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Selección del concurso de poesía de El Club de los Poetas Vivos

El Club de los Poetas Vivos

Aquí puedes leer los veinte poemas que optan a los premios de nuestro concurso en El Club de los Poetas Vivos. Este miércoles, 11 de octubre de 2017, anunciaremos los nombres del ganador y del finalista. Este concurso está patrocinado por Iberdrola y dotado con 3.000 euros en premios.

Para participar, era preciso escribir un poema en internet, mediante una entrada en un blog, una anotación en Facebook o un tuit en Twitter. Una vez los concursantes hubieran publicado el texto en su blog, Facebook o Twitter, tenían que inscribirse registrándose en el Foro de Zenda en el apartado http://foro.zendalibros.com/forums/topic/concurso-de-poesia-de-Zenda-e-Iberdrola/. Además, podían difundir su anotación en las redes sociales (Facebook o Twitter) mediante el hashtag #elclubdelospoetasvivos.

El jurado que valora la calidad literaria y la originalidad de los textos lo forman los poetas José Manuel Caballero Bonald, Luis García Montero, Raquel Lanseros, Antonio Lucas y Ana Merino, con Miguel Munárriz como secretario.El primer premio está dotado con 2.000 € en metálico. El premio para el otro texto finalista es de 1.000 € en metálico.

El orden de esta selección es aleatorio. Bajo estas líneas reproducimos los veinte poemas seleccionados.

1
JCSanchez
Batallas sobre el papel

Tengo alas de rutina incrustadas en las manos,
un pesar de lecturas agotadas y otras tantas
atestando las vitrinas de mis ojos
que jamás verán la luz de un tiempo libre.
Dispongo de miserias en forma de silencio
de las que se asustaría el común de los mortales.
Esos que pondrían en jaque el solaz de los encuentros,
que acometerían notas de melodías desgobernadas
en las canciones que acunan los sueños de nuevos gobiernos.
Y a pesar de todo, sigo viniendo.
Acudo cada cuándo, sin un cómo, ni un por qué
simplemente como una mera muestra de un apático
descontento, un contumaz latido de pensamientos,
un extraño chirriar de letras esparcidas por este campo
de batalla que es un folio. El chocar de espadas
que se afronta en el combate cuerpo a cuerpo
que es un texto.
Si no tuviera nada que decir…
si acabaran los motivos para este encierro voluntario,
esta embriaguez insana de inciertos aunque honestos lamentos.
Si se acabaran mis motivos un buen día.
Si ya no encontrara el camino del pecho hasta la mano,
si la cabeza se encontrase,
si la lengua tuviera una coherencia en su desprecio,
ya no habría sentido a tanta dicha sufriente
que se aloja en este cuerpo.
Entonces, solo entonces, podría cerrarlo todo,
apagarme…y seguir muerto.

***

José A. Pamies
Esta herida de luz

Esta herida de luz
imanta los sentidos,
conjura al lenguaje.

Y el poema nace
desde una reticencia natural
a los escaparates.

Espejo atemporal
de la experiencia errante,
don de luz introvertida.

***

3
Roberto Yunes
Capricho italiano

una línea encaprichada
anuncia almacén y
otra línea encaprichada
anuncia entre y
entro
y una vez adentro
cambian de capricho y
desaparezco

***

4
Juan Luis Jaime
Abril

El aullido del lobo

                                    y el cordero que bala.

Abril tiene aún escarcha en los pechos,

abril es una cueva de flores empapadas.

Si arañas el cristal, dibujarás imperios

con sus brunas banderas.

                                             Pero hay faros que iluminan naufragios.

Quizás al susurrarte

                                            toda corteza busca

                                           acariciar la madera desnuda

decidas entreabrir la ventana buscando

el frío bajo cicatrices negras.

Y acaso también cantes

                                           toda madera encuentra

                                          el pan en cada astilla.

Entonces, solo entonces, abril se fundiría

en una formidable pavesa plateada.

Y en el beso cabría

                                         oleajes de incendios.

Y el balido del lobo

                                   y el cordero que aúlla.

***

5

Benigno López Moure
Para no hablar de ti

Para no hablar de ti
sólo me sirve el silencio.
Mantengo la boca cerrada
y pienso en todas las cosas
que no te recuerdan,
cucharas, alfileres o cepillos de dientes
forman parte del repertorio inanimado
de la distracción.
Cuando es inevitable
pronunciar una palabra,
procuro retorcer la ortografía,
me enfrento al diccionario
y evito las sílabas
que se parecen a tu nombre,
desde que te conozco
a mi lenguaje le faltan adjetivos
que no tengan que ver con tu sonrisa.
Para no hablar de ti
me he apuntado a un curso de retórica
y he fracasado estrepitosamente.
Mis compañeros reconocen tu cuerpo
en mis palabras
y me felicitan por mis versos de amor
mientras yo intento hablar sobre política.
Ni siquiera puedo silbar
las canciones que me gustan
sin que inundes cada acorde que desafino.
Para no hablar de ti
-cucharas, alfileres o cepillos de dientes-
sólo me sirve el silencio
porque tu nombre
forma parte de mis labios.

***

6
:
África Guillén
Sibila

Mística dama que paseas por jardines
ya decadentes y secos
tu voz celestial devuelve
a la vida
a aquellos que yacen muertos

Tu luz de terciopelo ilumina
a tiempos que ya sino restos
y devuelves
la vida
a aquello que estaba muerto

Mujer de la rosa
Sibila del templo
Tu voz no se apaga
Tu luz
aún no ha muerto

***

7


Javier Gil
El tabaco perjudica seriamente tu presencia

Me acabas de decir un ahora vengo.
Haría falta una lluvia violenta para detenerte,
casi nunca te gustó ir a comprar tabaco sola.
Debería nevar sobre ti
que vas sin jersey, sin el manto de mis manos.
Desplomarse los semáforos aún tintados
de las manifestaciones de ayer,
los comerciantes, las niñas que sonríen a tu paso,
aquellas mariposas y ese frío que detestas,
eso haría falta.

Afrodita, por momentos, se vuelve ridícula después de irte
y aprovecho para hacer la colada.
Deseando saber la respuesta
cuando te pregunte: ¿Ya estás aquí?
Mientras ordeno los cojines del sofá,
las zapatillas errantes que circulan por el salón,
celebraré conocerte y no pretender escaparme.

Me asomo al balcón buscando tu complicidad,
aquella que extraño en las tardes de colegio.
No quiero imaginar que lo nuestro fue una quimera,
ni un amor de verano a golpes de caricias,
para luego ser la canción del olvido.
El teléfono hace presencia en esta soledad breve.
¿Queda pan para los desayunos?
Compra también todos los contigo, los presente
y una pizca de todavía. ¿Vienes ya? Sonríes.

El perfume de tu pijama perdura,
adolescencia empañada en mi escritorio,
la vecina del quinto discute con otra mujer,
los libros viejos que decoran la mesita de noche
y el pupitre de tu mirada
se dejan convencer durante esta ausencia
de que lo coherente es imaginar
los te quiero que nos decimos.

Los minutos van pasando, finalmente llegas.
¿Todo bien por aquí?
Compartimos manta y cubro tu cuerpo con ella.
Hubiera hecho falta un ejército de besos
para no decirte la verdad.
Y es que el tiempo, a veces, debería detenerse
y proponernos dejar de fumar.

***

8

Rosa Silverio
Te haré el amor

Te haré el amor en París y en Filadelfia
sobre las aguas del río Hudson
en los subterráneos del Times Square
en la montaña más alta de la tierra
en el escondite secreto de los tigres
cuando caiga la nieve y cuando llueva
en tiempos de sequía y en las noches de bombardeos
cuando el sol se aleje para siempre
cuando sean los últimos días del planeta
cuando eso ocurra
te haré el amor en las salas de cine
en los ascensores y en los coches en marcha
en los vagones vacíos de los trenes
en todos los aviones que tomemos
Te haré el amor y te tatuaré mi nombre
te morderé el corazón y te rasgaré los ojos
me desnudaré para ti y me quitaré la carne
me quedaré en huesos y te mostraré mis dientes
Te haré el amor en todos los idiomas
en nombre de todas las religiones
en todas las posiciones posibles
Así viviremos el tiempo que nos fue robado
el que tiré a la basura, el que no quise
el tiempo que me quitaron la enfermedad y las pastillas
el que le di a los buitres, los errores y las sombras.
Te haré el amor en Madrid, en nuestra tierra conquistada
en los tiempos de calor y en las épocas de frío
saltaré los charcos que dejaron los aguaceros
cerraré los capítulos más amargos
abriré para siempre nuestras puertas
y en todas las iglesias del mundo
resonarán felices las grandes campanas. 

***

9

Agustín Ostos Rubina
David

Dime, ¡oh David!, tú que has visto siglos pasar,
cuánto pagaste por la inmortalidad de mármol.
Baja la mirada y di
cómo es la emoción de esperar despierto el fin del mundo.

Absorto dudo cruzar el Rubicón inerme o armado,
maullar solitario en tejados ulcerados,
añadir moscas a la miel
o silbar despreocupado hasta mi turno.

Dime, ¡oh David!,
cuántos, de los que desnudo te escrutaron, sospechan tu verdad,
qué piensas de nosotros,
o si tienes frío.

Me pregunto cuál es el motivo de ser condenado a existir,
la razón del castigo de los caracoles,
el raciocinio errante de los locos,
el secreto desapegado de los dioses.

¿Dónde está tu amo para esculpir
hoy corazones hasta casi darles vida?
¿Por qué un ombligo si naciste de sus manos?
¿Qué te entristece? ¿Qué te hace feliz?
¿Alguna vez te enamoraste?

Otro día se va,
aunque éste se parecía mucho al de ayer.
La perseverancia del polvo no pasa en balde.

Dime, ¡oh David!, si
es cierto que detrás de hercúleos aspectos
hay mimbrosos zócalos que los sostengan,
cada cuántas noches las estatuas gritáis,
la frecuencia y peso de vuestras lágrimas al caer,
o si tienes hambre.

¿A dónde irás cuando seas libre?
–       A donde no conozcan mi nombre.
Un ceño receloso siempre encierra incertidumbre.
Y así fue cincelado el tuyo,
y así sigue.

Dime, ¡oh David!, que estornudas a escondidas
para que pueda creer que tu espíritu aún no ha sido lapidado
y así apuñale las pompas de mis clepsidras,
que por debajo de mis pies también se van los caminos.

***

10

Nacho Buzón Novo
Invita la casa

Pidieron una cerveza,
un vino blanco y
tiempo muerto.

Ninguna palabra más alta que la otra.
Ninguna palabra más.
Ninguna palabra.
Ninguna.

Al final pagaron sólo las consumiciones
y las consecuencias.

A la hora y pico de silencio invitó la casa

***

11
 
Sandy Torres
Él sentirá que es un hombre con suerte

Será en ese momento, cuando el recuerdo
me traiga algún gesto suyo,
entonces, creerá que quizá de él no me olvido.
Y sin querer, pensará en aquel lluvioso invierno.
Pensará en mí como en la blanca nieve
o en las gotas de lluvia fría.
El amor siempre se repite,
queda atrapado en otro tiempo;
en una llamada de teléfono;
en un corto mensaje;
en un apasionado beso junto al mar.
O en el último te quiero.
Será en ese momento que,
como el viento,
sin querer liberaré un suspiro.
Y pensaré en la vida.
Caminaré despacio con ella,
a su ritmo nos lleva hacia el olvido.
Y él sentirá que es un hombre con suerte.
Porque lo amará otra mujer.

***

12

José Manuel Muñoz Olmedo
Galones

Mi bisabuela rechazó a un prestigioso poeta por un tipo
que la hacía sentir mujer cuando arqueaba las cejas.
Al respirar era capaz de arrancarle pedazos de alma
a las personas que tenía cerca.

Mi bisabuelo boxeaba por dinero y salía a pescar los días de tormenta
en un bote cochambroso, la virgen del Carmen lo protegía o eso decía él.
Era capaz de levantar a pulso la furgoneta con la que repartía gaseosa.

Mi abuela cantaba mientras ponía el tendedero, y el patio interior
de aquel bloque de pisos encalados y minúsculos
se llenaba de rostros que la contemplaban con mudo respeto.

Mi abuelo reparó el mismo reloj de sol durante quince años,
después de hacer las tareas de casa,
para que unos vándalos lo volvieran a destrozar.
Un tipo cariñoso y metódico que una vez se peleó en el trabajo.

Mis padres accedieron a una formación universitaria
y fueron el orgullo de sus familias.
Mi madre se doctoró sacando dos críos adelante,
y no sabría decirte las tardes que vi estudiar a mi padre.

Esos son mis ancestros inmediatos,
Y esos son sus galones.
Sus grandezas cotidianas,
Lo que vive dentro de los que los viven y los vivieron.

Para que me entiendas.
Cuando me muera,
Ojalá me recuerden por la luz de mis ojos,
Lo franco de mi apretón de manos,
O que reaccioné con humanidad
En una situación complicada.
No hay muchas más cosas que importen ni necesito otras medallas.

***

13
 
Jorge Fernández-Bermejo
Fruta prohibida

Ya no me avergüenzo,
me dejé la vergüenza en la batalla,
y en lugar de taparme la sonrisa,
le enseño los dientes al portero,
cada vez que bajo a por tabaco.
He dejado de esconderme…de ti,
y ahora llamo a tu puerta cada día,
si me miras, ya no me sonrojo.
Le temo al olvido, pero a la inversa,
a que te acabe olvidando mi sonrisa,
por eso me embosco en la penumbra,
para besarte a hurtadillas en la nuca,
para que solo a mí me regales esa fruta
que escondiste en el fondo de tu boca.

***

14

Andrés Astur Treceño García
Marta pasea por El Muro

Dichosos los ojos que te ven, Marta.
Lacrimógenos, cristalinos,
pegan voraces bocados de sal
que erosionan la barandilla en la que te apoyas.
Si te inclinas, podrás contemplar la furia de su iris marino
que acomete, con cada mirada, un zarpazo de agua
que revuelve tu pelo y suscita en tus entrañas de caracola
una pregunta,
una suerte de duda.

Cuando quieras aliviarla, ya será tarde:
el tiempo habrá escarchado tu corazón de conchas.

***

15
Susana Rizo
A una biblioteca

Masía de viejos techos,
paredes de historias e historia.
Has visto tantas cosas,
la tierra y sus frutos,
el cemento implacable,
un relieve cambiante.
Tras cada grieta, un recuerdo,
tras cada libro, la inmortalidad.
Acogedora, amable y paciente,
reposo y consuelo de soledades.
Risas de vidas que empiezan,
y miradas de sabiduría
de una vida recorrida.
Continúa tu camino,
y no olvides nunca
las manos que te han reconocido.
Yo jamás olvidaré
el hogar que para mí fuiste.

***

16
Marta Vidán
Apunten, fuego

Apunto alto.
Les busco el punto a traseros
más respingones que el tuyo.
Como bolas de billar
mis pupilas se desvían
con el choque de las tuyas.

Pierdo dos puntos
y los suspensivos quedan
en punto final. Aparto
tus letras de mis ideas.

Repaso punto por punto
mis metas. Y subo a barcos
que se alejan de tu puerto
y despierto y me distraigo.

Apunto cosas.
Cocino, compongo, canto.
Puntualizo mis palabras
y, a veces, hasta
encuentro luz.

Pero, de momento, el punto
es que me cuesta dar
con los puntos a mi favor

y, por el amor de Dios,
cómo te quiero.

***

17
 
Berta Maldonado
Todo lo que no soy

No soy una geisha ígnea
que te siga con los pies menguados.
Ni la mano que te acuna,
ni la luna que te alumbra
por la ventana de tu cuarto.
Ni calor a veintidós grados
entres sábanas con bordados

No soy tu costilla,
ni tus ojos ni tus manos;
ni me callo
cuando debo,
ni, a veces, cuando puedo lo hago.

No soy despertar a las ocho
ni dormir puntualmente abrazados;
ni nada que indique
que mañana será igual a pasado y pasado al otro
como si repitéramos el calendario.
No soy lo simple, lo obvio, lo chato,
lo evidente,
lo que miras de frente
igual que miras todos los lados.

No soy una linea recta,
ni el camino mas corto,
ni el punto equidistante;
no soy todos los pasos
que caben entre tu y yo
cuando nos obcecamos
en olvidarnos.

No pido perdón ni perdono,
porque si me hieres y me quieres
me quedo con lo segundo
y lo demás lo habré olvidado
antes de lo que crees.

No tengo más ventanas que tejado
ni más hojas que raíces.
No me gustan las ciudades
que han olvidado su pasado,
ni soy capaz de olvidar el mío
aunque se declare mi enemigo
y no mi aliado.

No me limo las uñas,
ni tampoco las aristas.
en el tiempo que no gasto;
puedes contar mi edad
por cicatrices y no por años;
y, si puedo, me quedo con el numero cuatro
como definición de multitud;
lo demás, me incomoda demasiado.

No soy cuerpo inaninado
y, aunque me tira más lo etéreo
que parece más romántico,
no tengo la carne inerte.
Y, si de cuerpos hablamos,
no me vendo como cuerpo cierto
en cualquier mercado;
en todo caso incierto y aplazado,
al mejor postor,
el de la verdad,
el que se lo juega todo a los dados.

No soy la moneda que cae
siempre de cara,
si acaso de canto,
y la suerte me la busco yo
con mis propias manos.

Accesible, cercana, dócil,
maleable, complaciente. Dechado
de todas esas cualidades
que aluden a lo moderado,
…no soy.
Y juro que lo he intentado

Pero te aseguro que, si me dan a elegir,
elegiré no ser todo lo que te he contado,
tan firme y tan rápido
que sabrás perfectamente
que me va lo complicado,
porque nací laberinto
y ya me he acostumbrado.

No soy una geisha ígnea
que te siga con los pies menguados.

No soy una geisha ígnea que te siga.
No soy una geisha ígnea.
No soy una geisha.
No

***

18

María José Honguero Lucas
Quietos

Nos quedaremos quietos mientras el mundo
gira su timón hacia el momento más triste,
abrazados bajo la piel,
regocijados entre las sombras chinescas de esas almas
que nunca fueron nuestras.

Dejaremos
que nos acaricien la ausencia de camino al precipicio,
los veremos desfilar, uno tras otro,
con los cuerpos encendidos
y un estandarte a oscuras
sobre las arrugas de un glaciar en los huesos.

Acaso tengamos miedo
y nos besemos, como dos náufragos distintos,
en distintas olas,
besan el recuerdo de una madre,
quizás nos venza en un instante aquella inercia
de amortajar al miedo
y queramos unirnos, casi solos,
a ese enjambre de carne recién hecha
y palabras tullidas
murmurando octógonos en sus jaulas.

Pasaré mi mano por tu hombro
y todo habrá acabado,
dejaré caer, tibios, esos olvidos
que siempre fueron tuyos,
los jeroglíficos
y todos esos sueños de infancia
escapándose a morir al mismo mar
de todos los veranos,
te abordaré despacio, llevándote a los labios
el olor de una estrella y una marioneta
que nos recuerde que todavía estamos vivos.

Y te amaré sobre una baldosa errante
deslizándose libre en un universo nuevo,
un universo nuestro, donde los cometas
esquiven la luz de nuestras ansias
fundidas, deslumbrantes,
lejanas a aquellas asonantes de los conformistas.

Y allí permaneceremos quietos, transparentes
a todos los rezos puntiagudos,
seremos destino de todos los infinitos a medias,
constelación de versos de Cernuda
brillando a contraluz en las orquídeas,
mientras los demás caminan,
deprisa y sin paraguas,
a beberse la lluvia en nuestras bocas.

***

19
Nacho Meseguer
Problema de Matemáticas

A ver, alumnos, apunten: Un poeta va a coger un tren en Valencia con destino a Barcelona a las veinte treinta.

Otro poeta saldrá a las veintiuna treinta de la estación de Sants, en Barcelona, con dirección a Valencia. Acaba de comerse medio bocadillo
sentado
en el andén.

Hagamos un esquema: Aquí está V Valencia, y aquí B Barcelona.

Aquí el mar.

Vean que bonito es el mar, con su variedad cromática y su viento de la vida, su joven bravura y su tristeza de mar viejo.

También es la mar,
es una especie de ente hermafrodita,
es como Orlando, la mar, tiene todos los sexos
y todas las edades.

Voy a dibujar tres olas para definir el concepto mar,
tres olas como si fuese un haiku, esto
son las vías que unen V Valencia con B Barcelona, digamos

que un tren es como una cápsula de teletransportación,
una especie de canal mágico
que recorre la costa, junto al mar, siempre junto al mar, en Barcelona está el amor.

Y los poetas, ya se sabe, viajan para el amor.

Llevan siempre dos flores en la mano, y las miran muy fijamente, pero sin mirarlas porque las flores son transparentes, para ellos.

Visten trajes de poeta de cartón y se sonríen a sí mismos mientras viajan junto al mar en las cápsulas de teletransportación locomotora de poetas para los amores. Vean

como queda el mapa, el mar y donde termina la mar, el mundo terrestre, la estación de Sants, la estación del Norte, los raíles de los trenes teletransportadores que lo unen todo y son muy reales y duros, de hierro, ni más ni menos, qué mineral tan importante y qué útil para fabricar trenes y raíles y estaciones de tren y estructuras para hoteles en los que amarse.

Para uno de ellos todo es expectativa, plácida ilusión, nerviosa ilusión, todas las ilusiones a la vez, gozo ante la inminente fiesta del sexo y la intimidad.

Una fiesta ya tan disfrutada en los preparativos.
Una fiesta que será tan disfrutada
en el recuerdo.

El otro vuelve ahora
de la fiesta de la intimidad y el sexo, rescatado
de la soledad, le han dicho
hace tan solo un rato, eres
un gato muy listo
y te has metido muy dentro de mí

donde nadie nunca había entrado antes,
ha sido,
alumnos,
créanme,

una auténtica aventura la del poeta que vuelve de Barcelona.

Siempre dije que Madrid era la ciudad del amor. Ahora digo que Barcelona es la ciudad del amor, que todas las ciudades son la del amor. Todo el camino quedará impregnado del olor del sexo del poeta que vuelve del amor norte. Los poetas se creen que pueden vivir una vida inventada y jugar a vivir y a veces pueden.

A veces pueden durante todo el tiempo, todo el día, y el trayecto de la vuelta del amor queda impregnado, de norte a sur, de su olor a sexo y llega al mar, porque el olor del sexo de los días de jugar a vivir se expande también hacia la mar, véanlo, olas, haiku, el mar, los raíles, véanlo todo, entiendan la matemática así, como yo, como la explicación de todas las cosas, esto es solo un trozo de mundo, fuera de la pizarra está el resto de la vida del planeta, tan grande y rugiente y brutal, expandiéndose en todas direcciones, el olor del sexo del poeta se mezcla con el mar, con todos los mares, que se acarician y mezclan también como los amantes, las mares, ella

es una hermosa sol caricia piel caliente mujer.

Una hermosa caliente sexo alegre sol mujer.

Una muy mujer caricia hermosa sexo sol.

El mundo,
el mar,
los trenes,
los amantes, ella

es una muy mujer caricia jugar jugar sol sexo sol mujer. Hace
tan sólo un rato,

en la cama del hotel
mientras sus cuerpos no podían despegarse
imantados de calor,
él le decía a ella, incontenido, gracias,
de verdad, qué bien, de verdad, qué suerte
he tenido,
cuánta falta me hacía
encontrarte.

***

20

Belén Cuesta
Distancia relativa

La distancia relativa
del continente sin contenido.
La espera es una cifra,
par o impar,
escrita sin decimales.
La angustia brota
desde un hemisferio incorrecto.
7558 kilómetros
para llegar a ti,
viaje de intensidad eléctrica
en unidad de tiempo,
futuro o pasado.

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