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Mary Shelley, narradora, ensayista y editora (y tercera parte)

Mary Shelley, narradora, ensayista y editora (y tercera parte)

Foto: Lizzy McInnerny interpretando a Mary Shelley en la película ‘Remando al viento’ (1988) de Gonzalo Suárez.

Corre el mes de enero de 1826 y al fin se publica El último hombre, la cuarta novela de Mary Shelley, que la crítica tacha de “morbosa, pervertida y enferma”. El rechazo se debe a que, en plena expansión del Imperio Británico, la autora ha escrito un alegato contra las guerras y las conquistas, en el que se denuncia el colonialismo. Por otra parte, los lectores vuelven a extrañarse de que una mujer trate temas masculinos como la guerra, y no temas femeninos como la belleza, el amor o la ternura.

A diferencia de Valperga, que no ha sido editada en castellano —al menos según la información que suministra la Agencia Española del ISBN—, sí podemos disfrutar de una nueva edición de El último hombre, que publicó este verano la editorial Akal, traducida por Lucía Márquez de la Plata y prologada por Antonio Andrés Ballesteros González.

El caso es que al leer El último hombre, ese malvado de opereta llamado sir Timothy Shelley, suegro de la autora, queda de nuevo horrorizado. Ante la imposibilidad de secuestrar la edición, como había hecho con los poemas póstumos de su hijo, les retiene a Mary y a su nieto Percy la pensión de 200 libras que les paga cada final de mes.

"Del modo más inesperado, la consagración llega al fin en 1831, con la tercera edición de Frankenstein"

Pero a Mary, la actitud de su suegro no la amedrenta en absoluto. Es más, para incrementar sus ingresos y paliar la pérdida de la pensión, multiplica sus publicaciones de cuentos y artículos en revistas literarias. En el otoño de 1827, Mary se muda con Percy de nuevo al centro de Londres e inscribe al niño en una escuela primaria. Se ha dado cuenta de que vivir en la ciudad ahorra tiempo. No solo está más cerca de sus editores, sino también de la tienda de ultramarinos en que cada día compra la comida.

Nada más dejar al niño en el colegio, se encierra en su cuarto a escribir; por pura pasión, pero también para poder pagar el alquiler. A menudo debe aceptar encargos alimenticios, como escribir relatos destinados a anuarios femeninos; sin embargo, aunque vayan dirigidos a atraer un público más amplio y menos exigente, siempre contienen un trasfondo literario, algo de valor. De esta forma discreta y regular, Mary ha ido acrecentando sus lectores. Por aquella época reflexiona: “Una mujer solitaria es víctima del mundo, y algo tiene de heroica su consagración”.

Del modo más inesperado, la consagración llega al fin en 1831, con la tercera edición de Frankenstein. Las representaciones teatrales de su primera novela se suceden, y la prestigiosa editorial Bentley se decide al fin a  ofrecerle reeditar Frankenstein o el moderno Prometeo, a cambio de que corrija libremente la novela y les ceda los derechos en exclusiva.

"En los ensayos investigó mucho acerca de las mujeres que acompañaron a los biografiados para potenciar su papel"

De inmediato, Mary se pone con entusiasmo a revisar su opera prima y lo hace con total libertad, sin la ayuda de su difunto marido, Percy B. Shelley. El resultado es una nueva versión aún más oscura y crítica con la sociedad, que recrudece su censura a la ambición humana y el afán de poder. Es una novela más sólida aún que la escrita cuando tenía diecinueve años, una obra distópica de suprema originalidad que, como ocurre con El último hombre, no es bien acogida por la crítica, dado que en el siglo XIX la ciencia y el progreso se consideran algo intrínsecamente bueno. En cambio, lo que viene a decir Mary es que la ciencia y el progreso también pueden ser el origen del mal a causa del egoísmo y la maldad del ser humano, un mensaje totalmente revolucionario en su época, que hoy resulta más actual que nunca.

Pese a las críticas de nuevo negativas, el 31 de octubre de 1831, cuando sale a las librerías la reedición, Bentley consigue vender los suficientes ejemplares como para consolidar la fama literaria de Mary. Pese a ello, los problemas económicos continúan. Debe mantener a su padre y pagar el colegio de Percy con sus derechos de autora y con los pagos de las revistas femeninas para las cuales escribe relatos cortos.

Al menos, en noviembre de 1833 la enciclopedia Cabinet le ofrece un trabajo de colaboradora para escribir ensayos sobre escritores famosos. La han seleccionado por su erudición y sus conocimientos lingüísticos. Esto le da prestigio y aumenta su remuneración. Es la única mujer en una amplia nómina de hombres que incluye a sir Walter Scott. ¿Habrá sido él quien la ha recomendado?

Mary escribe mil trescientas páginas de ensayos para la Cabinet, que se cuentan entre lo mejor de su producción, por su estilo ordenado, claro y de gran fuerza, que da vida a los personajes biografiados mediante detalles de narradora. Lo trágico es que estos ensayos son hoy difíciles de encontrar. “Estas “vidas” me han salvado la vida y la razón”, afirma Mary.

"Mary propuso a los enciclopedistas escribir biografías de grandes mujeres, pero su propuesta fue rechazada"

El género del ensayo, frente a la novela, la libera de la tiranía del argumento y le permite incluir sus opiniones, sus reflexiones filosóficas, todo ello al amparo de decenas de próceres masculinos que redactan junto a ella la enciclopedia. Del modo más paradójico, puede escribir lo que le da la gana sin ser blanco de críticas por ser mujer, ya que muchos de los escritos van sin firma y no se sabe si los ha escrito ella o sus colegas varones, de suerte que son tomados con la misma seriedad que si fueran masculinos.

En los ensayos investigó mucho acerca de las mujeres que acompañaron a los biografiados para potenciar su papel. Sus páginas están repletas de amigas, amantes y viudas fieles. Mary propuso a los enciclopedistas escribir biografías de grandes mujeres, pero su propuesta fue rechazada, de modo que las incrustaciones de vidas de mujeres en las vidas de los hombres continuaron por su parte del modo más subrepticio. A menudo, cuando escribe sobre esas amigas, amantes y viudas se imagina a sí misma junto a Shelley, muerto hace más de una década. En un poema escribe: “Debo olvidar (…) tu voz que me llenó de emoción suave (…) y algo aún más querido, ese intercambio de pensamientos que aún nos acercó más el uno al otro”. Los versos anteriores pertenecen a la antología Poemas de convivencia, traducidos por Gonzalo Torné para la editorial Alba en edición de 2019, donde se mezclan cartas y poemas de Mary y de Percy.

Pero, pese al recuerdo de Shelley, en la primavera de 1832, a sus 34 años, Mary ha llamado la atención de un hombre guapo y aristocrático de 31: Aubrey Beauclerk. Él la admira por sus ideas liberales y también por sus obras, que lee con regularidad en las revistas. Contacta con ella y Mary le concede una cita en un café. Será la primera de muchas más, porque se sienten bien juntos y comienzan a verse a menudo, aunque Mary se ha jurado no volver a casarse nunca.

"Todo parece ir bien hasta que, una tarde, Aubrey la mira entre triste y avergonzado y le dice que su familia ha escogido como esposa para él a una chica de su clase"

La acomodada familia de Aubrey ha quedado encantada al conocerla en su mansión. La encuentran “dulce, femenina y señorial”, lo cual apenas pueden creer —según le confiesan entre risas—, tras leer sus horripilantes novelas y cuentos, que les ha dejado Aubrey, repletos de tragedias, crueldades y muertes.

A él lo que le cautiva es la serenidad de Mary, su mirada dulce y comprensiva, su cabello rubio y pelirrojo, su tez blanca y sus vestidos en tonos claros, salvo cuando él la invita a la ópera en Covent Garden, que luce vestidos oscuros y escotados. También van al teatro y a conciertos, y dan largos paseos por el campo. Como diputado de la Cámara de los Comunes, Aubrey defiende la abolición de la esclavitud, la independencia de Irlanda, los derechos de la mujer. Juntos, él y Mary comienzan a experimentar una dicha inefable. En abril de 1833 ella le presenta al fin a su padre, el viejo Godwin.

Y todo parece ir bien hasta que, una tarde, Aubrey la mira entre triste y avergonzado y le dice que su familia ha escogido como esposa para él a una chica de su clase. Totalmente convencional desde el punto de vista intelectual —reconoce—; pero guapa, de dieciocho años y con una magnífica dote.

Mary se había hecho ilusiones de volver a tener un marido a su lado, y queda desencantada: “La oscura noche ensombrece el mundo…”, escribe en su diario al llegar a casa. Para paliar el desengaño decide de nuevo cambiar de casa. Una vez más, se marcha a vivir a las afueras de Londres, a Harrow, donde Percy ha comenzado a estudiar. Él es ya un adolescente que no se parece en nada a sus padres. La literatura le resulta indiferente; en cambio, ama la caza, la navegación y también a su madre, lo cual a Mary le basta. Al igual que ella, el joven Percy es un superviviente entre tantos fantasmas…

"Mary seguirá siendo solo la señora de Shelley y la madre de Frankenstein, personaje cinematográfico y televisivo"

En Harrow, Mary se enfrasca en la escritura de su siguiente novela: Lodore. La protagonista es una mujer, Fanny Derham, que vive dedicada a la filosofía y a cultivar su genio literario. Es autosuficiente y no necesita a los hombres, porque se apoya en sus amigas. Ante un desengaño amoroso, no se desespera ni se suicida, sino que se consuela cultivando el intelecto, dejándose aconsejar por otras mujeres.

Fanny Derham trata de reformar la sociedad encarnando las ideas feministas de Mary Wollstonecraft. Escribir la novela es para Mary un ejercicio catártico. Cuando la termina, se ha curado de la traición de Aubrey y está más segura de sus ideas y de las de su madre.

Por primera vez, en 1835, la novela Lodore está teniendo buenas críticas y éxito de lectores. Ya su novela anterior, Perkin Warbeck, de tema medieval, al igual que Valperga, había gozado del favor de la crítica, aunque no del público. Quizá debido a que Lodore resultaba más actual.

El 7 de abril de 1836 muere William Godwin y pide ser enterrado con su primera esposa: Mary Wollstonecraft. En su testamento deja escrito que desea que Mary edite y publique sus últimas obras y escriba su biografía. Pero Mary advierte que si cuenta la verdad sobre su familia perjudicará a su hijo Percy, y decide abandonar el proyecto.

En 1837 ha conseguido terminar otra novela llamada Falkner, en la cual por primera vez una mujer, llamada Elizabeth, como la novia de Frankenstein, logra encauzar la vida de los hombres que la rodean: la su padre, la su marido. Es el triunfo de la sabiduría femenina. Pero, al parecer, pese a la originalidad de las ideas, el argumento y los personajes fallan, resultan falsos y, aunque recibe algunas críticas positivas, otras aprovechan para atacarla con saña por el papel preponderante de la mujer sobre el hombre.

Este es un momento crucial en la vida de Mary: a sus 40 años cumplidos acaba de decidir que ya no volverá a escribir más novelas. No puede soportar la agresividad de la crítica contra ella por el hecho de ser y pensar como una mujer, contra la cultura masculina dominante. El coste emocional de la lucha es ya excesivo. Considera que, como hija de la autora de Vindicación de los derechos de la mujer, ya ha hecho bastante. Otras vendrán en generaciones futuras y seguirán luchando en su nombre y en el de Mary Wollstonecraft. La biografía de ambas mujeres editada por Circe así lo cuenta.

"Su vindicación la completará, a partir de los años sesenta, el movimiento feminista"

Mary ha muerto hoy, día 1 de febrero de 1851 a los 52 años de edad de un tumor cerebral. Mañana, las necrológicas en los principales periódicos de Londres alabarán su papel de madre, hija y abnegada esposa, fiel a la memoria de su marido, el gran poeta inglés Percy B. Shelley. En cambio, su obra literaria de novelista, cuentista, ensayista y editora, se cita en una sola línea, y tan solo se afirmaba que ideó al popular personaje del doctor Frankenstein y su monstruosa criatura, que tanto éxito han cosechado en el teatro.

Durante más de un siglo, Mary seguirá siendo solo la señora de Shelley y la madre de Frankenstein, personaje cinematográfico y televisivo. Hasta que en 1951, en una biografía publicada con motivo del centenario de su muerte, Muriel Spark advertirá la calidad literaria y la originalidad de sus ideas, contrarias a la sociedad victoriana en la cual le tocó vivir. Su vindicación la completará, a partir de los años sesenta, el movimiento feminista.

Hay un hecho que todavía hoy resulta curioso: pese al gran amor que sintió Mary por su marido, Percy B. Shelley y por su hijo William, en su testamento dejó escrito que no deseaba descansar con ellos en el cementerio Protestante de Roma, sino junto a una madre a la que nunca conoció: Mary Wollstonecraft. ¿Fue esta su última reivindicación?

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