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Orgullo por sus raíces

«Era una tierra vieja. Desde luego que lo era. Había sido roturada ya antes. Había sido hendida por el arado, descuajados los chaparros, desbrozado el arbusto, tirado el surco, sembrado el trigo y plantada la vid y la higuera. Pero luego, una y otra vez, había llegado el hacha y el fuego. Había sido talada, arrancada la cepa de raíz y socarrada. Baldía de nuevo y vuelta a ser cultivada después para volver a ser arrasada hasta la entraña. Pero, aun así, algo había quedado en ella que siempre pugnaba por rebrotar. Y los hermanos lo habían sabido hallar y ayudado a renacer”.

Puede que este párrafo contenga la esencia del libro Tierra Vieja, del escritor y periodista Antonio Pérez Henares (Bujalaro, 1953). Libro cuajado de la mejor prosa, que vuelve la vista a su tierra, como los grandes de la Generación del 98, de la que se siente orgulloso y lleno del amor que le han trasmitido sus antepasados y los que les precedieron durante casi diez siglos. Su prosa emana un amor sin límites por esa tierra, que son sus orígenes y que su limpia mirada contempla, ¡tan suya!

Tierra Vieja es una novela histórica protagonizada por la gente del pueblo, sencilla, trabajadora y sacrificada que pese a las derrotas por las guerras, los infortunios y la propia naturaleza, supieron levantarse una y mil veces y seguir sin desmayo hacia delante. Es un libro que contiene toda la emoción de la vida, con las alegrías y las penas de cada uno de los protagonistas, y que encierra un tratado de etnografía de la Extremadura castellana, en donde Pérez Henares va desgranando una historia que ocurre en el siglo XII de dos hermanos que en su huida encuentran un pueblo deshabitado y deciden establecerse en él. A partir de este momento el autor describe la repoblación de las tierras recuperadas durante la Reconquista.

"El objetivo de estos colonos era, dependiendo de la estación, labrar la tierra para vivir y combatir por mantenerla y ensancharla, aunque lo importante, como hombres del campo que eran, era vivir en paz"

En los primeros siglos del segundo milenio, con el avance de la frontera cristiana hacia el sur, había grandes extensiones de terreno deshabitadas que era preciso repoblar. El joven rey Alfonso, siguiendo las enseñanzas de sus antepasados, se propuso repoblar las tierras vacías en donde no solo los nativos de los reinos de la Cruz eran bien hallados, sino también judíos y moros eran bienvenidos siempre que pagasen los impuestos y respetasen las leyes. El objetivo era desbordar de población toda la Extremadura castellana hasta llegar al Tajo y continuar luego hasta el Guadiana. Para conseguir su objetivo, y una vez que hubo colonos para facilitar los asentamientos, los sucesivos reyes dotaron a las poblaciones de fueros: cartas reales que fijaban lindes, derechos, normas y deberes, acogiendo a todos los vecinos, amparándolos y otorgando similares privilegios a los concedidos a otros pueblos. Tal era la necesidad de residentes que habitasen la Extremadura que en el fuero de Atienza se recoge de manera expresa: “Los nuevos vecinos pueden traerse a su mujer, aunque sea robada”.

Estos pobladores se convirtieron en agricultores-guerreros, ya que “trabajaban con una mano en la estiba del arado y con la otra en la empuñadura de la lanza”. El objetivo de estos colonos era, dependiendo de la estación, labrar la tierra para vivir y combatir por mantenerla y ensancharla, aunque lo importante, como hombres del campo que eran, era vivir en paz.

Con el retroceso musulmán la frontera se alejaba y las gentes acudían cada vez en mayor número a la llamada de unas tierras fértiles con abundante agua en las que poder establecerse como propietarios y hombres libres. Libertad y Propiedad, escritas con letras mayúsculas, eran los pilares fundamentales de estos hombres que se arriesgaban a repoblar y vivir en la frontera.

"La frontera se convirtió en tierra de oportunidades y perdones, no importaba el pasado, solo el presente y el futuro"

Antonio Pérez Henares cuenta que a medida que se repueblan las aldeas se van dotando de autoridades que apliquen los fueros con el fin de asentar y fijar a los repobladores. Tras los ganaderos y agricultores, empiezan a llegar a las aldeas otros habitantes con oficios manuales y artesanales dispuestos a fabricar, comerciar y trocar en los mercados. Cuando las necesidades del cuerpo estuvieron cubiertas pensaron en cubrir las del alma. Los habitantes de los pueblos decidieron traer un cura y construir una iglesia, y más adelante llegarían los conventos y monasterios. La frontera se convirtió en tierra de oportunidades y perdones, no importaba el pasado, solo el presente y el futuro.

A lo largo de la novela, Antonio Pérez Henares realiza dos tratados. Un tratado de etnografía relatando los continuos trabajos de la agricultura, ganadería, labores regidas por el paso de las estaciones y el tiempo de los ciclos de cultivo, además de mostrar la épica de la vida en la frontera, que solo tiene como objetivo sobrevivir y conseguir ser dueños de la tierra. El otro tratado es de historia, con un recopilatorio de los hechos más destacados en casi dos siglos y en donde se reparten fracasos y éxitos, ya que la Reconquista fue un continuo batallar que consiguió que, a base de muchas victorias y derrotas, poco a poco, que la Frontera se fuese alejando de los núcleos repoblados.

"Son las gentes del campo quienes cuentan de una manera distinta los diversos hechos acaecidos"

Merece especial mención la descripción de la derrota de las huestes cristianas del rey Alfonso en Alarcos; derrota que fue una lección muy dura, no obstante, permitió que cuando se presentase, años más tarde, la batalla de las Navas de Tolosa llegase con la lección aprendida. En las Navas de Tolosa, a los cristianos no les quedaba más remedio que vencer o sería el fin de sus reinos. Tanto los tres reyes, como los condes, los obispos, los caballeros, las órdenes militares, los concejos, los villanos, los peones, si eran derrotados allí no tendrían escapatoria y para todos la más terrible de las suertes estaría echada. ¡No había otra opción que la victoria o la muerte!

Los protagonistas del libro son hombres sencillos, da lo mismo que sean judíos, cristianos o moros, puesto que cobran más importancia los desconocidos y anónimos que los grandes protagonistas de la Historia. Son las gentes del campo quienes cuentan de una manera distinta los diversos hechos acaecidos. La historia que se narra es un homenaje a gentes sencillas como el Sastre, el Panta, el Casculi, el Úbeda, el Cesáreo, el Valentín, el Maula, el Antonio, el Julián, la Garza, el Hijo de los Calatravos, etc. Gente que no quería ser más que nadie, pero que se preocuparon de gritar a los cuatro vientos que tampoco iban a ser menos que nadie, ni en dignidad ni en honor.

Nadie como A. P. Henares, que lleva a gala el nombre del río cuyas aguas riegan las fértiles tierras de la Alcarria, para emocionar con un lenguaje tan rico, tan de la propia tierra. Es esta, pues, una novela histórica muy recomendable por cómo trata la epopeya que vivieron aquellos colonos que decidieron abandonar su existencia misérrima para ir en pos de una vida mejor, aunque fuese en la peligrosa primera línea de defensa, de la tierra reconquistada a lo largo de casi ocho siglos.

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Autor: Antonio Pérez Henares. Título: Tierra Vieja. Editorial: Ediciones B. Venta: Todos tus librosAmazonFnac y Casa del Libro.

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