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Otro callejón del gato

Otro callejón del gato

Lo primero que hay que hacer justo antes de empezar a leer la Biografía provisional de Mose Eakins es olvidarse de Mose Eakins y, de paso, olvidarse del autor del libro, el fantasmal Evan Dara, “un escritor norteamericano que (por lo general) reside en Europa”; de hecho, habría también que olvidarse de que se trata de una obra de teatro (ténganlo en cuenta, no obstante, los posibles directores y, desde luego, los actores y actrices que se embarquen en la aventura de poner en pie esta pieza singular de dramaturgia posmoderna, porque sudarán quina). Por último, sería oportuno abrir el baúl que se reserva para las sorpresas librescas y hacerle hueco para que se acomoden las que, a todas luces, llegarán con la lectura de esta obra que tan pronto bebe del Kafka paradójico como se nutre del nihilista Beckett, pero que jamás deja de lado la mirada canalla de Groucho Marx. Si algo más hubiera que advertir, sería más bien el desliz de un consejo: léase con la banda sonora original que el genial Henry Mancini creó para la saga de Pink Panther, a pesar del dramón que se avecina.

"La acción se instala, en los dos actos en que se divide la obra, en el absurdo normalizado"

Con tres novelas en su haber, Evan Dara dio consignas en 2018 para que su editorial habitual (Aurora Publishers) diera noticia de la publicación de esta obra con una simple llamada de atención a sus lectores de que se trataba de una obra de teatro. Punto. El paratexto que acompaña a la edición española tampoco desvela demasiado; únicamente insiste en lo poco que ya se conocía del autor de El cuaderno perdido, como que es plenamente consciente de los gestos que acompañan el advenimiento de alguna de sus creaciones. Por eso ha preferido que sea la obra la que hable por sí misma y no responda a cuestiones transaccionales entre el mercado editorial y los consumidores potenciales de sus ficciones, que los imagina hartos de tanta retórica vacía, tanta estridencia publicitaria y tanta estrategia persuasiva que condicione la compra de este vasto y profundo libro que roza apenas el centenar de páginas.

Algunos lo llamarán marxista, pero es como si se lo llamaran a Hugo von Hofmannsthal. No cala. Pero sí existe cierto parentesco entre la pieza y aquella brevedad que hizo saltar por los aires el concepto de oportunismo. Si parecía difícil escribir poesía después de Auschwitz, Hofmannsthal ya había ido más lejos medio siglo atrás (1902) al poner en evidencia la imposibilidad interpretativa del lenguaje, creando para la eternidad el síndrome de Lord Chandos, aquel aristócrata isabelino que comunica en su Carta al filósofo y amigo Francis Bacon que “ha perdido por completo la capacidad de pensar o hablar coherentemente sobre ninguna cosa”. También Dara levanta con esta Biografía provisional un acta de desilusión frente al lenguaje y la actividad intelectual que sigue el eco de la Carta de Lord Chandos, ya convertida en un símbolo —y en un clásico— del siglo XX, por gracia y pluma de Hugo von Hofmannsthal. Para Claudio Magris, aquel texto “constituye no ya el grado cero de la escritura, sino de la poética de Hofmannsthal: constituye el manifiesto del desmayo de la palabra y del naufragio del yo en el fluir convulso e indistinto de las cosas que ya no son nominables ni dominables por el lenguaje. En este sentido la narración es la denuncia genial de una condición ejemplar del siglo XX”.

Pues bien, Dara conduce con brío el síndrome al siglo XXI, le da una vuelta de tuerca y lo convierte en un asunto, no ya de la voluntad, sino de la psique. Las personas aquejadas con el síndrome pierden la capacidad de imbuir significado inteligible en sus palabras. Lo que dicen no significa nada. Para nadie. Se trata de un trastorno neurolingüístico denominado «imparlancia» que se extiende en la población a más velocidad de la deseada. Los imparlantes sufren una disminución alarmante en la generación y comunicación de significado significativo. La tragedia se completa con un efecto secundario en los que entran en relación con estos imparlantes: quienes hablan con ellos dan voz a pensamientos que en condiciones normales mantendrían en secreto. Es decir, es como si perdieran toda inhibición. De locos.

"Una epifanía servida en los postres. Todo ello salpicado de citas de Rousseau, Gass, Schopenhauer, Kierkegaard y chai lattes de espinacas albinas"

La acción se instala, en los dos actos en que se divide la obra, en el absurdo normalizado. No existe atisbo de empatía ni la menor solidaridad ante los enfermos. Si a ello le añadimos la elevación a niveles de demencia de la susceptibilidad contemporánea, es comprensible que Mose Eakins vaya mendigando frases y gritos por la calle sin que nadie lo socorra, mientras un coro a la griega, llamado el Remolino, se dedica a relatar su infierno particular y a ofrecer información accesoria y citas filosóficas para completar el cuadro: la acción sucede en 2015, y sabemos que el personaje de esta vida provisional nació varón en 1978 en Charlotte (Carolina del Norte), que trabajó con talante activo de analista de riesgos para Concord Oil (en el segundo acto pasa a ser camarero), sale con una profesora de química de instituto llamada Zina Cordoi, y padece fobia social, además de la mencionada imparlancia. Sufre, como tantos otros hoy en día, la angustia económica provocada por la obscenidad resultante del intercambio actual entre la producción y el salario. Tampoco es ajeno a la soledad que queda muy cerca del fuego amigo que ha consolidado la explotación bien conducida por el Capitalismo neoliberal.

En fin, una obra descabellada, que a veces peca de un exceso de pontificación directa, sin apenas sugerencias (tal vez por las dudas del propio Dara ante el calado real de su propuesta), pero que retrata con prístina luz la vorágine social que nos aflige. Evan Dara haría buenas migas con Gustave Flaubert y su Diccionario de lugares comunes, y también con aquel personaje de Thomas Pynchon (otro fugado de los focos mediáticos) que gritaba en Contraluz (2006) desde un autobús: “¡Eso es! ¡No hay nada más!”. Una epifanía servida en los postres. Todo ello salpicado de citas de Rousseau, Gass, Schopenhauer, Kierkegaard y chai lattes de espinacas albinas. Agárrense los machos, pero no se pierdan esta alegoría de nuestro tiempo, en la que hasta las vidas conclusas sufren la provisionalidad de su existencia. No se inquieten si más de uno se reconoce en la piel del pobre Mose. Será culpa del espejo esperpéntico que nos ha puesto el esquivo Evan Dara ante nuestras narices en su afán intervencionista.

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Autor: Evan Dara. Título: Biografía provisional de Mose Eakins. Editorial: Pálido Fuego. Venta: Todostuslibros

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