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Norman Mailer: La vida de un tipo duro, de Richard Bradford

Norman Mailer: La vida de un tipo duro, de Richard Bradford

Esta biografía es un auténtico ajuste de cuentas literario. Lejos de la hagiografía o el respeto reverencial, Bradford disecciona los mitos del autor con una mirada implacable y mordaz, ofreciendo además una reveladora sobre la reciente historia de Estados Unidos.

En Zenda ofrecemos un extracto de Norman Mailer: La vida de un tipo duro (Erasmus), de Richard Bradford.

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EL CHICO DE BROOKLYN

El padre de Norman Mailer, Isaac Barnett «Barney» Mailer, nació en Lituania, pero pasó la mayor parte de su infancia en Sudáfrica, después de que sus padres, Benjamin y Celia Mailer, emigraran allí en 1900, cuando él tenía unos diez años (no se dispone de certificados exactos de las fechas de nacimiento). Eran judíos y, cuando se casaron, su país formaba parte del Imperio ruso bajo el dominio zarista, donde el antisemitismo fl orecía sin freno, consagrado en las costumbres sociales ―pogromos incluidos―, y arraigado en leyes que regulaban la educación y la representación política, relegando a los judíos como ciudadanos de segunda clase.

Barney era el segundo de los once hijos de los Mailer y obtuvo un título en la Universidad de Transvaal, probablemente en alguna disciplina científica, aunque, una vez más, no existe documentación que lo confirme. Con el tiempo, se formó para ejercer como contable. Sabemos que Barney se alistó como oficial de intendencia en el ejército sudafricano y que, en 1917, estuvo destinado en Londres y sirvió brevemente en Francia, aunque nadie sabe con certeza si llegó a estar en el frente. Tras licenciarse en 1919, decidió no volver con sus padres a Johannesburgo y, en lugar de ello, tomó un tren de Londres a Liverpool y se embarcó en el transatlántico RMS Baltic, de la White Star Line, con destino a Nueva York. Estados Unidos no era la opción más rentable, dado que su madre y su padre habían establecido durante las tres décadas anteriores varios negocios minoristas y manufactureros de éxito en la metrópolis más grande y de más rápido crecimiento de África.

Allí, la comunidad judía de la ciudad era una de las más ricas del mundo y se había librado en gran medida de los prejuicios que existían en la mayor parte de Europa y América. Barney no vería a sus padres, y Celia nunca se recuperó de la devastación que supuso la repentina e inexplicable desaparición de su hijo.

Las pruebas circunstanciales sugieren que su motivo fue la vergüenza, ya que durante los años posteriores a su graduación, Barney se convirtió en un jugador compulsivo, pasando gran parte de su tiempo en los hipódromos de la ciudad y demostrando un talento extraordinario para elegir caballos lentos y jinetes malos. Con el tiempo, comenzó a robar dinero del negocio de su padre para financiar su adicción, pero nunca fue expulsado del hogar familiar y, hasta que tomó la repentina decisión de marcharse a Estados Unidos, sus padres dieron por sentado que volvería después de la guerra. Su hermana Anne y su marido, Dave Kessler, vivían en Nueva York, y Barney se mudó con ellos a su llegada, pero tampoco está claro si tenía intención de quedarse en el país. Desde luego, no iba, como la mayoría de los inmigrantes, en busca de una vida mejor. A pesar de las transgresiones de Barney, su padre estaba dispuesto a proporcionarle un empleo bien remunerado. Con el tiempo, se haría evidente que Barney pasó la mayor parte de su vida atrapado entre lo que aparentaba ser y lo que en realidad era.

Norman rara vez hablaba de él y, cuando lo hacía, era de una forma que suscitaba una pregunta concreta: ¿era realmente su padre? Los blancos sudafricanos más ricos, que no eran afrikaners, adoptaron modales y acentos sociales que les hacían parecer ingleses (o al menos ingleses que habían exportado su cultura y su estilo de vida al Raj indio). Barney sonaba como si hubiera estudiado en un colegio privado británico y vestía como tal: trajes de tres piezas hechos a medida, zapatos de cuero negro o gris perla, guantes de ante que solía llevar más que ponerse, sombrero de fieltro y paraguas o bastón en la mano izquierda.

Fue esta personalidad de otro mundo la que atrajo a Fan Schneider en 1920. Anne había enfermado gravemente de gripe y algunos temían que se tratara de la variante mortal «española». Ella, Dave y Barney tomaron el tren a Lakewood, un balneario de Nueva Jersey que se consideraba un entorno más saludable que el densamente poblado Brooklyn donde vivían.

Hyman e Ida Schneider habían pasado sus primeros años en Estados Unidos, en la década de 1890, en el Lower East Side de Nueva York. Hyman y su hermana Lena regentaban un puesto ambulante en el que vendían principalmente refrescos y periódicos, además de dulces de fabricación local. Trabajaban desde las cuatro de la madrugada hasta bien entrada la noche, y acabaron abandonando porque sus modestos beneficios se veían menguados por los miembros de las bandas irlandesas que dominaban el distrito. Las existencias eran saqueadas a diario, y en la mayoría de las jornadas, los hermanos regresaban a casa con menos dinero del que habían invertido en la mercancía. Los mafiosos irlandeses también se llevaban un porcentaje fijo de los beneficios de todos los comerciantes locales.

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Autor: Richard Bradford. Título: Norman Mailer: La vida de un tipo duro. Editorial: Erasmus. Venta: Todos tus libros.

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