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Los orígenes de una «Pasión»

Los orígenes de una «Pasión»

A diferencia de lo que me ha ocurrido con otras de mis novelas, en las que empecé a escribir sin saber muy bien hacia dónde iba, la idea de Una pasión escrita apareció ante mis ojos con claridad diáfana al leer un estudio sobre las enormes dificultades que padecieron las mujeres literatas y periodistas para ejercer su vocación durante la Restauración española. De muchas de ellas no había oído hablar nunca antes: Concepción Gimeno, Matilde Cherner, Faustina Sáez, Josefa Puyol, y otras que sí, me sonaban de algo, pero poco, para qué nos vamos a engañar. ¿Quiénes eran? ¿Qué hacían? ¿Por qué no aparecen en ningún sitio? Y supongo que, al igual que les ocurre a otros escritores, no hay nada que espolee más mi imaginación y mis ganas de escribir que la curiosidad por saber, por entender. Sobre todo si son temas que me tocan la fibra, como era ese.

Al profundizar un poco más en ese terreno movedizo y minado que eran los círculos intelectuales del momento para las mujeres con inquietudes literarias, desemboqué en otro de mis temas preferidos: el mundo de la prensa. A medida que me zambullía en estudios y lecturas, la historia que deseaba contar desbordaba el mundo de las mujeres y se expandía a sus anchas por toda la sociedad madrileña porque, de una forma u otra, los protagonistas de la actividad política, social, económica y cultural de la época confluían en el sinfín de periódicos y revistas que se publicaban en aquel Madrid tertuliano, bullicioso y canalla. Y lo mejor de todo es que me apasionaba sumergirme en el retrato de esa sociedad de finales del XIX por cuanto tiene de reveladora, contradictoria, conflictiva y desconocida; un pasado muy reconocible en la sociedad que somos en el presente.

"Tenía claro el escenario: Madrid en aquellos primeros años de la Restauración"

Así pues, tenía una historia que me entusiasmaba contar. Tenía claro el escenario: Madrid en aquellos primeros años de la Restauración, cuando parece que el país comienza a respirar con cierto optimismo después de una década convulsa. Y tenía claros los personajes principales: Victoria Velarde, la joven e inconformista amiga de Micaela que aparecía en el primer capítulo de mi anterior novela, Un destino propio, reclamando para sí el derecho de las mujeres a trabajar en profesiones consideradas de hombres, como el periodismo; y Diego Lebrija, un joven que desea trabajar de redactor en alguno de los diarios de Madrid y cuya familia regenta una pequeña imprenta en el popular barrio de Lavapiés.

Y entre tanta certeza, una preocupación: no deseaba escribir otra novela igual a la anterior. Obviamente, al tratarse de la misma época histórica con algunos personajes compartidos, era inevitable que tuviera puntos en común con Un destino propio, pero quería ir un poco más allá, deseaba que fuera distinta, que supusiera un reto para mí.

Con esto en mente, comencé a escribir. Era la primera vez que tenía una historia tan definida antes de empezar a escribir, y a priori, creí que resultaría más sencillo. Sin embargo, en cuanto los personajes principales comenzaron a situarse en sus respectivos entornos y desplegaron sus posibilidades, ese guion inicial parecía más un corsé que otra cosa: al mundo de la prensa se unió el de las imprentas y los tipógrafos, y con ellos el de los primeros movimientos obreros anarquistas y socialistas, que se movían en los barrios más populares y miserables de la ciudad; en las tertulias de cafés y salones se conversaba de literatura, de la situación en las calles, surgían los tejemanejes de políticos y empresarios, las corruptelas… Emergieron dos personajes inesperados con sus propias voces en la narración, y la novela volvió a ensancharse al igual que los barrios de Madrid se ensanchaban en aquel momento fuera de sus murallas.

"Mi obsesión fue seleccionar y dosificar bien la información histórica para entretejerla de una manera natural dentro de la ficción"

Antes de empezar, disponía de documentación de sobra para escribir la historia que tenía en mente. Cuando la narración comenzó a crecer, tuve que bucear en busca de información sobre cada uno de esos “jardines” en los que me metían los personajes. Lo hacía con entusiasmo: el proceso de documentación lo disfruto casi tanto como el de escritura, lo cual puede ser contraproducente porque, en ocasiones, ese entusiasmo por los acontecimientos o personajes históricos puede devorarte a ti, a tus personajes y a la historia hasta hacer que descarríe sin rumbo ni tensión. Por eso, con esta novela, mi obsesión fue seleccionar y dosificar bien la información histórica para entretejerla de una manera natural dentro de la ficción, de tal forma que no rompiera el ritmo del relato y aportara la parte verídica que busco como lectora.

Si lo he conseguido o no, deberéis juzgarlo vosotros, los lectores y lectoras.

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Autora: María Montesinos. Título: Una pasión escrita. Editorial: Ediciones B. Venta: Todostuslibros y Amazon.

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