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Novelar a Virgilio

Novelar a Virgilio

Desde su origen en la noche de los tiempos, los poemas épicos se caracterizaron por aunar narrativa y lírica. El más antiguo del que tenemos noticia —procedente de la cultura sumeria—, es el Poema de Gilgamesh, datado entre los siglos XXV y XX antes de Cristo. El Gilgamesh, al igual que la Ilíada y la Odisea de Homero (siglo VIII a. C.), del mismo modo que el Ramayana y el Mahabarata (siglo III a.C.) o Los lusiadas de Camões (siglo XVI d.C.) son novelas escritas en verso. Pude comprobar este extremo hace varios años al leer la versión en prosa de la Odisea, a cargo de Carlos García Gual, que leí como si fuera un relato.

Al novelar la Eneida de Virgilio en El silbido del arquero (Contraseña, 2015), Irene Vallejo —escritora y doctora en Filología Clásica— ha entendido a la perfección esa ambivalencia entre narrativa y lírica. Su narrativa es solemne y enfática, como la de las epopeyas aludidas, al tiempo que emplea metáforas y sinestesias para crear la atmósfera de un poema.

La de Irene Vallejo es una prosa de los sentidos. Leyéndola escuchamos el rumor del oleaje, aspiramos el olor de los pinos, saboreamos las especias, contemplamos el brillo del mar Mediterráneo. Incluso sentimos dolor en ocasiones, como cuando escribe: “Acierto a un griego en el cuello, la punta de la saeta emerge al otro lado del mentón. Se desploma. Un grueso chorro de sangre brota de su nariz. Su cuerpo retumba en el suelo (…). Sufre sacudidas mientras la muerte púrpura se esparce por sus miembros”.

"A los dioses nos provoca risa, y a la vez nos fascina, escuchar cómo relatan los mortales sus propias vidas"

La escritora zaragozana emplea un sutil procedimiento narrativo consistente en dar voz a cinco personajes que actúan en tres planos diferentes. En el primer plano nos encontramos con los humanos, encarnados por el héroe Eneas, Elisa, reina de Cartago y Ana, hermana bastarda de ésta. Eneas, príncipe troyano e hijo de la diosa Venus, prófugo de los griegos que han saqueado e incendiado Troya, naufraga junto a sus hombres en las costas de Cartago. Allí recibirá la hospitalidad de Elisa, y se debatirá entre el amor por ella y su destino: fundar la ciudad de Roma.

En un segundo plano se encuentran los dioses, representados por Eros, que urde los amores de Eneas y Elisa y, desde el inicio, actúa cual narrador omnisciente de la novela al afirmar: “Que nadie pregunte por qué los humanos nos fascinan tanto. ¿Cómo no? Los dioses no conocemos la aventura. Nunca nos sucede nada, somos eternamente jóvenes, no cambiamos, no corremos ningún riesgo, existimos en un asfixiante equilibrio, como seres pálidos, desprovistos de una mañana y satisfechos de nosotros mismos. En cambio, los hombres tejen sin cesar historias apasionantes, es su forma conmovedora de coexistir con el caos. Por eso los dioses no podemos apartar los ojos de ellos”.

De este modo, Eros se convierte en hacedor del relato. Hay otras citas impagables del dios romano del amor, como por ejemplo: “En los humanos hay una sorprendente sed de belleza”, o esta otra: “A los dioses nos provoca risa, y a la vez nos fascina, escuchar cómo relatan los mortales sus propias vidas”. Esta última cita nos sugiere la idea shakespeariana de la vida como un teatro.

En un tercer plano, el más metaliterario, nos encontramos con el autor de la Eneida, Virgilio, que deambula por las calles de una Roma que exhala malos olores y podredumbre. Vallejo no escatima recursos para mostrárnoslo, incluso las heces que los romanos lanzan por las ventanas de las casas; todo ello en contraste con el esplendor, con la grandeza de Roma.

"Es en este punto donde interviene Virgilio, el cantor de las gestas de Eneas, a quien Augusto rodea de todas las comodidades para que escriba la Eneida"

Octavio, astuto sobrino de Julio César —a quien éste adoptará como hijo y nombrará heredero— está llamado a terminar con la democracia republicana al subir al trono con el nombre de su tío: Cayo Julio César Augusto, creador del imperio, un régimen grandioso y corrupto que durará cinco siglos. Para conseguir sus fines, en el ámbito cultural, Augusto necesitaba idear un mito fundacional: el de descender de Venus, diosa de la vida y, por ende, de su hijo Eneas, fundador de Roma.

Es en este punto donde interviene Virgilio, el cantor de las gestas de Eneas, a quien Augusto rodea de todas las comodidades para que escriba la Eneida. Pero la literatura es libertad. Un gran poema, por brillante que sea el escritor, difícilmente podrá nacer de la imposición. De ahí las tribulaciones del poeta, que camina por esa urbe nauseabunda, trasunto de su estado anímico, mientras cavila acerca de cómo escribir la magna obra sin caer en la propaganda del régimen.

"El silbido del arquero se publicó en Zaragoza en marzo de 2015. Desde entonces hasta ahora no ha dejado de reeditarse, habiendo alcanzado ya la quinta edición"

Con los tres planos aludidos, el de los personajes humanos, el del dios narrador omnisciente y el del autor, la trama de El silbido del arquero avanza con agilidad desde la llegada de Eneas a la costa africana, hasta la narración de batallas, amores y peripecias sin cuento que convierten el libro en una novela de aventura, apta para jóvenes y adultos. Porque, al fin y al cabo, ¿qué es la épica? Irene Vallejo pone en boca de Virgilio la respuesta: “Las guerras caen en el olvido, los cantos permanecen. Sólo el poema queda para narrar el dolor de los vencidos, la suerte de quienes son atropellados por los imparables acontecimientos que forjan la historia. Aquellos a quienes hoy llamamos héroes fueron un día seres azotados por la desgracia. De la vendimia del sufrimiento brota el vino de las leyendas”.

El silbido del arquero se publicó en Zaragoza en marzo de 2015. Desde entonces hasta ahora no ha dejado de reeditarse, habiendo alcanzado ya la quinta edición. El libro sigue vivo en numerosos clubes de lectura, librerías e instituciones educativas de toda España. Ese es, precisamente, el motivo de esta reseña tres años más tarde: dar a conocer la vigencia de tan singular novela en estos tiempos de urgencias editoriales.

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Autor: Irene Vallejo. Título: El silbido del arquero. Editorial: Contraseña. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro