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Paraísos perennes, de Antonio Hernández

Paraísos perennes, de Antonio Hernández

Poeta, novelista y ensayista, a lo largo de su trayectoria ha sido reconocido con premios tan importantes como el Nacional de la Crítica. A continuación reproduzco Paraísos perennes, de Antonio Hernández.

Paraísos perennes, de Antonio Hernández

Rayos de luz del Paraíso
caídos en mi infierno…
Víctor Hugo

Cuando me quedo solo pienso que
mis paraísos imperdibles son
mi madre repartiendo la merienda:
mi padre regresando por la noche
del trabajo con su achacoso taxi;
mi hermano Marcelino alzado a hombros
por una multitud tras un partido
en que el Arcense goleó al Xerez;
el día en que besé por vez primera
a la hija del teniente de mi pueblo;
los otros en que nacieron mis hijos
y mi nieto Manuel, luz de diciembre
y de enero –más rey que el Niño Dios
y mucho más que los Reyes de Oriente–
cuando vienen a vernos desde el Sur
su padre y Violeta y de infantiles
que somos sus abuelos, él es el menos niño;
don Manuel el maestro que me enseñó a leer,
y don Juan, el maestro que me enseñó a soñar
leyéndome Platero y Don Quijote;
el verbo de Rosales, sus silencios didácticos;
un mano a mano de luz con Alberti
y otro con Jorge Luis el memorioso;
siempre, siempre, siempre que volví a Arcos
y se llenaron mis ojos de lágrimas
o de emoción enmascarada;
los amigos que habitan lo que escribo
sobre ellos porque así me multiplican;
la luna familiar cuando está navideña
sobre el castillo, sobre el Guadalete,
el amor a unas calles que prospera…
Por ejemplo. Y otras eternidades
que, dormidas, despiertan y se abrazan

conmigo.

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