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María José Solano: «Las palabras son el agua del pensamiento humanista del futuro»

María José Solano: «Las palabras son el agua del pensamiento humanista del futuro»

La mujer que besó a Virgilio y otros viajes literarios (Berenice 2024) es el nuevo libro de María José Solano. De nuevo la memoria, el Mediterráneo y una mirada sobre los héroes, las ciudades y los libros, en un territorio que, tras Una aventura griega (Debate, 2023) y el recorrido sentimental por Jerez (Tinta Blanca, 2023), es ya más que reconocible. El prólogo, a cargo de José Luis Garci, explica con ternura cinematográfica este libro y a su autora:

“Mi compañera de radios y copas suele viajar de puntillas, despacio y en silencio, para que nadie escuche su felicidad ante el ajetreo del tráfico. Aunque no lo parece, sus viajes son privados, tan íntimos como los de Somerset Maugham o Pla. Me la imagino avanzando, tan sensual como aquellas chicas que pintaba Ramón Casas o Romero de Torres, por el Boul’Mich, sentada en una terraza de la Piazza Navona, incluso taconeando por su amada calle Sierpes, con aquel misterioso gesto de Alida Valli —¿os acordáis?— en los cafés de Viena mientras fuera caían las hojas en el otoño del Prater”.

Poco más se puede añadir a las palabras del cineasta.

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—Acabamos de llegar de vivir Una aventura griega (Debate, 2023) y ya propone usted a los lectores un nuevo viaje.

—En realidad no es un viaje, son 24 rutas literarias breves por los lugares que más amo, donde Italia tiene un papel decisivo.

—¿Por qué Italia?

"En Italia siguen enarbolando el pasado glorioso que incluye conquista, héroes, imperio y césares, pero también derrotas, moda, vinos, gastronomía, arte"

—Porque en Italia me siento como en casa. En Italia, que también se resquebraja, por supuesto, como el resto de Europa, encuentro sin embargo mayor consuelo que en España porque allí, a pesar de todo, siguen enarbolando el pasado glorioso que incluye conquista, héroes, imperio y césares, pero también derrotas, moda, vinos, gastronomía, arte, lengua, y todo ello siempre como deudor de la Historia, en un batiburrillo riquísimo y fresco que se llama Cultura. Y esa Cultura, en Italia, está especialmente viva; es altamente contagiosa.

La mujer que besó a Virgilio y otros viajes literarios (Berenice, 2024) ¿es solo un título o encaja con una mirada?

—Esa es la mujer que siempre he querido ser. No la que besa una estatua, sino la que convierte en símbolo de una inquietud de vida ese beso, la que trata de entender por qué se erigen estatuas, y sobre todo por qué se destruyen. La mujer que interroga al mundo; la que entiende la belleza como una forma de rebeldía; la que persigue en libros y viajes a los héroes porque éstos explican, de alguna manera, su biografía; la que necesita saberse heredera de un patrimonio milenario; la que ha elegido el camino largo, poco rentable y poco valorado en el mundo de hoy, de leer para comprender.

—Es usted una romántica

—No lo sé. Lo que sí sé es que siempre he sido una lectora curiosa, incansable, sentimental y apasionada.

—Además de Italia, nos lleva usted por otros lugares. ¿Podría hacernos un resumen de qué es lo que vamos a encontrar en ellos?

"Si uno tiene memoria, vida y libros, jamás se sentirá preso de nada ni de nadie"

—Hay en este libro un viaje por el Madrid castizo de una pareja de amantes clandestinos; un recorrido por siglos, vinos, calles amores y moda sin salir del hotel Ritz de París; un paseo largo por la Costa Azul de la Belle Époque y por el Miami de Ian Fleming; un día de invierno en Manhattan; un recorrido por el Buenos Aires de Borges, el Londres de Holmes y la Lisboa de Fernando Pessoa; un regreso a la Edad Media de Burgos, a un lugar único donde las mujeres eran las dueñas y señoras de su destino; una visita extraña a la Dinamarca de los cuentos de Andersen y los tanques nazis; y mi preferido: un viaje largo, contado en cinco partes, a Israel, la cuna de Dios y de la guerra.

—¿Cómo escribe usted sus viajes: sobre la marcha o cuando regresa?

—Cada viaje requiere, para mí, una manera de ser contado. Pero en este caso casi todos los viajes los escribí durante el periodo de confinamiento de la pandemia, por lo que son fruto del recuerdo de una libertad perdida, o al menos suspendida. No hago referencia a ello en ninguno, tan solo en el de Israel, y es apenas una frase circunstancial; la frase final del viaje. Porque lo que yo deseaba cada vez que me sentaba a recordar y a escribir era recrear la felicidad perdida en mitad de toda la pena y la incertidumbre. Ahora los he releído para las correcciones del libro y me sorprende no encontrar ni una sola referencia a todo aquel dolor. Eso me lleva a pensar que, efectivamente, si uno tiene memoria, vida y libros jamás se sentirá preso de nada ni de nadie. Como Edmundo Dantés cuando conoció al abate Faria en el castillo de If. Qué importantes son los maestros en el aprendizaje de la libertad y qué mal se lo estamos enseñando a nuestros jóvenes de hoy.

—Precisamente, ¿qué sentido tiene un libro de viajes, de recreación del pasado en este mundo de Oculus y turismo de instagrammers?

"Las palabras son el agua del pensamiento humanista del futuro. Sin ellas, terminaremos bebiendo pensamientos embotellados"

—El sentido de tratar de conservar algo que estamos perdiendo a toda velocidad: las palabras. El uso que les damos, la capacidad de jugar con su ambigüedad, aprovecharnos de su valor afilado, de la ventaja que nos brindan para engañar al adversario, para ser elegantes sin llevar marcas caras de ropa o zapatos, de ser rabiosamente atractivos sin necesidad de clínicas estéticas. Las palabras esconden enigmas, y en este mundo de la imagen prefabricada y también de la palabra prefabricada (por la IA), manejar contenidos con más contenidos en su interior es un poder enorme que estamos perdiendo a base de empobrecer las palabras. Y, me temo, un caudal léxico seco es el síntoma de un pensamiento seco. Hablando de sequía, las palabras son el agua del pensamiento humanista del futuro. Sin ellas, terminaremos bebiendo los pensamientos embotellados, para que otros se hagan aún más poderosos a costa de nuestra renuncia al conocimiento.

—¿Por qué le interesan tanto los libros de viajes? Los que ahora se venden son novelas.

—Es verdad. Pero yo no soy escritora de novelas. Creo que precisamente por haber sido una lectora voraz de novelas ahora me interesan más otros géneros. No sé muy bien la razón, pero ahora me divierte más un libro de historia que una novela, y en el caso de los libros de viajes, es que yo creo que son el género total. Son perfectos, al menos para lo que yo necesito ahora como lectora, pues abarcan una mirada compleja y múltiple, y son a la vez libros de historia, crónicas personales, diarios, fingimiento y grandes contenedores de anécdotas. Qué duda cabe que también encierran mucha literatura, porque el ser humano es incapaz de recordar o escribir sin añadir ciertas dosis noveladas a aquello que cuenta.

—¿Hay algún viaje en el que esté trabajando ahora?

—Sí. Estoy trabajando mi viaje por una isla. Por supuesto, es el Mediterráneo otra vez, aunque en este caso, el hilo conductor es El Gatopardo de Lampedusa.

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Autor: María José Solano. Título: La mujer que besó a Virgilio y otros viajes literarios. Editorial: Almuzara (Berenice). Venta: Todostuslibros 

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