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Opiniones contundentes

El poeta, novelista y traductor, autor de esta selección de ensayos sobre nombres fundamentales de la literatura hispánica (Cervantes, Rubén, JRJ…) y universal (Nabokov, Eliot, Auden…), propone al lector una mirada cómplice y crítica sobre la literatura ajena.

Como no hace falta decir, en este bazar no se desvela quién fue el autor del libro al que llamamos El Lazarillo (es curioso: nos referimos a tres de nuestras grandes obras fundacionales con denominaciones abreviadas o alteradas: el Quijote, el Lazarillo, la Celestina) ni se despabilan siquiera misterios muchísimo menores que ese, que ya es decir. No ha habido suerte: se reúnen aquí algunos ensayos de condición diversa y de alcance modesto, alentados principalmente por el intento del autor de poner en claro sus percepciones de lectura. (Más o menos de matute, se ha colado un ensayo sobre Duchamp, tan involuntariamente literario.) Es posible que sea muy poco para un ajeno, pero ha sido bastante para el autor susodicho, que, a falta de prologuista, no es otro que el que les habla, como habrán supuesto ya.

Algunos de estos trabajos tienen muchos años, y el paso del tiempo propicia las transformaciones y las derivas tanto del pensamiento como del gusto. Algunas de las opiniones que sostengo en las páginas que siguen pecarán de contundencia, cuando quizá venía mejor una mera conjetura, ya que la contundencia implica siempre un énfasis, y todo énfasis suele estar de más, sobre todo si es lo que menos se busca; en otras ocasiones adolecerán de inconsistencia, cuando la consistencia debe ser un valor inesquivable para quien se arriesga a opinar sin que nadie se lo exija,  y supongo que en no pocas pecarán también de imprudencia, en el caso de que todo juicio no esté abocado a resultar —en una proporción voluble— contundente, inconsistente y temerario. De ahí que no sólo resulte prudente descreer de las opiniones ajenas en torno a asuntos literarios, sino también no incomodarse por lo que consideremos errores ajenos de apreciación o de valoración, pues eso será signo del acierto de nuestras apreciaciones y valoraciones, lo que es siempre motivo de alegría. Sea como sea, las opiniones tienen su trayectoria, su historia particular, y hay que respetarles la cronología, pues poco sentido tendría la reforma actual no sólo de las indecisiones pasadas, sino también de los fervores antiguos. (Traigo aquí una apreciación de Octavio Paz con la que no sé si estoy del todo de acuerdo: «Ninguna lectura es definitiva y, en este sentido, cada lectura, sin excluir la del autor, es un accidente del texto”). He retocado, eso sí, imprecisiones y he añadido algunos datos sobrevenidos —para mí— sobre algún autor.

Algunos de estos trabajos fueron escritos por encargo y otros por el gusto de escribirlos. Ambas motivaciones las tengo en una misma escala jerárquica.

Faltan muchos artículos de primera necesidad —para mí— en este bazar caótico: Dickens, Emily Dickinson, Antonio Machado, Stendhal, Edith Wharton, Laforgue, Pessoa… Todo —o casi, o tal vez nada— se andará, y no porque tenga yo algo revelador que aportar sobre ellos, beneficiarios de tantas revelaciones, sino por darme la distracción de interpretarlos y de entenderlos de un modo reflexivo, digamos, un poco más allá del disfrute inmediato —sin derivaciones críticas más o menos ordenadas y más o menos razonadas— de la lectura de sus obras. Pero aún quedan afición y vida, o eso espero, y tal vez haya ocasión, ya digo, de ir rellenando los estantes vacíos con nuevos materiales más o menos divagatorios.

Como complemento de este, compondré algún día otro repertorio en torno a autores contemporáneos, pero esa será otra historia.

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Autor: Felipe Benítez Reyes. Título: Bazar de ingenios. “Selección de ensayos”. Editorial: Ars Poética. Boutique de poesía. Colección: Sapientia Poética. Venta: Amazon y Casa del Libro.

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