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San Vicente Ferrer 34, de Iñaki Domínguez

San Vicente Ferrer 34, de Iñaki Domínguez

Varios toxicómanos maduros fuman base de cocaína en un narcopiso de Malasaña. Entre todos rememoran las décadas de los 70 y 80, los años dorados de su juventud. 

En Zenda ofrecemos un adelanto de la obra de teatro de Iñaki Domínguez, San Vicente Ferrer 34 (Vencejo ediciones, 2024).

 

ACTO PRIMERO

Gus: (Pegando una fuerte calada de su pipa) Se habla mucho en las noticias de los narcopisos de Malasaña. Dentro de poco vamos a salir en la prensa…

Niña Loca: Cada dos por tres hay una redada. Hace poco se cargaron el piso del Paco y el Juli, en Tesoro.

Lola: (Con voz ronca) ¿Sí? Pues muy mal. Hace un tiempo que los vecinos se vienen quejando. Dan golpes en las paredes y hablan entre ellos. Menos hablar conmigo, hablan con to dios. A ver si nos van a hacer una redada.

Niña loca: No te emparanoies, mujer. Fumar y dormir, eso es lo único que importa. Fumar y dormir, eso es vida. Aunque yo duermo solo por necesidad. Si por mí fuese, solo fumaría (ríe).

Lola: Nos quieren echar de nuestras casas. Y el barrio se está llenando de modernos.

Gus: En este barrio siempre ha habido modernos.

Lola: Sí, pero antes los modernos éramos nosotros, y míranos. Ahora los modernos son guiris o niñatos de pueblo.

Gus: Te entiendo. El otro día me entraron ganas de mear cuando llegaba a calle Pozas desde Noviciado. Me desabrocho el cinturón para echar el chorrillo en un arbolito pequeño de estos, y aparece un gordo a grito pelao: «¡¿Qué haces ensuciando mi barrio?!».  Yo me quedé sin palabras, ni siquiera había meado, solo me había desabrochado el cinturón y había hecho el gesto de hacer pipí. Y el tío va y para a un coche de policía que pasaba por ahí. Y, claro, no pudieron hacer nada porque yo ni siquiera había meado. Y yo calladito porque llevaba medio pollo de perico en el bolsillo. Se pira el coche y mientras me voy caminando me vuelve a repetir: «¡¿Qué haces ensuciando mi barrio?!». Y yo pensando: «Pero ¡¿cómo que tu barrio, gilipollas?! Si tú eres de Villabotijos de abajo, de Esparraguera, de Calzada de Calatrava o de a saber dónde… Yo nací en calle Tesoro, payaso», pero me tuve que callar por lo del perico. En mis viejos tiempos el tontolaba ese se la habría llevado, pero buena…

Lola: A los que más se les llena la boca con eso de «mi barrio», ni son del barrio ni han pisado un barrio en su puta vida. Se creen muy modernos y muy de barrio, pero son de no sé qué pueblo. Paletillos de mierda…

Gus: Vaya pedazo de mierda, qué asco de gente. Pagan mucho dinero para poder decir eso de «mi barrio», porque resulta que son de una aldea perdida de la mano de dios y quieren creerse lo que no son. ¡Que se vuelvan a su pueblo minero y dejen de decir pijadas!

Lola: Ese es un niño pera, un tonto a las tres.

Gus: Un tonto a las tres, a las cuatro y a las cinco. ¡Un tonto a todas horas! ¡Un tonto aquí, en Pekín y en Pokón! Ese cobrará mil pavos todos los meses y su padre le dará otros mil el día uno para que pueda vivir en Malasaña. Y así todos los nuevos «vecinos» del «barrio».

Lola: ¡Vaya soplapollas! Ese es el típico que dice: «Yo soy del barrio». Pero si llevas en el barrio un año viviendo, o llevas tres meses.

Gus: Y tanto. Y el tipo era bien talludito, pero claro, si no paga papá se tiene que volver al pueblo.

Lola: O a San Blas, Carabanchel…

Gus: Pero ahí no le mola. Quiere ser de Malasaña como yo. ¡Me quiere suplantar! Y encima me insulta por ensuciar «su barrio». Es acojonante. Ahora Malasaña se ha vuelto el barrio de todos.

Mientras hablan, Niña Loca fuma con expresión poco apreciativa. Le importa una mierda lo que dicen, ella solo quiere fumar.

Lola: (Pega una gran calada a su pipa metálica y habla sin soltar el humo) El otro día me registraron en la calle Velarde por ir caminando con una lata en la mano y me pusieron una multa por beber cerveza. Suerte que no llevaba nada más… En lo que se ha convertido el barrio… Ya no tengo dónde tomarme tres cervezas normales y un café con leche. Todo son pijadas. Panaderías de «masa madre» a ocho euros el pan. Perros con abriguitos (no vaya a ser que se constipen) y no sé cuántas mierdas más. Lo de los perros es de risa… Solo les falta vender gafas de sol y condones extrafinos para perros no vaya a ser que los animalitos se pierdan las exquisiteces de la vida.

Gus: Ja, ja, ja. Ya te digo… Dentro de poco abrirán Perrolandia aquí en el centro. ¡Un parque de atracciones para perros!

Lola: ¡Y puticlubs para perros! ¡Pero puticlubs caros! ¡Y saunas! Madre mía, cómo están las cabezas…

Gus: Los que dicen «mi barrio» son los que luego se quejan de la «gentilicación» o «gentificación», o como se llame. ¡Si son ellos los que vienen de fuera y encarecen el barrio! ¡La «gentificación» eres tú, payaso! ¡Que si no vives en Malasaña te va a dar un parraque! Putos pijipis…

Lola: Bueno, cuanto más caros los pisos mejor, que así es más rico mi Róber, ¡el dueño de esta casa!

Niña Loca: ¿Y dónde anda él?

Lola: En la habitación. Descansando… (A Gus) ¿Te acuerdas cuando Malasaña era nuestra y hacíamos lo que nos daba la gana? ¿Y no venían payasos de pueblo a hacerse pasar por dueños del vecindario?

Gus: ¡Y tanto! El primer pub que abrieron aquí fue el Pentagrama. Murió Franco, y el primer pub que se abrió aquí fue el Pentagrama.

Lola: Es de los tres o cuatro que quedan todavía con el mismo nombre.

Gus: Como la Vía Láctea.

Lola: ¡Por ejemplo! Ese era otro. Y otro era el Manuela Malasaña, por ejemplo. Y otro es el Estar, en San Vicente Ferrer.

Gus: También estaba el Mago.

Lola: ¡Ya! Pero el Mago ya murió… Hablamos de garitos que no han cambiado ni de estética ni de nada, ni de nombre… (Fuma de la pipa mientras quema roca).

Gus: ¿Y el Malasaña? (Fuma de la pipa).

Lola: ¡El Malasaña tampoco, no tiene nada que ver! Ahora es una discoteca garito, un disco-pub… ¡Que parece mentira que yo tenga que hablar de tu barrio, siendo tu barrio! ¡Que yo soy de Argüelles! Aunque este es mi segundo barrio, porque aquí nacieron mis hijas y mi marido.

Gus: ¿Qué fue de Carla y Bea?

Lola: Mi Carla ha salido una chica muy seria. Vive en el extranjero. De Bea no sé casi nada. Está enfadada con nosotros. Ya no nos habla. Pero dice Carla que no le va mal, vive con un tipo en Leganés.

Llaman al telefonillo y el Pirata lo coge para responder. Alguien pide permiso para subir. El Pirata abre y deja la puerta entreabierta. Se oyen unas pisadas subiendo las escaleras. Entra el Antoine por la puerta (se llama Antonio, pero así le llaman en plan de broma). Se trata de un hombre de la misma generación que la mayoría de los presentes con un fuerte acento de macarra madrileño, casi como el Pirri, de las famosas películas de Eloy de Iglesia; como el cantante de Burning.

Antoine: (Se dirige a los fumadores sentados en la mesa) ¡Hombre! ¡Dichosos los ojos!

Lola: ¿Qué tal, Antoine?

Gus: ¡Arriba la golfería, abajo la Policía! ¡Ese Antoine!

Antoine: (Se dirige al Pirata con un billete de diez euros) Qué pasa, monstruo. ¿Me traes diez?

El Pirata se pierde en una de las habitaciones de la casa. Vuelve poco después con una roquita.

Antoine: (Mientras saca una pipa del bolsillo, dice en tono de sorna) ¿De qué vais? ¿De qué habláis?

Lola: De los antiguos garitos del barrio, los buenos (Fuma intensamente mientras quema).

Antoine: (Con cara de sana y alegre nostalgia, mira al infinito) ¡Sí, señor! ¡Qué recuerdos! ¿Os acordáis del Plástico, de la Gata?

Gus: ¿La Gata?

Antoine: Sí, tronco, que teníamos dieciséis años, colega, y ya estábamos en el club metidos, que nos dejaban la segunda planta para meternos y vender ahí. Yo flipaba. Eso sería el 79, 80 (mientras habla cocina la coca con amoniaco).

Lola: Eso era la Gata, en frente del Plástico.

Antoine: El Plástico era otro pub emblemático que desapareció. Iba mucho hippy, mucho desmadrao… Iban puestos de todo… de marihuana, de tripi, de anfetas, tronco… Ya en aquellos entonces… Había chavalitas encantadoras, preciosas, ¿sabes cómo te digo? Una inmensa mayoría de ellas pijas, aunque no todas. Había un nivel… Ahí en el Plástico yo he follado. Pero yo y el otro, y el otro. Y en la Gata ni te cuento. En el reservado de arriba…

Lola: Luego, íbamos al Viki, ¿te acuerdas? Era un garito que habían abierto dos hermanos (Vuelve a fumar con avidez).

Antoine: Éramos sus clientes… Los dueños acababan de llegar al barrio y dijeron: «¡Hostia, seguridad!». En Malasaña en aquellos años había trapicheros, shirleros, atracadores, eehhhh… cada noche, klas, klas: «¡Abre la caja!». (Fuma de la pipa y aguanta el humo al máximo).

Gus: Sí, sí. Era en plan: «Tú nos dejas estar en tu garito, nos atiendes bien…».

Antoine: «¡Pero tenemos tu seguridad garantizada!» (Da su segunda y larga calada mientras quema la roca).

Gus: «Aquí no va entrar a atracarte nadie, porque esta es nuestra casa». Pero, cuidao, «nosotros ni te hemos propuesto nada, ni te cobramos nada…».

Antoine: ¡Ni nos tienes que dar nada! ¡Tú sabes a lo que nos dedicamos, entonces déjanos dedicarnos!

Lola: Vendíais o consumíais.

Gus: Ahí, más bien, hacíamos lo primero para lo segundo.

Antoine: Eso es, efectivamente.

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Autor: Iñaki Domínguez. Título: San Vicente Ferrer 34. Editorial: Vencejo ediciones. Venta: página web de la editorial.

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José Ramón
José Ramón
20 ddís hace

Espero te vaya muy bien con tu obra. Pero he de ser sincero conmigo y contigo. Yo he estado enganchado a la base, al bazuko, una buena temporada y te puedo asegurar que no hay conversaciones en ese tono que tú le das. Por lo general solo se habla de droga, más droga, de cómo conseguir dinero,con gente intentando robarte, casi nadie se conoce,y nadie se fía de nadie. Con alguna que otra puñalada, mujeres ofreciendo su cuerpo por cinco euros, una mísera piedra, una simple calada, con camellos que te obligan a limpiar el piso o a comer con ellos aunque no tengas ganas, ha hacer sus recados, recibiendo un trato arbitrario por lo general. En fin. El barrio chino de Barcelona se ha convertido en una auténtica selva. Al menos hace siete años así era. Has estado en alguno, supongo,o en varios? No te quiero agobiar, bueno a nadie. Ni a mi mismo. Que todo te vaya redondo. Ciao.