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Los primeros pasos de las Madres: una criminología activa

Los primeros pasos de las Madres: una criminología activa

En 1981 Julio Cortázar señalaba que cuando se tomaba contacto con testimonios personales o con documentos sobre los desaparecidos en Argentina, la presencia de lo diabólico hacía irrupción. Para el escritor argentino “si toda muerte entraña una ausencia irrevocable ¿qué decir de esta ausencia que se sigue dando como presencia abstracta, como la obstinada negación de la ausencia final?”. Los dictadores en nuestro país —según Cortázar— habían creado el círculo que faltaba en el infierno dantesco.

Las Madres de la Plaza de Mayo, encabezadas por Elida Busi de Galetti, Marta Ocampo de Vázquez y Renée Epelbaum, llegaron al Coloquio de París sobre desaparición forzada de personas para denunciar la locura de la represión estatal. La aparición con vida de sus hijos hacía que la búsqueda deviniera perpetua e infatigable y había que visibilizar lo que ocurría con la dictadura argentina tanto adentro como afuera del país. Nuestros desaparecidos —decían las Madres desde Francia— eran seres fantasmales, desconocidos, que se debatían ente el ser y el no ser, y por ello, agregaban, jamás la interrogación de Hamlet había sido tan trágica.

"La difusión de los inéditos Archivos de las Madres de Plaza de Mayo, en el septuagésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, marca un acontecimiento de trascendencia mundial"

Todos quienes asistieron a ese Coloquio sabían de lo que hablaban, pues fue un encuentro de exiliados, familiares de detenidos desaparecidos, intelectuales comprometidos, madres que buscaban a sus hijos en nuestro país y en el continente.

En Argentina, como en otras partes del mundo, las publicaciones sobre los organismos de derechos humanos son numerosas, todas recorren con precisión el laberinto de las vidas de sus integrantes como el devenir de sus instituciones, la lucha contra la injusticia, el engranaje de construcción entre lo individual y lo colectivo.

La difusión de los inéditos Archivos de las Madres de Plaza de Mayo —y de algunos personales de sus integrantes— recién en 2018, en el septuagésimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, marca un acontecimiento de trascendencia mundial. Esto sólo puede ser equiparable a las publicaciones de testimonios escritos de sobrevivientes y de familiares de víctimas de violencia estatal, masacres o genocidios las que, durante el siglo XX, en todos los continentes, no fueron pocas pero permitieron conocer la verdad a través de la palabra.

"Inspirado en Brecht y con la sutileza que lo caracterizaba, el inolvidable Eduardo Galeano las llamó Madres Coraje"

Todos los documentos que atestiguan las acciones que realizaban estas mujeres durante 1977 debieron atravesar los avatares del papel y del tiempo como también sustraerse a la violencia de quienes no querían que estas hojas perdurasen. Es por ello que estos papeles amarillentos fueron enterrados, escondidos y ocultados e incluso algunos se perdieron.

El control social punitivo de un estado dictatorial abrazado a la doctrina seguridad nacional nunca quiso dejar huellas, mucho menos aquellas que representaban cabalmente la lucha abierta de sus protagonistas interpelando su accionar. No sin razón nos advierte Horacio González en el colofón de este libro que “el archivo de las Madres cuenta a contrapelo la historia del Estado Nacional”.

Ulises Gorini, curador y cuidador de la edición, no solo señala la importancia de proteger este acervo de las Madres de Plaza de Mayo como patrimonio histórico difundiendo el contenido de sus archivos, sino que sostiene con acierto que su publicación “apunta a que se conviertan en bienes comunes de los pueblos”.

Una de estas protagonistas, Hebe de Bonafini, afirma que estamos ante la presencia de un nuevo nacimiento: “Cada página escrita por las Madres contiene amor, angustias, esperanzas, utopía”.

Inspirado en Brecht y con la sutileza que lo caracterizaba, el inolvidable Eduardo Galeano las llamó Madres Coraje para desacreditar a quienes alguna vez llamaron “locas” a estas mujeres “paridas por sus hijos”.

"No podemos dejar de emocionarnos al ver estampadas las firmas de las primeras heroínas de estas Madres"

Lo cierto es que la dictadura —confiesa Bonafini— las había obligado a convertirse en otro servicio secreto de información: al principio sabían los relatos de memoria pero luego hubo que escribir la información, los nombres, las historias, que eran demasiadas porque en la memoria no se podía confiar.

El archivo de las Madres descubre finalmente el recorrido que tuvieron que realizar para hacer sentir sus voces ante un estado que las perseguía, maltrataba y encarcelaba: habeas corpus en favor de sus hijos, trámites ante la policía, averiguación de paradero ante el Ministerio del Interior, cartas a los dictadores y a la cúpula de la Iglesia, correspondencia a los periodistas y a los intelectuales, solicitadas en los diarios más importantes del país, comunicaciones con embajadores o secretarios de Estado extranjeros.

No podemos dejar de emocionarnos al ver estampadas las firmas de Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco, las primeras heroínas de estas Madres, a quienes el terrorismo de estado, en su faceta más vil y bestial, puso fin a sus vidas.  La ineluctable finitud que nos hace humanos hace que algunas de las Madres ya no estén más entre nosotros, pero valga el recuerdo de algunas de entre ellas para honrar su memoria: María Adela Gard de Antokoletz, Celia de Prósperi, Juana Meller de Pargament, Carmen Aguiar de Lapacó,  Mina Feuer de Binstock, para citar algunos nombres que fueron otros treinta mil.

"Estos archivos que se publican pasan a ser ahora los documentos de la memoria"

Difícilmente podamos olvidar la sensibilidad del obispo de Neuquén Jaime De Nevares quien les hizo llegar a las Madres un mensaje en el que comprendía el drama de angustiosa incertidumbre que vivían y el ferviente anhelo que terminase esta situación con el feliz reencuentro con sus seres queridos. Del mismo modo, las palabras del obispo brasileño Helder Cámara que señalaba que las Madres habían despertado la atención del mundo entero sobre la ignominia de negarles la triste y conmovedora alegría de acunar, una última vez, el cuerpo amado, formado en el seno materno.

Su Santidad, el Papa Francisco, no hace mucho, expresó que a una madre que ha sufrido lo que han sufrido las Madres de Plaza de Mayo se le permite todo: “Pueden decir lo que quieran, porque es imposible entender el dolor de una madre”.

Estos archivos que se publican pasan a ser ahora los documentos de la memoria. A las Madres les decimos —citando al Santo Padre— que sigan haciendo lío porque nos hace muy bien.

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Título: Madres de Plaza de Mayo, Documentos (1977), Los primeros pasos, Tomo I. Editor: Ulises Gorini. Editorial: Undav Ediciones, Universidad Nacional de Avellaneda-Asociación Latinoamericana de Derecho Penal y Criminología, Buenos Aires.

Autores del artículo:

Raúl Zaffaroni. Profesor Emérito de la Universidad de Buenos Aires. Secretario Ejecutivo de la Asociación Latinomericana de Derecho Penal y Criminología (Alpec).

Rodrigo Codino. Docente de la Universidad Nacional de Avellaneda. Miembro de Alpec-Grupo Argentino.

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