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María Isabel Cintas, única editora literaria de Chaves Nogales, exiliada en Manchuria y prisionera de Zenda

María Isabel Cintas, única editora literaria de Chaves Nogales, exiliada en Manchuria y prisionera de Zenda

El pasado 20 de enero publicó María Isabel Cintas, en esta misma revista Zenda, un desconcertante artículo que lleva por título “De imprecisiones y ostracismos en la vigencia de Chaves Nogales”. En él desarrolla, principalmente, dos ideas. La primera, que la “recuperación” de la figura de Chaves Nogales y de su obra no ha sido nada “sorprendente o preternatural” sino producto de la constancia de María Isabel Cintas y de su trabajo, un “trabajo minucioso y documentado… y también solitario”. La natural humildad de la catedrática Cintas la lleva a declarar que no quiere atribuirse ningún mérito que no le corresponda; pero su insobornable sentido de lo que es la verdad y la justicia la obliga, por lo que parece, a no compartir méritos con nadie… y a atribuírselos todos. De ahí que además nos confiese lo satisfecha que está de haber cumplido su objetivo y de haber logrado “sacar del anonimato al maestro de periodistas”, ella sola, por supuesto. La otra idea-fuerza del artículo de la muy estudiosa Cintas es que no se le hace justicia como estudiosa, que críticos mal informados y editores le regatean sus méritos, que no se reconoce, en fin, con la suficiente claridad, que ella es la primera y única “recopiladora y editora literaria de toda la obra hasta hoy conocida de Chaves”.

Como también habla en su artículo varias veces de mí y amenaza con seguir insistiendo en el asunto mientras yo no restituya ciertas notas y prólogos suyos a mis futuras ediciones de Chaves Nogales, cosa del todo imposible, no tengo más remedio que hacer algunas puntualizaciones.

"En realidad, María Isabel Cintas ha conseguido una extraordinaria visibilidad para su trabajo (que es un trabajo, por lo general, relativamente invisible) y logrado convertir, de algún modo, el éxito de Chaves en éxito suyo propio."

Aprecio la labor de María Isabel Cintas. Gracias a ella ha sido posible el rescate de la obra periodística juvenil de Chaves en la prensa sevillana y cordobesa. También ha vertido luz sobre el exilio de Chaves en París y Londres y localizado interesantes artículos en la prensa francesa e inglesa. Como no deja de ser también relevante el que haya encontrado en periódicos ingleses las primeras pistas y las traducciones de Los secretos de la defensa de Madrid y de la edición ampliada de A sangre y fuego, quizás la obra más ambiciosa, representativa y trascendente de nuestro escritor. Está muy bien y es de alabar que María Isabel Cintas haya dedicado media vida a trabajar sobre Chaves Nogales y haya hecho varios miles de fotocopias y ayudado a transcribir y fijar cientos de textos periodísticos y literarios para los cinco gruesos tomos de las obras de Chaves publicadas por la Diputación de Sevilla. Pero eso mismo es lo que han hecho siempre multitud de estudiosos con multitud de autores (más o menos reconocidos o más o menos olvidados, pero nunca “anónimos” como pretende Cintas que fuese Chaves antes de que llegara ella), desde Azorín a Ramón Gómez de la Serna, desde José Ortega y Gasset a Ciro Bayo, Arturo Barea, Elena Fortún o Rafael Cansinos Asséns.

En realidad, María Isabel Cintas ha conseguido una extraordinaria visibilidad para su trabajo (que es un trabajo, por lo general, relativamente invisible) y logrado convertir, de algún modo, el éxito de Chaves en éxito suyo propio, por lo que no debiera quejarse demasiado. Cuando afirma que yo sigo empeñado en desterrarla “a Manchuria (como hacía Stalin con los disidentes)” lo primero que habría que decirle es, supongo, que Manchuria está, como todo el mundo sabe, en China y que adonde Stalin desterraba a sus enemigos (e incluso a muchos amigos), como también sabe todo el mundo, es a Siberia. Pero lo segundo que habría que decirle es que para nada parece estar exiliada en Manchuria sino, al contrario, que es la influencer de Chaves Nogales, según parece, con más prestigio y seguidores. De ahí que ella misma, al recomendarle a Santos Sanz Villanueva “que ahonde un poco más en sus apreciaciones relativas a (su) trabajo”, empiece por emplazarle a que se lea su biografía de Chaves Nogales, haciéndole el siguiente comentario: “libro que, dicho sea de paso, firmo con asiduidad en los numerosos clubes de lectura que frecuento o al final de conferencias, encuentros, mesas redondas y demás”. O en Manchuria y desterrada y ninguneada y en el ostracismo o en “conferencias, encuentros, mesas redondas y demás”. Las dos cosas a la vez son imposibles, a no ser que escriba otro artículo, esta vez acerca de las pintorescas y muy culturales costumbres de los manchúes.

"Cintas afirma, como se puede comprobar, que llevaba muchos años guardado, lo que ni es cierto, porque fui yo quien se lo pasó el mismo año 2013 en que se publicó en España por vez primera, ni resulta verosímil."

Incluso en algo relativamente menor, como es la documentación, el relato de cómo ha ido consiguiendo muchos textos, María Isabel Cintas no es siempre de fiar. Así, a propósito de “El refugio”, relato desconocido y jamás publicado hasta la edición de Renacimiento en 2013, dice lo siguiente: “aunque los nueve episodios que componen el libro los edité por vez primera en 1993, ha sido en 2013 cuando añadí este último para las ediciones de Renacimiento y Libros del Asteroide. Llevaba muchos años guardado y consideré que por su dramatismo y oportunidad debía aparecer en el momento adecuado.” Cintas afirma, como se puede comprobar, que “llevaba muchos años guardado”, lo que ni es cierto, porque fui yo quien se lo pasó el mismo año 2013 en que se publicó en España por vez primera, ni resulta verosímil. Veamos. Cintas publicó A sangre y fuego en 1993 y lo dice, pero se olvida de decir que volvió a reeditarse el mismo libro en 2009 y que en 2011 hizo una nueva edición, esta vez en Libros del Asteroide, y que a mediados de 2012 apareció una tercera edición, en la misma editorial, sin la más mínima alusión a nada inédito. Solo en el 2013, unos meses más tarde de que saliera la edición de Renacimiento salió también en Libros del Asteroide otra edición más que, ya sí, anunciaba en cubierta: “Nueva edición. Incluye dos cuentos inéditos”. Luis Solano tenía firmado contrato para publicar ese libro desde 2011. ¿Resulta verosímil que encargue Luis Solano a María Isabel Cintas un prólogo y que ella le oculte que tiene dos cuentos inéditos que completan la edición? ¿Resulta verosímil que Cintas espere otros dos años más y termine pasándome a mí los cuentos para que sea yo quien los publique, pese a no tener yo aún contrato firmado con los herederos? ¿Hubiera cedido Luis Solano a que yo publicara antes que él unos cuentos para los que tenía contrato y yo no? ¿Por qué cedió Solano y permitió que yo me adelantara a publicar los cuentos inéditos? Dado que de los dos cuentos inéditos había dos versiones distintas, en la revista Sucesos para todos y en Bohemia, ¿cuál era la versión que llevaba años guardada? ¿La de Sucesos para todos que yo le proporcioné a Cintas gracias a que yo tenía en mi propia biblioteca la única colección conocida de los primeros 25 años de esa revista? ¿O la versión de Bohemia, que fue la definitivamente utilizada y que yo le pasé, delante de testigos, en un CD que contenía también otras cosas inéditas de Chaves? Cintas argumenta o simula argumentar que “El refugio” justamente lo guardó y no quiso publicarlo, pese a tenerlo, ni quiso tampoco hablarle de él a nadie porque el cuento en cuestión, “por su dramatismo y oportunidad debía aparecer en el momento adecuado.” Pero la frase no justifica ni razona nada, pues todos, absolutamente todos los cuentos de A sangre y fuego destacan por su dramatismo, nada en ese sentido los diferencia; y en cuanto a “oportunidad” y “momento adecuado”, todos los momentos oportunos son adecuados, como todos los momentos adecuados son oportunos: mera logomaquia, palabrería sin substancia para intentar hacer creer lo increíble.

“Un espagnol a l’Exposition” en Voilà, núm 323, del 28 de mayo de 1937.

La verdad de la secuencia de los hechos es como sigue: 1º) En 2012-2013 yo me hice con una colección completa y en rústica de la muy rara revista mexicana Sucesos para todos. En ella se publicaron “Los secretos de la defensa de Madrid” y la edición ampliada de “A sangre y fuego”, con 11 relatos, lo que era un completo descubrimiento. Por entonces le pasé a María Isabel Cintas copia del nuevo material. En la editorial empezamos a trabajar con él, aunque más tarde se prefirió utilizar la versión de Bohemia. 2º) Unos meses más tarde, un equipo reunido y financiado por mí localizó, listó y digitalizó las 35 colaboraciones de Manuel Chaves Nogales en la revista cubana Bohemia entre 1937 y 1943, entre ellas, la edición definitiva de “A sangre y fuego”, más una necrológica de Chaves publicada por su amigo José Quílez Vicente en 1944. Material este del que le entregué una copia en un CD a María Isabel Cintas en presencia de testigos, en las oficinas de mi editorial. 3º) Fue en mi propia editorial donde se llevó a cabo el proceso de comparar los textos de las versiones chilena, mexicana y cubana del libro de relatos y fijar y editar las numerosas variantes aportadas en la versión publicada en Bohemia, que fue la que yo decidí que tenía que ser la publicada, por ser la última versión de todas y también la más amplia y completa. Nada por lo tanto tuvo que ver en todo ello María Isabel Cintas, que se limitó a redactar la nota a la edición. 4º) La decisión de que el libro fuera ilustrado (como la de todos los restantes libros de Chaves publicados por mí) fue estrictamente mía y nada en ello tuvo que ver María Isabel Cintas, aunque es cierto que nunca dejó de parecerle bien. Por otro lado, siempre utilizamos fuentes propias y originales, las de mi propia biblioteca. Cintas nunca ha tenido acceso sino a fotocopias. De no haber tenido nosotros las fuentes originales jamás podrían haberse hecho ediciones ilustradas. 5º) Como la editorial Libros del Asteroide estaba ya publicando A sangre y fuego, se me ocurrió llamar a Luis Solano y proponerle que me permitiera editar la nueva versión ampliada en tapa dura y con ilustraciones, lo que no constituía una gran competencia para su edición, a cambio de cederle yo los cuentos nuevos para que él también los editara en rústica. Llegué a un acuerdo con Solano y también con Pilar, la hija y heredera de Chaves.

"Lo que quiere decir también que no será ella quien me ayude a editar todo el material inédito que va siendo encontrado en revistas y periódicos de Europa y América."

Por lo tanto, María Isabel Cintas no dice la verdad cuando se atribuye el hallazgo de las versiones originales, en español, de los cuentos “El refugio” y “Hospital de sangre” de A sangre y fuego. Como tampoco dice estrictamente la verdad cuando insiste en ser la “recopiladora y editora literaria de toda la obra hasta hoy conocida de Chaves”.  La profesora Cintas ignora el principio quizás más básico de toda labor de investigación y rescate literario: que todo lo sabemos entre todos. Del mismo modo que no parece saber que nadie es estrictamente imprescindible a la hora de ayudar al rescate y revalorización de autores de otras épocas… y que el mérito principal del indudable éxito y actualidad de Chaves Nogales es del propio Chaves y de nadie más.

Lo último que quisiera contar, de forma muy abreviada, es el verdadero y muy contundente motivo por el que rompí toda relación con María Isabel Cintas y decidí quitar de los libros por mí publicados toda huella de colaboración con ella. Lo que quiere decir también que no será ella quien me ayude a editar todo el material inédito que va siendo encontrado en revistas y periódicos de Europa y América, en especial las más de dos mil páginas que proporcionará su colaboración (entre el otoño de 1938 y junio de 1940) en una importante revista francesa.

"Después de aquello nunca quise volver a hablar con ella ni saber nada. Me limité a no publicarle la nota que ella había preparado para La bolchevique enamorada y otros relatos y a retirar sus notas y prólogos."

En 2013, pocos meses después de la publicación de A sangre y fuego, apareció una nueva edición, al cuidado de Maribel Cintas, de la Obra periodística de Chaves Nogales. Cuando alcancé a ver un ejemplar, inmediatamente me sentí sorprendido y decepcionado, incluso traicionado por María Isabel Cintas. En esa nueva edición aparecía, bajo el apartado “Artículos en la revista Bohemia” todo el contenido del CD que yo le había entregado unos meses antes a Cintas como prueba de amistad y confianza. Esos artículos de Bohemia yo tenía pensado editarlos de forma independiente, en un volumen, junto con otras cosas desconocidas de Chaves Nogales publicadas por revistas como Argentina libre, la cubana Facetas de la actualidad española o la mexicana Hoy que tengo en mi poder. En la nota introductoria a la edición, por supuesto, la profesora Cintas no daba ninguna noticia concreta del origen de los textos procedentes de Bohemia, pero tampoco se atrevía a hacer ningún sabroso e inventivo cuento sobre el asunto. Sencillamente utilizaba una fórmula un tanto impersonal y perifrástica para informar del “hallazgo”: “Particular interés tiene el material nuevo aportado por revistas latinoamericanas, de manera especial la cubana Bohemia y la mexicana Sucesos para todos”. Lo de menos era que no me citara. Para mí, lo único importante estribaba en que al apropiarse de esos textos y publicarlos en otra editorial me impedía que fuera yo, como editor, quien tuviera el honor de publicarlos por vez primera.

Después de aquello nunca quise volver a hablar con ella ni saber nada. Me limité a no publicarle la nota que ella había preparado para La bolchevique enamorada y otros relatos y a retirar sus notas y prólogos de todas las reediciones de Chaves que he ido haciendo.

El asunto Cintas tiene aún muchos más flecos, pero creo que ya me he excedido en el espacio que conviene darle a una historia tan poco amena como esta. En cualquier caso, en mi ya larga vida de editor he colaborado con un gran, inmenso número de mujeres y hombres dedicados a la investigación histórica y literaria. Tengo un profundo sentir de agradecimiento y admiración hacia mis colaboradores y autores de tantos años. Gracias a ellos, a sus conocimientos, generosidad y entusiasmo existe realmente la editorial. María Isabel Cintas (con su desmesurado, inquietante y muy patrimonial amor por Chaves Nogales) ha sido sin duda una excepción, un caso único.

Bueno, eso espero.