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Repóquer de negras

Hay un axioma que asegura que el verano —o, más bien, las vacaciones que a él se asocian— favorece la lectura. Hay otro, mucho más discutido y discutible, que formula que los libros idóneos para afrontar los rigores estivales son aquellos que, en mayor o menor medida, se decantan por el género negro y sus territorios colindantes. Por hacer buena la conjugación de ambas afirmaciones —y por recordar que cuando estas líneas vean la luz se estará celebrando en Gijón la Semana Negra, el más veterano de los festivales españoles dedicados a la narrativa negra y criminal, que precisamente cumple en este estío tres décadas de vida—, se recomiendan aquí algunos libros a los que cabe situar dentro de esa tendencia. Son obras muy distintas que se ven emparentadas por dos características comunes. La primera es bastante obvia: todas intentan arrojar algo de luz sobre las negritudes y las contradicciones de las épocas que tratan, que en la mayoría de los casos es ésta que vivimos. La segunda tiene que ver, única y exclusivamente, con lo bien que se lo pasó quien esto firma mientras dejaba transcurrir las horas enfrascado en su lectura.

"Laura Olivo, reputada y temida agente literaria, es asesinada y las pesquisas sobre el crimen recaen en un detective que, como el propio autor, procede del Perú"

El asesinato de Laura Olivo (Alianza Editorial). Jorge Eduardo Benavides. Es curioso que la novela negra lleve ya unos cuantos años en pleno apogeo y, sin embargo, no abunden las tramas que se decidan por acercar el género a las interioridades del mundillo literario. Lo hizo Manuel Vázquez Montalbán en El premio —una de las últimas novelas de la saga protagonizada por el detective Pepe Carvalho— y lo hace ahora Jorge Eduardo Benavides. Peruano afincado en España desde hace un buen tiempo, Benavides tiene a sus espaldas una obra considerable (La noche de Morgana, La paz de los vencidos, El enigma del convento, por citar sólo unos pocos títulos) y conoce bien el terreno en el que se mueve, que es el que inspira esta novela, con la que obtuvo el premio Fernando Quiñones. Laura Olivo, reputada y temida agente literaria, es asesinada y las pesquisas sobre el crimen recaen en un detective que, como el propio autor, procede del Perú aunque se encuentre ya bastante situado en España. La investigación le obligará a adentrarse en los vericuetos del mundillo literario, que él desconoce por completo, y a tratar con los más variopintos ejemplares de una flora y una fauna que conforman un paisaje humano tan fascinante como terrible. Entre escritores y editores, a través de las oficinas de Madrid y los salones de Barcelona, Colorado Larrazabal, tal es el nombre del detective, atravesará un laberinto que le llevará a buscar el manuscrito perdido de un autor hoy ignorado, pero a quien muchos consideraron el mayor representante del famoso boom.

"El mal y el tiempo retrata con descarnada precisión aquella borrachera macroeconómica que entronizó al neoliberalismo y sus efectos devastadores para todos"

El mal y el tiempo (Nocturna). Carlos Fortea. Traductor experimentado —ha vertido al castellano a autores como Stefan Zweig o Günter Grass— y aplaudido escritor de novelas infantiles —El diablo en Madrid o A tumba abierta—, Carlos Fortea debutó en la narrativa para adultos con Los jugadores, ambientada en la Conferencia de Paz de París de 1939, y reincide ahora con este título en el que explora la trastienda de los gloriosos años noventa a partir de sus repercusiones en este tiempo que nos toca transitar ahora mismo. Dividida en tres partes —dos de ellas suceden en 2012, entre Madrid y Asturias; la tercera se remonta al tiempo de pasión y éxtasis de sus protagonistas—, y estructurada en torno a tres personajes sobre los que se sustentan tanto la acción como todo lo que ésta va sugiriendo, El mal y el tiempo retrata con descarnada precisión aquella borrachera macroeconómica que entronizó al neoliberalismo y sus efectos devastadores para todos, también en ocasiones para los mismos que contribuyeron a su triunfo irrebatible.

"Quizá Filek sea el título más heterodoxo, en cuanto a su inclusión dentro del género negro se refiere, pero Ignacio Martínez de Pisón es siempre una garantía"

Filek (Seix Barral). Ignacio Martínez de Pisón. Quizá sea éste el título más heterodoxo, en cuanto a su inclusión dentro del género negro se refiere, pero por una parte Ignacio Martínez de Pisón es siempre una garantía, y por otra no dejamos de estar ante la historia (real y documentada) de un estafador que llegó a engañar al régimen franquista y puso al descubierto —todo lo al descubierto que se podían poner las cosas en aquella época, hablamos de la inmediata posguerra— la precariedad intelectual de una dictadura que aún se prolongaría durante otras tres décadas. Albert Elder von Filek fue un aristócrata austriaco que se dejó caer por España en los tiempos republicanos y que, tras un primer intento que no cuajó —cuando estalló la Guerra Civil le tocó penar en una prisión madrileña—, obtuvo las credenciales necesarias para presentarse ante las máximas autoridades franquistas y venderles una supuesta gasolina sintética que había conseguido elaborar empleando agua del Jarama, vegetales y ciertos ingredientes que nunca llegó a precisar. Era, como se puede suponer, un completo bulo, pero quienes tendrían que haberlo detectado se lo tragaron sin oponer el menor cuestionamiento. La ¿novela, ensayo? con la que Martínez de Pisón glosa las andanzas de este pícaro del siglo XX vuelve a exhibir todas las virtudes que caracterizan la prosa del autor aragonés y su enorme talento para embarcarse en empresas narrativas de aliento que abogan por desmenuzar episodios recientes de nuestra historia.

"La trama se ambienta en un pueblo de la Castilla profunda y va progresando entre tinieblas"

Los Caín (Alianza de Novelas). Enrique Llamas. Posiblemente sea ésta la sorpresa más refrescante de la temporada, toda vez que ninguna noticia hubo de Enrique Llamas hasta que apareció en escena con esta novela que es un verdadero golpe en la mesa. Anclado en la mejor tradición castellana —es inevitable pensar en Miguel Delibes—, pero sin despreciar las influencias y las preocupaciones estéticas propias de alguien de su generación —Llamas nació en 1989—, el jovencísimo escritor zamorano teje unas páginas que mezclan el noventayochismo con el surrealismo lisérgico de Lynch y cuyo prodigioso primer capítulo remite directamente a algunas de las fórmulas más gloriosas de la Latinoamérica mágica. La trama se ambienta en un pueblo de la Castilla profunda y va progresando entre tinieblas. Incluye una niña muerta tiempo atrás, un hombre que fallece de pronto dejando tras de sí a dos niñas huérfanas y un extraño accidente de tráfico en el que perdió la vida una joven a la que nadie procura referirse en voz alta. Pero también hay una epidemia que asesina a los ciervos de la comarca, un enfrentamiento ancestral entre vecinos y una reputación extendida por toda la provincia que lleva a que nadie se atreva a inmiscuirse por esas latitudes. Unos dirán que Los Caín es una novela negra, pero en muchos momentos parece más bien una novela de terror. Lo que está claro es que es una de esas novelas que vale la pena tener entre las manos.

"Cuídate de mí es una novela plenamente actual en la que se establece un posicionamiento ante el mundo sin perder de vista las exigencias formales"

Cuídate de mí (Plaza y Janés). María Frisa. Se ha venido caracterizando la obra de María Frisa por prestar una especial atención al papel que desempeñan las mujeres en la sociedad española actual. Esta novela profundiza en esa intención y constituye uno de los rarísimos casos de la literatura negra en la que las mujeres se convierten en el centro de una trama que se desenvuelve entre giros endiablados y cambios de perspectiva que obligan al lector a permanecer enganchado a la página. Dos policías, la inspectora Lara Samper y la subinspectora Bea Guallar, afrontan la investigación del asesinato de un hombre al que ya tuvieron entre ceja y ceja como presunto autor de un delito de malos tratos. La endiablada circunstancia de tener que juzgar a una misma persona como víctima y verdugo, el tratamiento de temas tan vigentes como el machismo, la violencia de género o el ciberacoso, y la maestría de la autora para forjar una prosa directa que no renuncie a la búsqueda de una cierta plasticidad siempre que ésta venga al caso, convierten Cuídate de mí en una novela plenamente actual en la que se establece un posicionamiento ante el mundo sin perder de vista las exigencias formales.