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Making of de ‘Gente que ríe’

Making of de ‘Gente que ríe’

El otro día fui a la peluquería y me cortó el pelo el mismo muchacho que lo hizo hace unos meses. Se acordaba de mí o fingió acordarse de mí y comenzamos a charlar. Yo no tenía ninguna intención de ponerme verborreica, pero al final ocurrió. Entre otras cosas, le conté que recientemente había dejado mi trabajo y publicado un libro. Me felicitó por ambas cosas y me preguntó de qué se trataba lo que había escrito. Le respondí que, en realidad, no lo sabía muy bien. Son unos cuentos que podría decirse que componen una especie de novela, pero que también pueden leerse de manera independiente, le dije. Pero, ¿cuentos para niños?, me preguntó. Y yo le dije que no, que no, que creía que para niños no. Entonces me preguntó cuánto tiempo me había costado escribirlo. Nuevamente, le respondí que no estaba segura, que era difícil de explicar. Él, muy amablemente, decidió cambiar de tema y seguir masajeándome la cabeza.

Y lo cierto es que no sé cuál considerar que es el origen de este libro, ni tengo claro su hilo argumental. He escrito relatos cortos desde que era adolescente y es una forma literaria que me hace sentir muy cómoda. Por qué seguir con la búsqueda agotadora, por ejemplo, que es uno de los que componen Gente que ríe, lo escribí en 2017, en una época en la que vivía en Granada, llevaba una cresta amarilla, cejas rapadas, varios piercings y veía mucho First Dates. Pasaron los años y escribí otros. En 2020 leí bastante ciencia ficción e hice el intento de escribir en ese género. Me salió así R.A.L.A., que recibió unas ayudas a la creación por parte del Gobierno de Navarra. Entonces, por primera vez, animada quizá por esa mirada externa, me planteé hacer algo con las cosas que tenía escritas. Deseché muchísimo, menos mal, y me quedé con cuatro cuentos en los que reconocí un personaje que se repetía constantemente. En algunos era más vieja, en otros niña, en otros joven. Pero los rasgos de personalidad eran los mismos. Se me ocurrió la idea de juntarlos y escribir otros que fueran arrojando luz sobre ella.

Coincidió que empecé a leer a muchas americanas que no conocía, señoras de vuelta de todo que me fascinaron, como Bonnie Jo Campbell, Lydia Davis, Amy Hempel, Lorrie Moore, etc. Me hicieron darme cuenta, o recordar, que podía hacer lo que me diese la gana. Es decir, que si me apetecía escribir en forma de manual de instrucciones, o con imperativos, o construyendo un diálogo entre dos frigoríficos parlantes, podía hacerlo. Y una vez que descubres esto es un alivio, porque pienso que lo que nos ocurre a muchas es que nos bloqueamos pensando que debemos seguir unas reglas que, en el fondo, ni siquiera existen. O sea, que si un texto funciona, en el sentido más estricto de la palabra, suficiente. Y, sobre todo, si te lo pasas bien, si disfrutas, pues ya está.

En resumen, creo que Gente que ríe es un experimento, soy yo buscando mi voz y mi tono. Hablando, también, de los temas que me apasionan. El año pasado mi amiga Belén entró emocionada en mi habitación y me dijo: Laura, tenemos que apuntarnos a un seminario de filosofía de Ivan de los Ríos que te va a encantar, se llama El placer, el dolor y la muerte. Yo me reí y le dije: ¡sí, sí, vamos! Así que de eso va el libro, de algunas de esas cosas. Hace unos días Pilar me dijo: ¡esto es un canto a la amistad! y yo: ¡sí, oh, sí!, y no sé quién dijo: ¡todo gira en torno a la soledad! y yo: ¡¡sí!!

En conclusión, como no tengo muy claro cuáles son los temas, ni el origen, ni el género, que otras lo decidan por mí.

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Autora: Laura Chivite. Título: Gente que ríe. Editorial: Caballo de Troya. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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