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Los últimos días de Immanuel Kant, de Thomas de Quincey

Los últimos días de Immanuel Kant, de Thomas de Quincey

Los últimos días de Immanuel Kant (editorial Firmamento) sigue siendo uno de los textos más singulares y elaborados de Thomas de Quincey (Manchester, Reino Unido, 1785-Edimburgo, 1859). Siguiendo meticulosamente el flujo de los acontecimientos, De Quincey nos da cuenta en sus páginas de las preocupaciones que invaden ahora a ese pobre espíritu en otro tiempo brillante. Atrapado por su vejez y por sus problemas de salud, el filósofo aparece retratado como un hombre agotado y enfermo.

Zenda publica el prólogo escrito por Marcel Schwob.

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PREFACIO

¿Fue el «justo, sutil y poderoso opio» lo que a menudo condujo a Thomas de Quincey hacia el más amargo de los placeres, a saber, la depreciación del ideal? ¿O se trataba acaso del tenebroso tentáculo de vanidad que nos hace ambicionar las bajezas humanas de nuestros héroes? Quién sabe. Las obras de De Quincey se nos antojan impregnadas de esta pasión. A nadie amó más que a Coleridge, su poeta predilecto, cuyas manías reveló no obstante con voluptuosidad. Adoró a Wordsworth, y pese a todo en tres páginas de éxtasis nos mostró a aquel gran hombre cortando un hermoso libro —que no le pertenecía— con un cuchillo manchado de mantequilla. Pero, de entre todos los héroes de Thomas de Quincey, Kant fue sin duda el primero.

He ahí pues el sentido del relato que sigue. De Quincey considera que la inteligencia humana nunca se elevó hasta el punto que alcanzó en Immanuel Kant. Y, sin embargo, ni aun en tales cotas la inteligencia se revela divina. No sólo es mortal, sino que, cosa horrible, puede declinar, envejecer y deslucirse. Y puede que De Quincey sintiese aún más afecto por este fulgor supremo al verlo vacilar. No en vano, sigue sus palpitaciones. Anota la hora en que Kant deja de poder crear ideas generales y ordena falsamente los hechos de la naturaleza. Consigna el minuto en que su memoria empieza a desvanecerse. Inscribe el segundo en que su capacidad de reconocer a los demás se extingue sin remedio. Y paralelamente ilustra las escenas sucesivas de su decadencia física, hasta la agonía, hasta los sobresaltos de sus estertores, hasta la última chispa de conciencia, hasta la exhalación final.

Este diario de los últimos momentos del filósofo está compuesto por los detalles que De Quincey extrajo de las memorias de Wasianski, de Borowski y de Jachmann publicadas en Königsberg en 1804, año de la muerte de Kant, aunque el autor inglés empleó asimismo otras fuentes bastardas. Todo ello aparece ficticiamente agrupado en un solo relato atribuido a Wasianski. En realidad su autoría es, línea a línea, obra de De Quincey, quien, con un artificio admirable consagrado por Defoe en su inmortal Diario del año de la peste, se revela él también como un «falsificador de la naturaleza», rubricando su invención con el sello engañoso de lo real.

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Autor: Thomas de Quincey. Traductora: Julia García Olmedo. Título: Los últimos días de Immanuel KantEditorial: Firmamento. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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