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Manuel Vázquez Montalbán que estás en los cielos

Foto: Daniel Mordzinski

Con Manuel Vázquez Montalbán se podía hablar de cualquier tema, pero sobre todo, de política y de gastronomía. También de poesía. Yo tuve la fortuna de poder hablar con él de eso (y escucharle, sobre todo), y también de memoria histórica, del franquismo, de literatura, de Cataluña, de terrorismo y hasta de terrorismo de Estado.

Manolo hablaba bajito y seguro, como un clandestino en tiempos de dictadura, como el preso político Valentín Arregui, el personaje de la novela de Manuel Puig El beso de la mujer araña. Manolo tenía siempre puesto un leve gesto irónico que te daba confianza y que le engrandecía si conocías su pasado antifascista. Contaba, sin cambiar aquel gesto y sin levantar la voz, una anécdota de sus años de niño: “Íbamos Juanito Marsé y yo por el Barrio Chino [de Barcelona] cobrando los recibos de la compañía de decesos que representaba su padre, y cuando llamábamos al timbre y nos respondían, «¿quién es?», gritábamos los dos al tiempo: “¡Los muertos!”.

"Hacía 21 años le había pedido a Montalbán información gastronómica, porque pensaba pasar unos días en Barcelona, y me mandó todo esto, que conservo como incunables"

Para escribir estas líneas he buscado entre mis papeles un sobre que Montalbán me mandó hace ya más de veinte años. Lo he rescatado y lo he vuelto a abrir después de mucho tiempo; contiene cinco folios escritos con su máquina de escribir, que titula “Comer en Barcelona”, más cinco páginas arrancadas de una revista ilustrada con un reportaje sobre la Barcelona turística que firma Asunción Luján, y una cartilla del tamaño de un pasaporte con el nombre de “Carta al Gourmet”, de Luis Bettonica y Máximo Fernández, bajo cuyos nombres dice «Invierno 1999», y en la contra: “Nos complacerá remitirle nuestra próxima Carta al Gourmet, correspondiente a la temporada de primavera, en el mes de marzo”.

Desempolvé esta misiva porque hacía 21 años le había pedido a Montalbán información gastronómica, ya que pensaba pasar unos días en Barcelona, y me mandó todo esto, que conservo como incunables. Paso a comentar algunos detalles de la Carta al Gourmet, en la que él añadió notas al margen de su puño y letra sobre algunos restaurantes. Por ejemplo, en el Can Majó, escribió “excelentes arroces marineros”; del Gaig dijo “de lo mejor de España”; a Jean Lui Figueras lo definió así: “Un número 1”. Con el Merendero de la Mari señaló que era “popular, en el puerto viejo”. Del Senyor Parellada: “Cocina catalana muy asequible”… La guía también tenía información de las cuatro provincias, en donde, de manera general, decía: “Todos los foráneos de Barcelona son buenos”, aunque después anota “una cocina espléndida” refiriéndose al Sant Pau, en Sant Pol de Mar, cuya cabeza fundadora era Carme Ruscalleda, al que la guía definía como “cocina culta y compleja”. El Sant Pau tenía entonces precios algo más caros que el que fuera hace solo cinco años el mejor restaurante del mundo, El Celler de Can Roca, en Girona. No me resisto a copiar lo que dice la guía de los hermanos Roca en aquel tiempo remoto del finales del siglo XX, cuando usábamos las pesetas. Lo escribo tal cual:

Cocina de Creación: Sopa de castañas con foie gras y membrillo (1.800 pesetas); ravioli de ajos y almendras con cigalas (2.850); lubina con avellanas, limón y cilantro (3.800); liebre a la roya (3.200); fondant de ciruelas al armagnac (950).

Definen a esta excelentísima cocina la meticulosa selección de los productos, el riguroso respeto a los sabores de los ingredientes tradicionales de la cocina mediterránea y la mesura con que el chef aplica su fecunda imaginación. Cierra en Navidades.

En la carta mencionada de los cinco folios habla del cambio de Barcelona después de los Juegos Olímpicos:

“Hoy Barcelona es una ciudad-comedor en la que la industria de la restauración no tiene límites, en oposición al talante social de hace treinta años o cuarenta años cuando las austeras clases medias catalanas consideraban casi una inmoralidad comer fuera de casa”.

"Manuel Vázquez Montalbán fue uno de los poetas seleccionados en la antología del crítico José María Castellet Nueve novísimos poetas españoles"

A Manolo le gustaba recomendar Casa Leopoldo, donde el mejor santo y seña era: “Vengo de parte de Pepe Carvalho o de Manuel Vázquez Montalbán y pónganme lo que ustedes quieran”. Yo fui con esa consigna y salí tambaleándome directo a dormir la siesta en el hotel.

Casa Leopoldo no está en esta guía pero sí en los folios del padre de Carvalho y Biscuter que, con su estilo preciso y lleno de referencias literarias, escribe:

“La tenacidad de Casa Leopoldo contrasta con la mudanza de un barrio en plena remodelación, en el que la piqueta le quita las varices de sus viejas prostituciones, y termina poco a poco lo que fueron ingles de la ciudad cuando Jean Genet ejercía por estas calles de ladrón y homosexual (Le journal d’un voleur)” .

O esta otra del restaurante Els Pescadors:

“En el ya viejo Pueblo Nuevo, Icaria para los obreros anarquistas del XIX y Manchester para sus patronos, un restaurante recomendable es Els Pescadors, en la Plaza de Prim, rodeada por lofts de artistas y ocupada por un ombú gigante que se trajo algún tío de América”.

Manuel Vázquez Montalbán fue uno de los poetas seleccionados en la antología del crítico José María Castellet Nueve novísimos poetas españoles (1970), que inventó para estos poetas dos secciones: los seniors, en la que con Manuel Vázquez Montalbán estaban Antonio Martínez Sarrión y José María Álvarez; y la coqueluche, con Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana Mª Moix y Leopoldo Mª Panero

"Vázquez Montalbán introduce en sus poemas lecturas y experiencias a contracorriente del culturalismo que empezaba a surgir"

Vázquez Montalbán introduce en sus poemas lecturas y experiencias a contracorriente del culturalismo que empezaba a surgir. Su primer libro fue Una educación sentimental, de evidente referencia flaubertiana, a pesar de que no acudía a los clásicos para definirse, sino más bien a la cultura popular, muy presente luego en toda su obra, sin renunciar, como muchos de sus compañeros de viaje (poético), a la generación de la experiencia. Véase la dedicatoria de este libro:

Agradezco  a Quintero, León y Quiroga,  Paul Anka, Françoise Hardy, Vicente Aleixandre, Ausiàs March, Gabriel Ferrater, Rubén Darío, Jaime Gil de Biedma, Gustavo Adolfo Bécquer, Thomas Stearns Eliot, Glenn Miller, Cernuda, Truman Capote, Modugno, Lorca, José Agustín Goytisolo, Brecht, Lionel Trilling, Antonio Machín, Jorge Guillén, Joan Vinyoli, Quevedo, Leo Ferrer, Carlos Marx, Adam Smith, Miguel Hernández, Ovidio Nasón, palabras, versos enteros por mí robados.

PD.- Y al Dúo Dinámico, Jorge Luis Borges y Birkoff & McLane (matemáticos).

En los tiempos en los que Gregorio Morán escribía en La Vanguardia, definió a Vázquez Montalbán con esta frase:

El Manolo poeta fue el mejor de los Manolos, sin ninguna duda, quizá porque la poesía no permite esa locuacidad de la pluma que lo convertía en una especie de forzado voluntario”.

Y este mejor Manolo, que para mí lo fue en todo lo que tocó, y no me olvido de sus artículos periodísticos sobre fútbol, escribió sobre sí mismo: “La posteridad literaria de un escritor español depende de los diccionarios enciclopédicos y de los Departamentos de Hispánicas de las universidades extranjeras”.

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