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Sergio Olguín habla en La Nación de la llegada de Verónica Rosenthal a la televisión

Sergio Olguín habla en La Nación de la llegada de Verónica Rosenthal a la televisión

La Nación entrevista al escritor Sergio Olguín con motivo del inminente estreno de la miniserie basada en La fragilidad de los cuerpos, novela policial que inauguró la historia de Verónica Rosenthal.

Hace más de veinte años que Sergio Olguín mantiene una obsesión: escribir una versión del mito de Fedra con una vuelta de tuerca. En su historia, la madrastra no es rechazada por el joven hijastro sino todo lo contrario. La naturaleza apasionada de ese vínculo romántico estaba clara de entrada. Lo que el escritor no encontraba era cómo representar a Teseo, el padre y marido traicionado. Hasta que apareció la figura de un militar, de familia castrense y altas aspiraciones, al que por cuestiones de la época le toca pelear en la guerra de Malvinas. Así nació 1982 (Alfaguara), su novena novela, después de No hay amores felices, el tercero de la serie protagonizada por la periodista Verónica Rosenthal.

Mientras espera con cierta ansiedad el estreno de la miniserie basada en La fragilidad de los cuerpos, policial que inauguró la historia de Rosenthal, Olguín (Buenos Aires, 1967) prepara el cuarto título y proyecta escribir otros seis. Además terminó recientemente el guion de una película que dirigirá Luis Ortega: la biografía del asesino serial Carlos Eduardo Robledo Puch.

Olguín define 1982 como una historia de amor. Pero, tal como en algunos de sus libros, no hay un romance convencional ni un final rosa. La pasión que une a Fátima y Pedro, los protagonistas, desata una tragedia que no tiene vuelta atrás. Desde que escribió los cuentos que integran Las griegas (1998), quería abordar el mito de Fedra. Pasó el tiempo, pasaron libros, años de trabajo como periodista cultural (en las revistas El Amante y La mujer de mi vida), llegaron las novelas juveniles (El equipo de los sueños y Springfield) y las infantiles (Cómo cocinar un plato volador y Boris o las mascotas mutantes), los premios (ganó el Tusquets con Oscura monótona sangre) y la inquietante Verónica Rosenthal.

«La pensé como una historia de amor porque quería salir un poco de los policiales que escribí en los últimos tiempos. Aunque es cierto que mis novelas negras tienen un alto componente de historia amorosa», dice Olguín, café por medio, en un bar notable de San Cristóbal. «El punto de partida era establecer cómo podía repercutir el vínculo que se establece entre la madrastra y el hijo de su marido en la vida íntima de esa familia de clase acomodada, de un integrante del Ejército, en plena dictadura militar. Lo que más me interesaba trabajar eran esos vínculos familiares y afectivos en una situación de conflicto tan grave como prohibida».

El libro salió este mes, cuando están por cumplirse 35 años del comienzo de la guerra de Malvinas. Pero Olguín asegura que no eligió ese escenario por el aniversario: «No me interesaba la guerra en sí; la guerra marca el contexto histórico donde se inicia la historia. No es una novela sobre Malvinas, sino que el conflicto es el sonido de fondo de la trama. Lo que me interesaba era indagar qué pasa en la intimidad de un militar de carrera, con una vida respetable pública y privada, cuando se siente engañado. El tipo tiene una violencia latente y un presente oscuro».

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