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Ser gato, de Edgar Borges

Tener cuatro patas, cinco almohadillas en cada una de ellas, ojos vigilantes, siete vidas, reflejos fulmíneos. Ser gato, en definitiva, ser sigiloso e intrépido, prepararse para descubrir que en realidad la nada lo es todo. Un llamamiento a la libertad, una alegoría que analiza lo humano a través de lo felino y reflexiona sobre la vida misma, en la que no queda más que esperar, lamerse las heridas y, en ocasiones, sacar las garras.

Edgar Borges (Caracas, 1966), reside en España. Sus novelas, marcadas por una original y profunda reelaboración de la realidad, han sido elogiadas por Peter Handke y Enrique Vila-Matas.

Zenda publica las primeras páginas de Ser gato (Altamarea ediciones), de Edgar Borges.

***

Otra vez es de noche; el gato sigue asomado a la ventana.

Su mirada parece ir y venir, de la verdad a lo real. De la libertad a la tragedia.

Entre la ventana y mi brazo, 30 metros. Entre la ventana y mi mirada, 100 metros. Entre la ventana y mi voluntad, la nada.

Cerrar y abrir los ojos; mover las orejas, el hocico, los bigotes; un suave movimiento de cola. La entrega al reposo, el desprendimiento.

Quietud, soledad, silencio, un salto con rebote. El llamado de los árboles, el sentido del aire.

Aprender a ver la gota de agua.

Perderse en el lugar de las no obligaciones. Escabullirse de las geografías, de las historias, de las palabras, de los nombres.

Ser escondite, vivir en cajas.

Dormir en estado contemplativo, un poco en la costumbre y otro poco en el misterio.

Ser oído, sentir los sonidos del universo.

Poder comunicar mensajes con orejas, ojos, bigotes y cola.

Ser altura, saltar puntos.

Un descubridor de realidades invisibles.

Ser asombro.

Regresar a paso lento para conocer las otras variables del camino.

Los buitres sobrevuelan en círculo esperando que la muerte confirme su victoria.

La desesperación del mendigo que pide comida en silencio.

Cada noche tiene más público el loco de la plaza que da la hora en retroceso.

Subir las escaleras de tu edificio para descubrir la vida secreta de los vecinos.

Llegar a casa por inercia nunca tendrá la misma gracia que hacerlo por sorpresa.

La abuela se dormía contando los minutos de vida que llevaba en la tierra.

En Nápoles descubrí que la luz surge del caos.

Cuando el sentido del orden se altera, la mirada inventa la composición de los lugares.

La mujer que tendía ropa en el balcón me salvó de la motocicleta que venía por el medio de la acera.

La mirada que intenta recuperar el suceso más reciente solo encuentra puntos de una realidad saturada y cambiante.

La belleza extraviada se asoma en las grietas cuando uno menos lo espera.

La mujer seguía en el balcón. Todavía tendía ropa, pero ahora también peinaba su cabellera. Tendía ropa y se peinaba; se peinaba y tendía ropa. Nápoles era una suma de puntos que giraban dispersos alrededor de su vientre.

La mujer me llamó con un chasquido de dedos; en el acto subí las escaleras del edificio. Ya en la puerta, entre desconcierto y decepción, se excusó diciéndome que se había confundido al creer que yo era un gato.

Piernas. Extremidades inferiores que me servían para pasear.

Si tenía siete vidas, una me la quitaron cuando me impidieron vagabundear.

De la voluntad me irán descontando el resto.

Manos. Parte del cuerpo que daba forma a mis intenciones.

Estoy a un salto de la muerte y de la liberación. Pero ¿cómo saltan los que no pueden pasear?

Vista. Fijar la mirada en algo y ser ello.

Ventana. Posibilidad de salto.

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Autor: Edgar Borges. Título: Ser gato. Editorial: Altamarea. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

«Enfermedad». Ilustración de Fría Aguilar

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