Las entrevistas reunidas en este libro trazan un recorrido por la figura y la obra de Roberto Bolaño. El volumen ofrece la posibilidad de escuchar en primera persona a uno de los más grandes escritores de las últimas décadas.
En Zenda ofrecemos una pieza, presente en Notas para una autobiografía: Entrevistas 1975-2003, en la que Bolaño no es entrevistado, sino entrevistador.
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Arqueles Vela
Bandido adolescente en la zona de Tehuantepec, muchacho de ojos azules que dormía en las redacciones de los periódicos, bailarín y contador de chistes en cabarets españoles, cómplice de Miguel Ángel Asturias en aventuras que no narramos por pudor, casi todo lo ha experimentado Arqueles Vela, que a los dieciséis años miraba carrancistas a caballo y recitaba la traducción que Gómez de la Serna hizo de Los cantos de Maldoror. Rima (¡ja!). Si Maples Arce a veces me recuerda físicamente a Floyd Patterson y List Arzubide, a Sonny Liston, Arqueles da la impresión de un Kid Azteca posando demasiado, demasiado sereno en un rincón eléctrico del ring. Por supuesto es de noche y la arena está vacía. La campana comienza a entibiarse. En una butaca de tercera un espejo está sentado. El Kid no lo mira. Los pósters sacan una pistola con silenciador de sus chalecos y se suicidan. Entre el vapor —que comienza a invadirlo todo— parece que bailaran un par de guantes de oro.
¿Cómo entró usted al estridentismo?
Cuando Maples Arce publicó su primer libro, después del manifiesto «Comprimido estridentista», la mayoría de los críticos de entonces no sólo atacaron el espíritu del libro, no sólo detractaron la personalidad de Maples Arce, sino que algunos críticos o comentaristas como González Peña dijeron: «No había yo comentado este libro porque creía que se trataba de un manual de albañilería»; porque el libro se llamaba Andamios interiores. Como joven de la época y también como renovador del periodismo, porque yo trabajaba en El Universal Ilustrado, me pareció que era no solamente indigno, sino antiperiodístico, hacer un comentario de esa naturaleza, y entonces yo escribí un artículo analizando la poesía de Maples Arce y también fundamentando lo que debería ser la crítica nueva. Así fue como Maples Arce tuvo noción de que no obstante que no teníamos nosotros ninguna noticia acerca de su movimiento, y no obstante que no nos conocíamos, existían mentalidades y espíritus revolucionarios que podían entender lo que podría ser la nueva poesía.
¿Hay una disociación entre escritura y vida en el estridentismo?
Maples vivió la Revolución Mexicana, y por eso escribió Urbe, después de Andamios interiores, Urbe y Poemas interdictos, pero Urbe es el poema de la Revolución Mexicana, porque Calles propulsó las actividades obreriles, y salían a la calle los batallones obreros con finalidades subversivas, pero Calles se espantó de lo que había iniciado y después retrocedió y hasta reaccionario llegó a ser. Pero nosotros convivíamos con nuestra realidad mexicana. Somos los que dimos un sentido estético a la Revolución Mexicana. La señorita Etcétera es la realización literaria del desorden provocado por la Revolución. La Revolución nos dispersó materialmente; eso significa una dispersión interior también. No podíamos encontrar un ritmo.
Su obra no se ha difundido mucho, casi nada en comparación con la del grupo de Contemporáneos. ¿A qué cree que se deba eso?
Se debe a que yo he sido enemigo de la publicidad. En diversas ocasiones me han pedido trabajos míos, la última, de Argentina; y me enviaron una circular para que yo mandara informes sobre mi personalidad y mi obra. Y yo respondí: mientras no encuentre alguien que haya conservado uno de mis cuentos, mientras no se divulguen y alguien tenga interés y se informe a través de antologías o índices literarios y me incluyan en una antología sin pedirme que escriba sobre mí mismo, prefiero no aparecer en ninguna antología. Porque si yo creo en la gloria es en la gloria aquí en la Tierra, y gloria es que me lean y que me entiendan y que me sigan dentro de mi obra, de manera que, si no han conservado un cuento mío, pues no me interesa que me publiquen nada, ni que lo traduzcan. Las traducciones que han hecho las han hecho espontáneamente; estoy traducido al hebreo, al inglés y al francés en un cuento, porque hay un cuento mío que es célebre, se llama «Una aventura desconocida», que se ha publicado en la mayoría de los diarios hispanoamericanos sin que yo intervenga, y una de estas veces, como en los años cuarenta, el 49, a mí me pidieron que les enviara un cuento para premiármelo, pero me lo pedían de encargo y nunca lo escribí. Y también de Cuba me pidieron que les enviara un cuento inédito para premiármelo y yo les dije: «¿Por qué no me premian ustedes por lo que ya he escrito?». El cuento que me piden tal vez no me salga bien. No, pero es que necesitamos que sea inédito. No, no me interesa a mí. Lo que me interesa es el juicio de ustedes sobre lo que he hecho y no sobre lo que pueda yo hacer en lo futuro.
¿Qué relación tuvo usted con los surrealistas franceses cuando estuvo en París?
Fui amigo de los surrealistas, íntimo amigo de algunos de ellos, pero nunca me sumé a su movimiento. Fui amigo de Robert Desnos, de Antonin Artaud…
¿No obedece su ida a España a una ruptura con los estridentistas? Usted se va por el 26 o 25…
A principios del 25 me fui a España, pero yo me fui de aventurero, no por desilusiones, por escisiones o fricciones, no: por extender mi mundo, para alargar mi mundo como diría el pícaro español; a eso me fui, a alargar mi mundo. No tenía yo nada en contra de nadie, tenía sólo en contra de mí mismo, de mi pobreza. Ya había agotado todo lo que había vivido, necesitaba vivir mucho más intensamente para crear nuevas obras.
¿Propuso el estridentismo un calcio para la época, una tonificación en todos los sentidos, estética, vital?
Sí. Y ese calcio y esa energía sólo se podrá encontrar dentro de su mundo en las experiencias que adquieran al ponerse en contacto con la realidad, en forma rebelde, pacífica, en forma sentimental, política; en todas las formas, pero sólo la experiencia del hombre con la realidad de su tiempo. Siempre es necesaria una vanguardia, pero la vanguardia no se inventa, son hechos sociales los que van a crear una necesidad irrupta en el devenir. No ha surgido una juventud que esté en contra de su tiempo como lo estuvimos nosotros.
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Autor: Roberto Bolaño. Título: Notas para una autobiografía: Entrevistas 1975-2003. Editorial: Alfaguara. Venta: Todostuslibros.


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