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Mircea Eliade: pasión entre símbolos

Mircea Eliade: pasión entre símbolos

Fue uno de los grandes intelectuales del siglo XX, como historiador de las religiones doblado de novelista, y vivió una vida intensa y apasionada, con algún episodio polémico. Editorial Taurus recupera Las promesas del equinoccio: Memoria I, 1907-1937, el vibrante primer volumen de las Memorias de Mircea Eliade, traducidas por Carmen Peraita y publicadas por Taurus en su colección Clásicos radicales. Zenda ofrece el prólogo, de la obra, escrito por Sergio Vila-Sanjuán.

Las promesas del equionoccio es para mí uno de los grandes libros de memorias del siglo XX. Se trata de un texto lleno de pasión vital, que recoge la experiencia del autor únicamente hasta los 30 años y resulta excepcionalmente perspicaz al recoger las zozobras de esa época de la vida que se extiende desde el fin de la adolescencia hasta el momento de asunción de la madurez.

El escritor e historiador de las religiones rumano Mircea Eliade, nacido en 1907, fue una figura destacada en la cultura del siglo pasado. Autor tanto de grandes estudios de referencia (Tratado de historia de las religiones, Historia de las creencias e ideas religiosas) como de deslumbrantes ensayos sintéticos (Imágenes y símbolos, Lo sagrado y lo profano, El mito del eterno retorno, Herreros y alquimistas), sobresalió también como novelista (La noche de San Juan, El burdel de las gitanas, Isabel y las aguas del diablo, Boda en el cielo) y se le deben numerosos textos autobiográficos.

Tras prestigiarse en la Rumanía del rey Carol II, cuando se quería convertir a Bucarest en “la pequeña París”, al inicio de la Segunda Guerra Mundial se instaló en Portugal como agregado cultural en la embajada de su país. Durante la postguerra vivió doce años en Francia hasta que en 1957 se trasladó a EE.UU. La Universidad de Chicago le puso al frente de su departamento de Historia de las Religiones, que convirtió en un centro de prestigio internacional. Varias veces candidato al Premio Nobel de Literatura, falleció en 1986.

Eliade con sus amigos de juventud

Eliade guardó a lo largo de toda su vida un diario,  siempre escrito en rumano, que utilizó como base para la redacción final de distintos textos. En los años 60 publicó en varias revistas del exilio largos fragmentos de lo que iba a ser su autobiografía. El primer volumen, Las promesas del equinoccio, apareció en traducción francesa en 1980 (editorial Gallimard) y en su versión al inglés en 1981 (Harper and Row). En España lo publicaría Taurus, traducido del francés por Carmen Peraita, en 1983.

"Eliade es un joven abocado a encrucijadas, con voluntad de vivir “experiencias decisivas”"

En este retrato de juventud Eliade se nos presenta de entrada como un personaje dostoyevskiano y atormentado. En sus páginas veremos cómo se debate dos veces entre dos mujeres (que simbolizan dos universos diferentes), y cómo oscila también entre la creacion literaria y la academia, el periodismo y el mundo erudito, la alta cultura y la vida cotidiana.

Se trata de un joven abocado a encrucijadas, con voluntad de vivir “experiencias decisivas”. En un momento de su juventud se da cuenta de que “ciertos espíritus son capaces de separar los factores de unidad en el seno de la naturaleza o de una cultura, lo que les permite descubrir ciertas estructuras”. Y él es uno de esos ellos. Con una inmensa voluntad de destino personal.

Eliade en el Himalaya, donde practicó yoga durante seis meses

También es viajero, recorre Rumanía, se va, en los años 30, hasta Asia. Y es deportista, sube montañas, navega, está vinculado al mundo físico. Y a las redacciones de la capital, y a la política; participa en la creacion de un grupo, Criterion, que se hará famoso. Hace vida social y literaria, es un mimado del régimen monárquico. Y mantiene una relación compleja con el mefistofélico profesor Nae Ionesco, tan influyente en su generación.

Eliade, pues, se nos presenta simultáneamente como el modelo de persona completa, goethiana, un hombre de pensamiento que es a la vez hombre de accion, seductor y brillante en sociedad. Ya que en este primer volumen de sus Memorias hay de todo: el retrato de una vocación literaria, los encuentros con grandes personajes –como Giovanni Papini o Rabindranah Tagore-, las reflexiones históricas, filosóficas y antropológicas. Incluso un halo fatidico, el de quien se da cuenta de que trae la desgracia a seres que admira o le han sido muy proximos. Eliade sirve su testimonio con un estilo que, aunque reconoce rápido, resulta tambien, según su propia definicion, “denso y preciso”.

Lo sagrado y lo profano

"En los momentos más complicados se dice a sí mismo que todas sus pruebas obedecen a un designio"

Uno de los puntos de interés en Las promesas del equinoccio radica en constatar cómo el Eliade ya mayor, al revisar las andanzas del joven Mircea, le aplica su cosmovisión de madurez. El escritor y profesor que evoca los años de aprendizaje rumanos desde la prestigiosa Divinity School de Chicago se ha convertido en una de las grandes autoridades mundiales en simbolismo. En su revisión, todo aparece cargado de sentido. Las andanzas que en su momento pudieron parecer fruto de la casualidad o del simple espíritu de aventura alcanzan, a la luz del recuerdo, todo el significado que imprime a posteriori la construcción deliberada de una existencia. En los momentos más complicados se dice a sí mismo que todas sus pruebas obedecen a un designio, que apuntan hacia un fin que él aún ignora pero que no desespera de conocer algún día. Con razón se pregunta el destacado eliadista Mac Linscott Ricketts que, si nuestro autor siempre aspiró a desvelar el sentido sagrado que subyace a lo profano, ¿cómo no iba a intentar mostrarnos los significados ocultos bajo el despliegue de su propia existencia?

 

Lo hace cuando, a propósito de sus maratones dieciochoañeros de estudio y lectura desafiando el sueño, apunta trascendentalmente: “En la libertad que creía conquistar actuando a contrapelo de todo lo que se consideraba normal veía yo, en primer lugar, el modo de superar mi condición histórica, social y cultural”. O cuando constata que un detalle menor, una circunstancia banal, puede resultar suficiente “para desviar radicalmente el curso de una vida”.

En Eliade resulta recurrente la idea de laberinto. “Es el modelo de toda existencia que, a través de numerosas pruebas, avanza hacia su propio centro”, sentenciará. En sus horas bajas se consideraba perdido en él, “pero al final siempre tuve la sensación de haber salido victorioso”.

Los hombres –indica- “no somos ni ángeles ni puros héroes. Una vez que se llega al centro del laberinto se adquiere una riqueza, se dilata la conciencia y se hace más profunda, todo se vuelve claro, significativo. Pero la vida  continúa (y hay que afrontar) otro laberinto, otros encuentros, otro tipo de pruebas, a un nivel distinto…”

"En otro lugar de su obra Eliade ha escrito que quizas el hallazgo mas importante del siglo XX radica en la incorporacion del hombre y las culturas no occidentales a la cultura humana"

En este primer tomo de sus Memorias el autor, además, y eso constituye parte decisiva de su vigencia, logra transmitir intensamente la sensacion de universalidad, de mundo global. En otro lugar de su obra Eliade ha escrito que quizas el hallazgo mas importante del siglo XX radica en la incorporacion del hombre y las culturas no occidentales a la cultura humana. En Las promesas del equinoccio lo plasma de forma experiencial, a través sobre todo del viaje hasta la India y sus tres años de su apropiación vitalista y espiritual del país. Vital mediante el amor y la experiencia en Bengala y en el Himalaya, espiritual a traves de los libros y la relacion con el maestro Dasgupta. Pero también mediante el aprendizaje del “optimismo escondido” hindú: nunca se está tan cerca de la salvación, se hace eco Eliade, como cuando se siente uno perdido; mientras que no hay nada más trágico que considerarse feliz y satisfecho con la propia suerte.

El nivel y la intensidad de este primer volumen de sus Memorias es el más alto de su producción autobiográfica. Su segundo libro memorialístico Las cosechas del solsticio, publicado póstumamente por Gallimard en 1988 y no traducido al español, resulta menos sugestivo, ya que incluye los años de institucionalización del personaje y además, si hemos leído antes algunos de los diarios en que se basa, ya conocemos buena parte del material que emplea.

Esos volúmenes dispersos de escritura autobiográfica que se han ido publicando (Diario íntimo de la India, Fragmentos de diario, Diario 1945-1969) resultan intermitentemente jugosos, y en todo momento nos transmiten la sensacion de que la de Eliade es una vida vivida para ser escrita. El Diario portugués 1941-1945, que rescató el gran experto en literatura rumana Joaquín Garrigós en el año 2000, merece una mención por su riqueza y su contacto con la cultura española. Reseñable la fascinación de Eliade por don Marcelino Menéndez Pelayo y su relación con Eugenio d´Ors.

La experiencia de Mircea Eliade será concomitante en varios puntos con la de Vladimir Nabokov. Ambos expulsados de sus países natales por el totalitarismo, morirán sin regresar a ellos. Tras la Segunda Guerra Mundial Eliade pasa momentos de penuria en pensiones de París, en una experiencia que recuerda a la de Nabokov en distintas ciudades durante los años 30 y 40. Al igual que el autor de Lolita, el rumano cambia de lengua, al menos para una parte de su produccion –escribirá varios de sus ensayos directamente en francés o en inglés-, y como él encuentra acomodo en el opulento mundo de las universidades norteamericanas, donde va a brillar como un representante mimado y arquetípico de la Vieja Europa.

Polémicas post mortem

La trayectoria de Eliade ha despertado polémicas póstumas. La más significativa fue la desencadenada en 1991 por otro célebre escritor rumano residente en EE.UU. En su ensayo Felix culpa, Norman Manea acusaba a Eliade de haber maquillado su pasado y esconder su pertenencia a la Guardia de Hierro, el movimiento fascista que, sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial, demostraría un  feroz antisemitismo. Aunque en la Rumanía comunista se había atacado a Eliade por este episodio, en los años 60 el régimen de Ceausescu optó por pasar página y puso en marcha diversos intentos para tender puentes al personaje.

"Eliade nunca aprobó la violencia política y en cambio era un firme admirador de Gandhi"

Hoy está ampliamente documentado que Eliade se aproximó de forma clara a la Legión rumana  -como lo hicieron sus amigos Eugene Ionesco y Emile Cioran, tambien futuras celebridades internacionales- a través de Nae Ionesco, que era uno de los ideólogos del movimiento, y que en los años 1936-1937, cuando la Legión no había mostrado su cara más monstruosa,  colaboró en la prensa afín. El ya citado Joaquín Garrigós, traductor de varias de sus obras, asegura al respecto que “a todos los ataques que se han hecho contra Eliade por antisemitismo les falta documentación, yo no he encontrado ni un solo texto suyo que pueda considerarse antisemita”.

Garrigós recuerda que el escritor siempre tuvo amigos judíos, y en un artículo de 1939 deploró que las leyes antisemitas hubieran hecho refugiarse en Londres a algunos de ellos, figuras de la cultura rumana. Otro eliadista, Francis I. Dworschak, ha recordado que Eliade nunca aprobó la violencia política (como la que la Legión practicaba) y en cambio era un firme admirador de Gandhi.

 

En Las cosechas del solsticio el escritor evoca su propio internamiento en un campo de concentración en 1938 por su proximidad a la Legión y remarca el carácter “cristiano y pacifista” que el lider del grupo, Cornelio Codreanu, supuestamente habría inculcado a sus seguidores antes de ser asesinado. En cualquier caso las columnas prolegionarias de Eliade quedan en las hemerotecas y siempre, hasta en sus últimos escritos autobiográficos, reivindicó la figura de su maestro Nae Ionesco.

El valor de una apuesta

“Nadie, conociendome bien e incluso leyendo este diario, puede imaginarse la intensidad de mi drama. Muchas veces al día tengo que debatirme en medio de una crisis tan terrible, sea de desesperacion o de neurastenia, que me parece que dará al traste incluso con los mas fuertes. Nadie puede sospechar la cantidad de talento, de voluntad y de simple energía física derrochados día tras día en lucha conmigo mismo y con el demonio que hay en mi interior”, escribió Eliade en 1943 en su  Diario portugués.

Sí lo sospechamos, y lo constatamos. Una y otra vez volvemos a sus textos y nos encontramos con esa tenacidad vibrante; con la densidad y precisión, la riqueza simultánea de ideas y de experiencias, tan atractiva. Incluso cuando constatamos la solemnidad a veces grandilocuente, la forma en que se toma a sí mismo tan en serio, sin ápice de humor, no podemos dejar de admirarle. Esa seriedad y solemnidad, al servicio de un enorme talento y una inmensa cultura, constituyen también las garantías del valor de su apuesta. Y estas Promesas del equinoccio lo prueban sobradamente.

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Autor: Mircea Eliade. Título: Las promesas del equinoccio: Memoria I, 1907-1937. Editorial: Taurus. Venta: Casa del libro