es un golpe de creatividad y genera olas de crítica en las redes sociales. Aunque no se sumergen en las profundidades de la historia y permanecen en la superficie, causan remolinos en las aguas literarias. Mientras otros, lentos, silenciosos y retirados, no levantan olas, ni remueven el agua. Su nado es acompasado y sereno, al ritmo de una presencia constante. No buscan miradas, ni competidores, más bien, se alejan para escribir en soledad y silencio. Dos extremos que se entrecruzan, pero no se juntan, no permanecen en el mismo espacio ni tiempo, similar al castillo de naipes superpuestos. Ambos tipos de escritor llegan al puerto de lectores, gracias al faro que cada libro enciende. Los lectores, en cambio, nos dejamos llevar por el movimiento de las olas narradoras, soltamos las amarras de los pensamientos y percibimos el goce de los sentidos. En sí, al leer tiramos por la borda el sobrepeso de la vida y nos dejamos iluminar por la luz solar del relato.

En sí, cada libro contiene las metáforas de todas las vidas. Iluminan caminos conocidos o desconocidos, cercanos o lejanos, encienden pasiones, gravitan en nuestra mente y nos zambullen en las aguas profundas de la realidad o la ficción. Así como los tipos de faros, los buenos libros también pueden elevarnos a las alturas de la imaginación, como sucede con el nuevo realismo mágico del libro de Uclés.

Nuestras vidas, como las luces se apagarán en algún momento del camino, como una linterna sin pilas, un faro sin electricidad o un móvil sin batería. Sin embargo, el arte, como la materia, no se destruye, solo se transforma. Muchos libros trascienden y brillan por aquellas luces que dejaron de existir.

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