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¿Qué pasaría si…?

¿Qué pasaría si…?

SUBLIMACIÓN

  1. Acción y efecto de sublimar.

SUBLIMAR

  1. Engrandecer, exaltar, elevar a un grado superior.
  2. Fís. Pasar directamente del estado sólido al de vapor.
  3. Reducir algo, especialmente un cadáver, a gas.

SUBLIMADOR

  1. Dicho de una instalación o de un aparato destinado a sublimar.

Normalmente, de ese modo arranca la pregunta que desencadena en mi cabeza la incontrolable tormenta de pensamientos que acabará llevándome a la siguiente ficción. También normalmente, la pregunta suele referirse a un personaje que ya existe y que ansío introducir en una trama: Valentina Varga en Sangre, Ada Levy en sus tres dislocadas aventuras o Abril Zondervan, mi querida escritora muerta, en Las voces de Carol.

Con Sublimación, sin embargo, me ocurrió algo completamente diferente. El germen de la historia llegó antes de que nacieran sus personajes, emergió sin que yo me diera cuenta de un profundo enfado con el mundo que arrastraba en silencio desde hacía bastante tiempo. Las crecientes injusticias sociales, a dos metros de mí o en la otra punta del mundo. La preocupante proliferación de políticos incompetentes y políticas ineficaces. La constante sensación de que cualquier cosa, ¡cualquiera!, podía ser objeto de especulación: la vivienda, la luz, el agua, el cuerpo, la mente, la vida… La muerte. La falta de cariño en general que encontraba allá donde posara la mirada.

Estaba tan enojada que si no vomitaba de algún modo toda la impotencia y la rabia acumuladas, temía perder para siempre la sonrisa y convertirme en una energúmena más. Y así fue como comenzó un proceso creativo, podríamos decir, en tres fases.

FASE UNO: DESPRESURIZACIÓN

Primero me desahogué con un buen amigo, José Antonio Muñoz, hasta su reciente jubilación gerente del cementerio de Granada. En una de nuestras tardes de café y libros, le hablé de ese enfado con el mundo que cada vez me tenía más envenenada. Él, un señor cargado de experiencia, me tranquilizó del mejor-peor modo que podía tranquilizarme. Me insto a que aceptara la realidad porque, por mucho que yo quisiera, nada en ella iba a cambiar de la noche a la mañana. Luego me contó una de las batallas a las que se tuvo que enfrentar en sus muchos años al frente del cementerio, cuando éste era aún de dominio municipal. Batalla que prefiero no detallar pues me extendería demasiado, aunque puedo resumirla en una palabra que, por desgracia, gracias a nuestros queridos políticos, conocemos demasiado bien: corrupción.

Más tarde, con mi rabia algo más aplacada y embriagada ya por un creciente torrente de imaginación, mi amigo y yo hablamos sobre el futuro de la muerte, sobre la posibilidad de evaporar cadáveres y sobre algunos temas más que no permearon en mi memoria porque la promesa de una nueva historia me había atrapado por completo. Aquel día llegué a casa con una poderosa pregunta taladrándome el cráneo:

¿Qué pasaría si en nuestra sociedad se utilizara
la muerte como herramienta de control social?

Por la noche, me puse a tomar notas como una loca. Soy licenciada en biología, y siempre me ha apasionado —y aterrorizado— la idea de usar la ingeniería genética en el campo de la microbiología. Agentes infecciosos diseñados expresamente para matar y ataques biológicos silenciosos. Y así fue como decidí que la única forma —al menos en mi cabeza— de llegar a una situación en la que la muerte pudiera ser usada como yugo social era una pandemia.

Corría el ocaso de 2018 cuando perfilé la primera versión de la historia. Aproveché el estreno de 2019 para vender la idea a Storytel con el objetivo de crear una audioserie original que más tarde acabaría convertida en novela. A finales de 2019 me dieron el sí definitivo y…

Y luego llegaron 2020 y su pandemia.

FASE DOS: CRIOGENIZACIÓN

¿Con qué cara iba a sentarme a contarle a futuros oyentes y lectores cómo se desencadena una pandemia y cuáles pueden ser sus consecuencias si la historia que yo escribía en plena fase de expansión del virus iba a publicarse más de un año después, cuando esos oyentes y lectores ya iban a estar hartos de oír hablar del tema?

El SARS-Cov-2 me obligó a sentarme de nuevo a trabajar en la idea original, a eliminar todas las referencias a la creación de un arma biológica y sus consecuencias inmediatas sobre la población, para centrarme en lo verdaderamente importante en la historia: sus personajes.

FASE TRES: SUBLIMACIÓN

Fue así como nació León, también conocido como el falso marcado, un chico de los suburbios que venderá su alma para recuperar el cuerpo extraviado de su hermana Río. También así nació Dante Hermo, el nuevo gerente del BCF, o Banco Central de Finados, que, para huir del dolor que le provoca la inminente muerte de su esposa, se obsesionará con la desaparición de cadáveres en los distintos bancos de la nación. Y Elia Melgar, una periodista de la Agencia EFE que usará como excusa la trama de los cuerpos extraviados para alcanzar un objetivo mucho más oscuro. Y la irónica y directa San La Muerte. Y los niños perdidos. Y la Yaya, cruel Madre de los Suburbios. Y los deleznables carroñeros. Y muchos personajes más sin lo que Sublimación, a día de hoy, sería nada.

Pero que no te despiste lo que acabo de contarte. No, si estás pensando en ir de vacaciones a Nueva Iberia o hacer una visita al BCF. Salvo que seas purasangre, si algo te ocurre en las calles de la capital y no hay nadie con autoridad y dinero para reclamar tu cuerpo, acabarán convirtiéndote en un bien de consumo más.

“Nunca un llanto abrió con tanta dulzura las puertas del más allá.

Consulte sin compromiso nuestro servicio de plañideras.

BCF, especialistas en descanso eterno.”

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Autor: Clara Peñalver. Título: Sublimación. Editorial: Ediciones B. Venta: Todostuslibros y Amazon

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