No seas cuñao

A las buenas, querido lector.

Pues otra vez estoy aquí. Odio hablar de tópicos tan usados como la frase: “¡Cómo pasa el tiempo!”. Pero, qué narices, hay que ver ¡cómo pasa el tiempo! Hace nada me encontraba tecleando contándote los entresijos a la hora de manejarte frente a un personaje y ya me tienes de nuevo exprimiendo lo que me queda de cerebro para hablarte sobre otra cosa.

¿Que qué toca hoy?

Pues no es menos importante que todo lo anterior. Ni más. Es una parte tan necesaria como cualquier otra a la hora de crear una historia. Para bien o para mal.

Te hablo acerca de la documentación.

Sí. Me has preguntado (y mucho) acerca de este tema. No paras de insistir en cómo es la forma menos desastrosa de obtener una información cuando creas un texto.

Antes que nada creo que es necesario partir de la base de que lo que escribimos necesita ser documentado. A ver, puede parecer algo obvio, pero si hablas sobre un mundo que has creado tú mismo esto carece de sentido. A no ser, claro, que mezcles elementos de invención propia con otros reales. Sea como sea, si metes en tus escritos cosas que existen, han existido o pueden existir debes documentarte sobre ello.

Y es que no hay nada más placentero que descubrir al lector algo que no conocía. O incluso que el lector sí lo conozca y le transmitas precisamente eso, la reafirmación de lo que ya sabe. El placer es igual, créeme. Pero esto es un arma de doble filo que te voy a contar después, cuando ya haya profundizado en cómo hacerlo.

Por ahora vamos a ir a lo básico. ¿Qué es documentarse?

Podríamos definirlo como el proceso en el que recabamos información para hacer lo más veraz posible determinadas “cosas” que aparecen en nuestro texto. Puede ser un lugar, un hecho histórico, un procedimiento… Lo puedes llamar de mil maneras, pero al final todo es lo mismo. Veracidad. Esa es la clave. Y es que no hay nada peor que dejar a un lector con la sensación de que está leyendo algo incorrecto (sobre todo si se da cuenta de eso) o que no es del todo así. Además, vivimos en una sociedad de cuñaos en la que nos buscan las cosquillas al menor descuido y debemos intentar no darles motivos. No alimentarlos, que se vuelven peligrosos.

"Hay que saber buscar, comparar y no quedarte con lo primero que te topes, pues puedes pegarte un trompazo de aupa. Olvídate de la Wikipedia porque es de todo menos fiable para buscar información veraz."

Esto último es una coña. Lo último que debemos hacer es centrarnos en algo para ser lo menos criticados posible. Tontos hay y va a haber siempre, así que pasa de ellos porque aunque seas un prodigio te van a seguir sacando tonterías. Lo importante es que tú te quedes con la sensación de que has hecho un trabajo lo más correcto posible.

Entrando ya en materia te diré que una de las formas más fáciles de obtener documentación (o información si te gusta más así) es ir directamente a Internet. Esto no es el arma de doble filo de la que te hablaba antes, pero igualmente también lo es y debes andar con pies de plomo en esto. Y es que la red está plagada de desinformación. Hay que saber buscar, comparar y no quedarte con lo primero que te topes, pues puedes pegarte un trompazo de aupa. Olvídate de la Wikipedia porque es de todo menos fiable para buscar información veraz. Trata de acceder a archivos (hablo de archivos físicos, donde se guardan cosas, no del documento de word que podemos encontrar por ahí) porque siempre hay un modo de poder hacerlo.

Las bibliotecas nacionales son una fuente inagotable de información y es relativamente sencillo conseguir información de ellas por Internet. Tienes que aprender a moverte por la red y llevarte unos cuantos chascos, pero al final acabas distinguiendo la paja de la hierba fresca y sales ganando enormemente.

Buscar en Internet suele bastar para muchos. No critico eso, pero sí es cierto que si tienes otras posibilidades de encontrar información veraz debes exprimirlas. Y aquí sí te digo, querido lector, que todo se vuelve apasionante. Hasta el punto en el que el proceso de documentación se ha vuelto mi favorito a la hora de abordar una novela. Creo que es mejor que te cuente cómo lo he hecho yo a la hora de documentarme para lo que será mi próxima trilogía a que te cuente la teoría de cómo se hace. Así hasta quizá te animes tú a dar pasos parecidos.

La trilogía será negra. Se ha escrito mucho (hasta demasiado, pero no suficiente) sobre crímenes, asesinos y demás; así que yo quería darle un toque lo más veraz posible. Quería salirme de lo de siempre y el primer paso era contar la realidad policial tal y como sucede en España frente a estos casos. Lo primero que hice fue buscar en Internet, pero tenía la sensación de que lo que encontraba seguía sin parecerse a la realidad, por lo que ni corto ni perezoso, me marché a una comisaría de la Policía Nacional cercana.

Como aquí todavía era novato en esto, pequé con algunos errores. El primero fue no aspirar a más y me fui a por una unidad de agentes que poco o nada tenían que ver con lo que yo necesitaba saber. Evidentemente, como integrantes del Cuerpo, tenían nociones acerca de la actuación en un caso de homicidio. Pero más adelante comprobé cómo muchas de las cosas que me contaron lo hicieron casi que desde una ignorancia parecida a la que yo tenía. Por ejemplo, me contaron que en un caso de suicidio no hacía falta hacer autopsia y si acaso se hacía en el propio tanatorio del pueblo. Claro, yo me creí entonces que en los sanatorios de pueblo se hacían autopsias. Yo qué sabía.

Lo cierto es que me fui con la sensación de no tener lo que buscaba, así que fui un poco más allá y lo intenté en una comisaría más grande. En la provincial.

"Busqué a un forense que se acabaría convirtiendo en un gran amigo que me ha asesorado en todos los procedimientos. Entendí que muchas de las cosas que daba por sentadas, simplemente me las había metido en la cabeza la televisión."

Tras pedir una serie de permisos a la central de la Policía Nacional conseguí que me atendiese un inspector que me ayudó en todo lo que necesité. Me contó todo lo contable (y lo incontable, pero eso siempre me lo quedaré para mí) y me permitió ver algo del trabajo que llevaba a cabo la UDEV, que es la encargada de la resolución de crímenes violentos. También me dejó ver algo de trabajo de laboratorio, cosa que me hizo cambiar casi el 90% de lo que ya tenía escrito. Pero yo quería más, pensé que quería adentrarme más y comencé a buscar (no puedo deciros cómo, pero os digo que si yo pude, es que se puede) la manera de poder acercarme más a la UDEV. Hasta que lo conseguí.

A partir de aquí no te puedo contar qué vi, qué me enseñaron ni cómo, pero te diré que gracias a esa persona comprendí la realidad del homicidio, los factores que intervienen, cómo se procede, cómo actúa un asesino en serie y muchas cosas más. Todo eso lo pude reflejar en mi novela. Pero había algo que me seguía chirriando. Y era el trabajo forense en la misma.

Pues hice lo mismo. Primero busqué a un forense que se acabaría convirtiendo en un gran amigo que me ha asesorado en todos los procedimientos. Entendí que muchas de las cosas que daba por sentadas, simplemente me las había metido en la cabeza la televisión. Le debo mucho, muchísimo, pero me faltaba un paso que dar. Quería verlo con mis propios ojos (los que me conocen saben que en este caso es ojo, jajaja). Me las apañé para acabar en Medicina Legal, en Alicante y poder verlo yo mismo.

No puedo contarte qué vi, cómo fue ese día. Pero todavía lo recuerdo y siento algo en el estómago. Y créeme que no fue por lo que vi en sí, sino por lo que aprendí dando un paso adelante.

Gracias a todo eso me quedé más que satisfecho con los cambios que realicé en la novela. Ahora sé que está como yo quiero y que no la puedo hacer más real de lo que ya es. Esa satisfacción no me la puede quitar nadie.

Y para eso es lo que sirve la documentación.

Recuerda que todo se puede ir al garete por dar por sentadas cosas que pensamos que son de una manera. Quizá lo sean, pero no te cuesta nada comprobarlo. Es más, te prometo que vas a disfrutar como un bellaco si te implicas tanto como yo lo he hecho. Te contaré un secreto: ciertos aspectos que pude comprobar por mí mismo gracias a la Policía Nacional me dieron aliento para que hoy esté estudiando la carrera de Criminología y quiera centrar parte de mi vida en ello. Imagina hasta qué punto me caló. Y te hablo de la policía como si te hablara de un restaurante. Hables de lo que hables, no hay nada más maravilloso que empaparte todo lo que puedas de la realidad para transmitírselo al lector. Él lo apreciará, créeme. Vaya que si lo hará.

Ahora bien. Ahora es cuando debo hablarte del arma de doble filo. Aquí es donde debes andar con pies de plomo.

"En El código Da Vinci Dan Brown utilizó más o menos bien la fórmula de soltar datos así, a cascoporro, y eso se ha convertido ahora en lo que menos me gusta de él."

Hace unas cuantas líneas te he hablado sobre uno de los tipos de lectores con los que a veces nos da algo de rabia toparnos. Te hablo del lector cuñao. Bien. Esto es reversible y con el tema de la documentación el que te puedes volver un cuñao eres tú. Debes tener claro algo: nos documentamos para saber de qué hablamos cuando escribimos algo, no para demostrar que sabemos sobre algo. Si entiendes esta última frase habrás captado al cien por cien lo que trato de advertirte. Pero por si acaso, yo sigo insistiendo. No hace falta que sueltes un compendio de datos sin sentido para sólo demostrar que controlas del tema. Muchas veces se hace porque sí, o intentando ser más sutil, poniendo todos esos datos en boca de un personaje. A ver. Si te lo has currado está claro que lo quieres demostrar, pero créeme cuando te digo que documentarse sirve más para no fastidiarla que para demostrar. Y demostrándolo ya la estás fastidiando. Te pondré un ejemplo con el que me puedo ganar algunos cuantos de miles de enemigos. Dan Brown (sí, sé que siempre lo traigo al caso, pero es que me sirve)

Antes que nada aclarar que a mí Dan Brown me fascina, pero también he de reconocer que es uno de los autores con más luces y sombras que existe en el panorama actual. Lo bueno que tiene es que sabe cómo tenerte pegado al libro. Por eso vende tanto (añadido a la publicidad que generan sus polémicas, no nos vamos a engañar). Es muy bueno enganchando y más quisiéramos todos tener esa capacidad de mantener al lector pegado al libro. Yo al menos lo quisiera. Y sí, a mí también me engancha, tengo toda su obra en mi librería. Pero ahora bien, en El código Da Vinci utilizó más o menos bien la fórmula de soltar datos así, a cascoporro, y eso se ha convertido ahora en lo que menos me gusta de él. Y es que necesita meterte con calzador (a base de flashbacks, reflexiones de los protas o lo que sea) cientos de datos que en realidad no aportan nada a la novela. Ni aunque estén relacionados con la trama. Y eso lo convierte en un cuñao de manual. Sí, como cuando el tuyo te dé la brasa esta Nochebuena hablándote del procés, de la independencia, de los papeles de Bárcenas y de la madre que los parió. Antes se habrá leído cuatro periódicos para que parezca que controla del tema a tope y te pondrá la cabeza como un bombo. Pues eso es lo que no debemos hacer una vez nos hayamos documentado. Cuenta lo necesario, lo que de verdad aporte algo útil, pero no llenes el libro de palabrerío que canse al lector. No seas cuñao, anda.

Y por mi parte creo que no te puedo contar más, no es que no quiera, es que no sé. Lo que sí que espero es que este consejo te sirva para algo. Si quieres, me lo puedes contar en mi correo: BlasRuizGrau@hotmail.com. Reconozco que estoy tardando en contestar los correos algo, pero es que con la carrera, los libros y familia, ¡me faltan horas cada día! Jaja. Prometo contestar todo. Eso siempre. También me haría ilusión que me siguieras en mi twitter: https://twitter.com/BlasRuizGrau. Ahí te enteras de primera mano de todas las novedades y, además, suelo contestar más rápido a todo porque lo tengo más a mano.

Bueno, pues nos vemos en la siguiente, ¿no? Sigue creando, ¡pero no seas cuñao!

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