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Mongoles en Saint-Germain-des-Prés

Mongoles en Saint-Germain-des-Prés

Se acude a los libros de Historia para descubrir la historia que ha sido, pero también las bifurcaciones de lo que pudo ser y no fue. Así, en ese compendio de heroicidades y sinrazones militares que es La vanidad de la caballería, de Stefano Malatesta, uno se ha reencontrado con la batalla del río Sajó, que acaeció por el horizonte del 11 de abril de 1241, y que en esos olvidos sucesivos de los que estamos hechos se había dejado arrumbada por uno de los trasteros de la memoria. A veces se tiene la impresión de que aprender sólo es recordar y que uno lee para releer lo que ya se ha había visto por otras páginas y volúmenes. De esta manera se ha recuperado el nombre del general Subotai, uno de esos personajes a los que habría que dedicar más tiempo para explorarlo, porque los hombres tienen algo de geografía, de continente a descubrir, y de aquellas tropas mongolas que encabezaba y que parecían invencibles, toda esa barahúnda de hombres pequeñajos, pero rudos, feroces, aguerridos y de inquebrantable disciplina militar que hacían temblar el suelo a su paso. Estos fulanos, a los que subían a las grupas de los caballos a los tres años, se habían extendido desde las estepas de Mongolia hasta llegar, primero, a lo que hoy solemos denominar Oriente Próximo y, después, a las puertas de Europa. Las leyendas que corrían acerca de ellos, y que recuerda Malatesta, es que les gustaba lucir un aspecto repugnante y que solían regodearse con esos rumores que corrían sobre su salvajismo y que anticipaban su llegada. Y que, en el fondo, era lo más parecido a la guerra psicológica que existía por esas décadas del siglo XIII.

"En román paladino, apenas quedaban fuerzas entre Budapest y Francia para detener a Subotai y sus jinetes"

El eurocentrismo, el actual y el heredado de centurias anteriores, nos ha impedido reconocer una realidad evidente, que el Viejo Continente habría podido caer bajo cualquier otra civilización si las cosas hubieran venido de otra manera. El espectáculo que brindó el choque del río Sajó dejó entre 50.000 y 60.000 húngaros pudriéndose en la tierra. Los arqueros mongoles sorprendieron a la columna y durante varias jornadas se dedicaron a abatir a los cristianos como si fueran pichones. Malatesta añade un detalle relevante para comprender la trascendencia de la batalla: “Dos días antes, en Legnica, el contingente de 20.000 hombres enviado contra Enrique de Silesia había acabado con los lanceros polacos y asesinado, uno a uno, a los caballeros teutónicos”. En román paladino, apenas quedaban fuerzas entre Budapest y Francia para detener a Subotai y sus jinetes.

"El azar intervino cuando todo se daba por perdido"

El azar intervino cuando todo se daba por perdido, demostrándose así que los hombres y sus asuntos están, más veces de lo que pensamos, en manos del arbitrio. Justo cuando los soldados mongoles afilaban sus sables y se atusaban los bigotes pensando en los tesoros que saquearían, llegó la noticia de la muerte del Gran Kan Ogodei, impidiendo que se cumpliera ese destino que parecía inevitable. El deceso obligó a Subotai y sus hordas a dar la vuelta y regresar a la Corte Imperial de Karakórum, y evitó, de rebote, que hoy se hable mongol en los cafés de Saint-Germain-des-Prés.

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