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Se nos escapa la vida de las manos

Se nos escapa la vida de las manos

La vida es lo que pasa mientras vas y vuelves del trabajo en transporte público. Si piensas que esto es una exageración, es porque perteneces a uno de estos grupos de personas privilegiadas: los que usan vehículo propio; los que teletrabajan; los que no trabajan (y viven de sus inversiones, o de las rentas familiares, o de lo que sea que viven los ricos). En una ciudad grande como Madrid, con tanto extrarradio y tanto barrio dormitorio, un trabajador puede perder entre una hora y media y tres horas diarias en ir y volver a su puesto de trabajo. No hay mayor tiempo perdido que este, puesto que no se está dedicando al descanso, ni a la realización personal, ni al ocio, ni a los cuidados, pero tampoco cuenta como jornada laboral: un limbo de estaciones, retrasos, olor a sudor y codazos en el que se nos va la vida entera.

La protagonista de Manos de pobre (Aristas Martínez, 2026), el cómic con el que Silvia Bezos ha ganado la última edición del premio PANG! de novela gráfica convocado por la editorial extremeña, es una chica de edad indefinida y trabajo indefinido que se pasa toda su existencia en el metro. Literalmente. Las páginas del cómic abarcan una semana de vida (si es que esto es vida), de lunes a domingo, seis de siete días trabajando, y el personaje no abandona el metro en ningún momento. Una se pregunta si el mundo real existe ahí fuera, o si todo lo que nos queda a los trabajadores es esto, un ir y venir constante, sin metas deseables.

"En este cómic no pasa nada. Absolutamente nada. Como en la mayor parte de los días de la mayor parte de los trabajadores asalariados"

Avanzan los días de la semana como avanzan las paradas de metro. Monótonos, casi idénticos, rutinarios. Desde las paredes de la estación, nos gritan los anuncios que apelan al consumismo (de viajes, de restaurantes, de conciertos, de productos de belleza…), al desarrollo de la mejor versión de nosotros mismos (¿es que acaso no es esta?), a la meritocracia basada en el trabajo duro que prometen los másters y las universidades online (porque los que no cogen el metro no necesitan que les hablen de meritocracia).

En este cómic no pasa nada. Absolutamente nada. Como en la mayor parte de los días de la mayor parte de los trabajadores asalariados. La protagonista sin nombre, con su trazo simple, algo naíf, y su paleta de colores planos y saturados, está obsesionada con la clase social. La lucha de clases, la opresión de clase, la herencia de clase, la vergüenza de clase… De camino al trabajo, mantiene conversaciones imaginarias con bebés y perros que van sentados en el mismo vagón de metro que ella, y que le rebaten argumentos sobre la tiranía del mercado laboral y la diferencia de oportunidades (laborales y de vida, en general) según la cuna en la que hayas nacido. Por las páginas del cómic también deambulan autoras famosas por haber diseccionado la identidad de clase: Elena Ferrante, Carmen Laforet, Cristina Morales, Luisa Carnés, Annie Ernaux…

En conjunto, Manos de pobre resulta una concatenación ligera y divertida, pero también algo simple, repetitiva para quien haya leído mucho acerca del tema, de reflexiones acerca del mercado laboral, la meritocracia y la clase social. Más que hacer llegar el mensaje al lector a través de una trama, el monigote protagonista (tan simpática ella, tan cansada, tan enfadada) se ha propuesto elaborar un panfleto rabioso sobre lo injusto de ser pobre. ¿Y por qué no? Total, tiene tiempo (perdido) mientras sigue esperando al próximo metro.

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Autor: Silvia Bezos. Título: Manos de pobre. Editorial: Aristas Martínez. Venta: Todos tus libros.

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