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Pellízcame

Nueva entrega de la serie «Las resistentes». Andrés Barba, autor de República luminosa, rescata para Zenda grandes libros de pequeñas editoriales. 

La combinación de filosofía e infancia le parecerá tan marciana al lector como la de zumo de tomate y vodka el día anterior a probar el Bloody Mary, pero lo cierto es que puede llegar a ser igualmente eficaz. La idea de Wonder Ponder, esta atrevida editorial, es precisamente esa: generar artefactos de pensamiento para el debate filosófico entre niños y adultos. La fórmula: unas tarjetas con escenas narrativas ilustradas que tienen en el reverso preguntas que funcionan como disparadores del diálogo. Lo más impresionante de todo son los temas con los que se atreven a lidiar Ellen Duthie (texto) y Daniela Mondragón (ilustraciones) con ayuda de la editora Raquel Martínez Uña. De las cuatro entregas que Wonder Ponder tiene hasta la fecha, los temas son nada más y nada menos que la crueldad (o el mal) en Mundo cruel, la identidad en Yo, persona, la libertad en Lo que tú quieras y —en esta última entrega, Pellízcame— la realidad. Es decir, algunas de las cuestiones sobre las que ha girado más obsesivamente la filosofía del pasado y el presente siglo. ¿Y cómo puede entablarse un debate filosófico con un niño sobre semejantes cuestiones? El equipo de Wonder Ponder sugiere dos aproximaciones: una, evitando la pedagogía, favoreciendo el diálogo. Las cuestiones planteadas en las tarjetas no tienen como horizonte de espera favorecer que el educador o el tutor “formule” una enseñanza como corolario, sino precisamente que se produzca un debate abierto, algo que, curiosamente, inclina también la balanza de las obligaciones hacia el lado del adulto. La otra forma es afinando al máximo las preguntas. Wittgenstein decía que la única forma de comprobar si un filósofo había entendido un tema no era tanto analizar si había dado una respuesta apropiada como si había sido capaz de formular bien las preguntas, un adagio que Wonder Ponder parece haber asumido como programa.

"El proyecto de Wonder Ponder propone la investigación filosófica como una estrategia compartida"

Tomemos por caso la última entrega, Pellízcame. En una de las primeras tarjetas se ve a un cliente en una frutería. Todo es perfectamente realista menos el color de las frutas, que está trastornado. Tras la tarjeta se nos pregunta: “¿Qué son los colores? ¿Son reales?” “¿Los colores que ves tú son los mismos que ven los demás? ¿Cómo lo sabes?” “¿Cómo describirías los colores a una persona que no ve nada de nada? ¿Cómo le explicarías cómo es el azul y que es diferente del rojo y del verde?” ¿Cómo sería la vida si el mundo fuese en blanco y negro?”. Lo interesante de cada una de esas atinadas cuestiones no es que planteen —como decía antes— una respuesta pedagógica que el adulto le dará al niño al final de la discusión, sino que establecen los términos de una investigación de la realidad compartida entre el adulto y el niño en la que muchas veces el propio adulto no tiene una respuesta clara. En el caso concreto de esas preguntas aparentemente sencillas se está dirimiendo, por ejemplo, nada menos que la imposibilidad de la percepción objetiva de la realidad a través de los sentidos. Toda una lección de filosofía cartesiana en un formato que además facilita la invención de una narración compartida. Pellízcame es al final la fórmula con la que el niño pide ser despertado de su “sueño dogmático” para adentrarse en un uso crítico del pensamiento.

"Alguien me comentó en una ocasión que un juguete es bueno si a uno le dan ganas de regresar a la infancia solo para jugar con él"

El proyecto de Wonder Ponder propone la investigación filosófica como una estrategia compartida. No he comentado nada de las acertadas y atractivas ilustraciones de Daniela Martagón, ni del diseño con forma de caja que aproxima este artefacto para el pensamiento a una caja de Pandora contemporánea, pero todo lo que puede entrar por los ojos entra por los ojos. Las cajas son bonitas y alegres como cualquier juguete bien diseñado pero aquí la sencillez y los colores no deberían hacernos perder la conciencia de hasta qué punto son sofisticadas estas “cajitas”. Alguien me comentó en una ocasión que un juguete es bueno si a uno le dan ganas de regresar a la infancia solo para jugar con él, y a mí estas cajas me han hecho desear regresar a la infancia, para hablar tardes enteras con mi padre.

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Autor: Ellen Duthie y Daniela Martagón. Título: Pellízcame. Editorial: Ediciones Wonder Ponder. Venta: Amazon, Fnac y Casa del Libro

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