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Narrar es narrarse

Una escritora en ciernes viaja en busca de una historia a uno de los pocos lugares a los que, en realidad, es posible viajar cuando uno busca una historia: sus orígenes. Allí rastrea la trayectoria de dos viejos amigos de sus padres con el proyecto de novelar su vida. En un texto que bascula entre lo autobiográfico y lo autoficcional, Lucía Lijtmaer (1977), autora —y narradora— de Casi nada que ponerte, llega a su Buenos Aires natal, de donde sus padres emigraron por la dictadura militar cuando ella tenía siete meses de edad, para investigar y contar una historia que, de algún modo, retrate también la compleja realidad argentina de las últimas décadas. Esa historia es la de los antagónicos Jorge y Simón, de los que tanto ha oído hablar a sus progenitores. La excéntrica pareja llegó a levantar un imperio de la moda en el Buenos Aires de los 80 gracias, sobre todo, a Simón, personaje intrigante que aparece retratado como una fuerza de la naturaleza, un loco, un niño grande, un gordo, un demente o un espécimen de freak show. Esta pareja homosexual, de modesto origen, logró abrirse paso y triunfar en la capital bonaerense gracias al afán de glamour y exclusividad de la alta sociedad porteña. Los empresarios desarrollaron picardía suficiente para aprovecharse de las veleidades y aspiraciones de una jet set tan adinerada como cateta. Pero la potencia de Simón, su exceso, poseía tanta carga creadora como destructora y la misma fuerza —enfermedad, quizás— que le lleva a lo más alto, termina por consumirle. Hoy, aislados y prácticamente muertos en vida, Jorge y Simón son dos hombres mayores y desgastados que habitan el mausoleo de su triunfo, «La Colorada», casa y negocio, mansión de ladrillo rojo que acapara las miradas, refugio de toda fantasía. Así proyecta la autora una alegoría de la historia de Argentina que (y aún más tras las últimas elecciones presidenciales) cuestiona aquellos famosos versos de Gil de Biedma, porque «de todas las historias de la Historia», quizás no sea la más triste la de España.

"Una alegoría de la historia de Argentina que (y aún más tras las últimas elecciones presidenciales) cuestiona aquellos famosos versos de Gil de Biedma"

Casi nada que ponerte es un texto a medio camino entre la novela, la autobiografía y el reportaje donde impera la búsqueda de una narración no al uso, algo de lo cual ya se intuye a partir del título, tan poco seductor en estos tiempos de mercadotecnia. Con una acusada vocación formal, la obra se construye intercalando tres planos de relato independientes. En primer lugar, a la manera de crónica periodística, la narradora transcribe sus encuentros con los protagonistas y las entrevistas a otros personajes, testigos del pasado glorioso de la pareja. Este plano desemboca en un segundo nivel donde la voz narrativa se ve obligada a imaginar, a rellenar los vacíos e inventar los huecos de la historia que intenta tejer. Esta parte del texto de pronto queda impregnada por la barroca concepción del mundo como gran teatro y los diálogos se transforman en auténticas escenas dramáticas, didascalias incluidas. Sin embargo, la indagación acerca de esos personajes termina por convertirse en la exploración sobre quién es ella misma y ahí aparece el tercer plano de esta historia, la vida de la propia autora, su bildungsroman en Barcelona, que cuenta a través de cinco lecciones «de la hija de los emigrantes argentinos».

"El resultado es un texto de difícil clasificación que habla de su génesis y construcción, poniendo al descubierto las entretelas del oficio literario."

De algún modo, la narradora se rinde ante la imposibilidad de conocer y contar la historia que fue a buscar. Y el lector termina por echar en falta un desarrollo más amplio de la trama de Jorge y Simón, cuya existencia y trayectoria resultan, como bien había visto la joven escritora en su propósito inicial, tan enigmáticas como cautivadoras. Con la explicación del origen polaco de «Lijtmaer» o la fotografía de la portada, proveniente de su archivo personal, Casi nada que ponerte adquiere claros tintes confesionales. Y, aunque a estas alturas a una le asalta a veces el hastío de hallarse ante otra novela del yo, percibimos algo honesto, y valioso, en la propuesta de Lucía Lijtmaer. Porque en vez de jugar al autopsicologismo o a velar su intimidad en los recodos de la ficción, ha optado por poner su necesidad al descubierto. La voz narrativa explica: «esta historia empieza y termina con un avión». Con el avión que la sacó de Buenos Aires y el avión que la lleva de vuelta para encontrar no tanto la novela de Jorge y Simón como el relato de su propia vida. El resultado es un texto de difícil clasificación que habla de su génesis y construcción, poniendo al descubierto las entretelas del oficio literario. Se dice que un escritor, escriba lo que escriba, incluso en los temas más recónditos y alejados, siempre habla de sí mismo. En su debut literario, Lucía Lijtmaer ha venido a descubrir más o menos eso. Pero no ha querido ocultarlo. Ha escrito la historia de por qué necesitaba escribir esa historia. Claro. Narrar es narrarse.

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Autora: Lucía Lijtmaer. Título: Casi nada que ponerte. Editorial: Anagrama. Venta: Todos tus libros.

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