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Selam Wearing y el advenimiento del espacio interior

Selam Wearing y el advenimiento del espacio interior

Tengo miedo a morir sin haber amado bastante

GLORIA FUERTES

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Llevo muchos años, quizá toda la vida, esperando la llegada del tipo de poesía que escribe Selam Wearing, que es la única poesía que tal vez pueda seguir gozando de salud y posibilidades de crecimiento en el mundo o posmundo que habitamos; a esta poesía podría llamarla pospoesía, y ese no sería en absoluto un término peyorativo, sino yo diría que exacto. (Por otra parte, define un algo que no es tan nuevo, porque ya afirmaba el Eclesiastés que «no hay nada nuevo bajo el sol», y se me ocurre que Bécquer, sin ir más lejos, practicaba un subgénero parecido…; aunque podríamos remontarnos muchísimo más atrás, a tiempos juglarescos y de trovadores, o ir a la raíz de todo y recordar las jarchas y las cantigas de amor y de amigo. Señalo un dato, por cierto, que considero importante: Bécquer no publicó en vida, formalmente al menos, sus poesías…; y poesía en lugar de poema es otra palabra que me interesa mucho en este contexto, y que quizá deberíamos volver a dignificar en su acepción de «pieza poética individual».)

Los chavales de ahora mismo no leen a Miguel Hernández, ni a Lorca, ni a César Vallejo. Tampoco leen a Ortega. Shakespeare y Calderón no parecen quitarles el sueño. Lope les puede interesar, pero en todo caso, más que como poeta y dramaturgo, como intrépido donjuán de carne y hueso, llevado por el cine a sus retinas siempre hambrientas de imagen. La lista podría seguir, y llenar abundantes páginas. Sin embargo, a esos mismos chavales (estupendos, en su gran mayoría; frescos en su ávido candor juvenil gozosamente empecinado en darle la espalda a la amargura), a esos mismos chavales, digo, les puedes enseñar fragmentos o jirones, o muestras escogidas, de todos esos escritores, e innumerables más, y se empaparán de ellos hasta el tuétano, advirtiendo al instante las bondades de sus contenidos…; y no dude nadie que sabrán apreciar su profunda belleza y su palpitante oportunidad y relevancia. Lo que ha dejado de importar, y me parece que a eso me quería yo referir más arriba cuando he dicho que llevaba toda la vida esperando este suceso feliz y maravilloso, son los nombres y apellidos. Ya no importa «haber leído» a Miguel Hernández, a García Lorca, a César Vallejo, a Ortega y Gasset, a William Shakespeare, a Calderón de la Barca… ni a Pepito de los Palotes. ¡Porque no se leen —nunca se han leído— nombres y apellidos! Hemos dado, entonces, un giro «hacia delante y hacia atrás» de trescientos sesenta grados: lo que importa ahora —una vez más, como en épocas remotas de anonimato y escritura colectiva— son los textos, y el sangrante y auténticamente humano vínculo que se establece entre la palabra en el tiempo y la existencia de cada ser humano, tomada en concreto, y de la comunidad humana en su más amplio conjunto. […]

"Selam Wearing vive obsesionado por lo único que a nadie debería importarle, que es lo que podríamos llamar la oportunidad de los afectos"

Selam Wearing no desea saber nada de política, de «cuestiones sociales», de la inútil —pero bien diabólica— palabrería de eso que los moribundos medios de comunicación convencionales, en su canallesca desfachatez falseadora, aún pretenden denominar «actualidad»…; porque es consciente de que todo eso no son más que manriqueñas «verduras de las eras»…, escoria vacía que desgasta y agota el espíritu, y para colmo le baila y sigue el juego al «Gran Teatro del Mundo» que Baltasar Gracián ya redujo a jirones de pellejo en su magna obra, El Criticón. Selam Wearing vive obsesionado por lo único que a nadie debería importarle, que es lo que podríamos llamar la oportunidad de los afectos…; […]

Los seres humanos somos afectos, o ausencia de ellos… Parafraseando a Leonard Cohen (maestro de nuestro poeta, lo sepa él o no): «Todo tiempo en que hombre y mujer, sublimes y desnudos, no se estén interrogando frente a frente, es tiempo grotescamente perdido». ¡Ay! ¡Ese es el dolor! Alas! ¡Ese es el rub shakespeariano! Pedro Salinas lo expresó con su habitual virtuosismo conceptual: Todo quiere ser dos. (Y los matemáticos, que saben algo del sistema binario y de las leyes que rigen el universo, conocen bien esa verdad: que el universo mismo es dos.)

"Le doy paso. Suenen sus aires de tristeza y anhelo"

Tú y yo…, proclama Selam. Le amo por ello. Como antes he dicho, ya iba siendo larga hora. Le doy paso. Suenen sus aires de tristeza y anhelo. Los demás hilos de este breve prólogo merecen ser seguidos con más calma y rigor en otra parte… Lo que me apremiaba ahora —con candor à la Ginsberg lo confieso— era quitarme este anímico fardo de secular agobio de encima, y quitarme el sombrero ante el porvenir que estos nuevos heraldos del mundo afectivo nos anuncian.

La historia del hombre, y de la mujer, y del hombre y la mujer, no está —pese a viles agoreros— vista ni mucho menos para sentencia.

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Resumen del prólogo de Roger Wolfe al libro de Selam Wearing, Tú y yo nunca fuimos nosotros. Editorial: Verso y Cuento. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro

Biobibliografía de Selam Wearing:

Selam Wearing (Huelva, 1991) siente debilidad por los placeres sencillos y tiene especial afinidad con las relaciones complicadas. Fiel devoto de las buenas personas. Adepto de los gatos y fan de la cerveza. Desastre en general. Comenzó escribiendo para dar respuesta a sus propias inquietudes pero pronto descubrió que, en realidad, todos tenemos las mismas. Entre sus principales influencias reconoce a Charles Bukowski, Karmelo C. Iribarren o Roger Wolfe. Selam ha dicho: “Esto no es otro libro de poemas, soy yo pidiendo auxilio, pero nadie me socorre”.

Zenda ha salido en su ayuda publicando estos versos e invita a leerlos y a buscar después su libro en librerías como única vía de salvación y auxilio a la literatura.

Cinco poemas de Selam Wearing

BREVE HISTORIA DE AMOR

ETERNO

He conocido a alguien.

Es ella, pero yo no soy él

——-

LEY UNIVERSAL

Dos personas que huyen

de un mismo sentimiento,

huyen en la misma dirección

——

EL DESEO

Si te atreves a volver a mirarme

como miran los niños

los juguetes

al otro lado del escaparate,

atravesaré el cristal.

——

ENCUENTROS PROHIBIDOS

Le pregunté si sabía guardar un secreto

y asintió con la cabeza,

mirándome como si ya estuviese desnudo.

 

Aquello sucedió una sola vez;

reincidir era condenarse.

——–

LOS LUNES

Odio los lunes

y detesto trabajar por las tardes,

pero hoy iba de camino,

y te he visto por casualidad,

y he pensado

que en realidad los lunes no me han hecho nada,

y que trabajar por las tardes

tampoco está tan mal.

La felicidad

—o su sensación—

a pesar de lo que dicen los cuentos,

se encuentra en los momentos más inesperados,

en los más fugaces,

y no tanto en las historias de amor

de cincuenta años

—pasan tantas cosas en cincuenta años…—.

 

Foto de portada: Alejandro Onieva