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Memoria de una generación

Memoria de una generación

Es posible que nos sea más fácil camuflarnos entre los personajes de Las posesiones a aquellos que compartimos generación con su autora, Llucía Ramis. Porque creo que los que hemos nacido en 1975 o en 1977 comprendemos a la perfección ese sentimiento de final fallido, de promesa incumplida que está ahí, entre líneas. Y es verdad también que llega un momento en la vida en que es inevitable advertir que no hay a dónde volver. Es un golpe duro. Memoria y nostalgia pueden ser conceptos difíciles de separar para los que hoy tenemos entre cuarenta y cuarenta y cinco. Todos nuestros recuerdos están asociados a aquel tiempo en que nos creímos destinados a comernos el mundo, y nunca estuvimos preparados para lo que realmente ocurrió: que con toda nuestra preparación y unos cuantos kilos de promesas a la espalda, pasamos desapercibidos entre la generación de nuestros padres y la de los ninis y los millennials.

"Cuando las cosas no se solucionan aparecen los fantasmas, y se quedan vagando en nuestra casa."

Esto cuenta Las posesiones a través de tres hilos narrativos fundamentales. En el primero la protagonista acude a la tierra de su infancia a ayudar a su padre, que parece haberse vuelto loco a causa de una trifulca por un muro medianero y que, harto de que la vida sea injusta, ha convertido una pelea vecinal en toda una reivindicación social. En su lucha colectiviza su protesta cada vez más, y pierde fuerza; se vuelve pesada e incomprendida. Se convierte en radical, y la gente deja de escucharle. En el segundo, esa vuelta a sus orígenes hace aparecer la sombra de un antiguo amor, periodista como ella. Un amor opresivo cuya ruptura parece no haber superado aún. Y ya se sabe que cuando las cosas no se solucionan aparecen los fantasmas, y se quedan vagando en nuestra casa, haciendo ruidos a deshoras, y descolocando los tarros de la cocina. El tercero sirve para que irrumpa en el presente un trágico suceso familiar del pasado, relacionado con la corrupción política y la época del pelotazo: un socio de su abuelo se suicida a causa de unos problemas financieros, pero mata antes a su mujer y a su hijo.

A los tres hilos narrativos anteriores podríamos sumarle otros dos, aunque para mí son menos relevantes en la idea general de la novela. La relación con su pareja actual, también periodista, aunque más arriesgado y sin una moral clara. Y el propio periodismo que es otro personaje, al que se explica, se caracteriza y, sobre todo, se crítica.

"Cuando terminé de leer también evoqué mis posesiones, mis lugares familiares a los que hoy me es imposible volver"

La novela transcurre en el año 2007, cuando los de nuestra generación dejábamos de ser jóvenes. Cuando nos dimos cuenta de que seguíamos diciendo lo que haríamos “cuando fuéramos mayores” y la gente ponía cara rara. Justo en esa edad en que la vida debería estar iniciando su desenlace, a la protagonista se le desmoronan sus cimientos. Se empieza a hacer preguntas y todo lo no resuelto se hace presente, viéndose abocada a desvelar el material del que están hechos los fantasmas de su juventud, a desentrañar los enigmas de su pasado para entender quién es hoy, qué hace aquí y por qué está tan perdida.

El conflicto está bien planteado. La estética es magnífica y el ritmo intenso, aunque a veces tuve la sensación de que había demasiadas piezas, demasiados puzles pequeños encajados en uno más grande. No obstante la imagen final es buena. Y me hizo pensar, lo que agradezco. Cuando terminé de leer también evoqué mis posesiones, mis lugares familiares a los que hoy me es imposible volver. Y repasé mentalmente todo lo que creí que conseguiría, o lo que inconscientemente pensé alguna vez que ya era mío. Es un ejercicio doloroso el que propone, o el que provoca, este libro. Y tras él sólo queda otra pregunta. ¿Qué hacemos ahora?

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Autora: Llucía Ramis. Título: Las posesiones. Editorial: Libros del Asteroide. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

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