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Siempre, clásicos

El subtítulo, Invitación a leer a los clásicos, estando muy bien puesto, quizá sea un tanto engañoso: uno sospecha que la mayor parte de los que van a comprar este libro tienen a los clásicos más que leídos y releídos. Pero, ¿cómo resistirse? Basta con ver esa palabra mágica en la portada (y eso que aquí va en letra más pequeña) para echar mano a la cartera. Y más si, como es el caso, queda a cargo de Carlos García Gual, que tan buenos ratos nos ha hecho pasar divulgando la cultura griega y latina desde la sabiduría y el cariño.

El libro es un recorrido por catorce autores (en trece capítulos; Petronio y Apuleyo comparten uno), con preferencia —ocho a seis— para la Hélade frente a Roma. Mirando el elenco, de primeras uno se sorprende; luego echa dolorosamente en falta a Horacio, y finalmente no entiende que se haya preterido a algunos —por ejemplo, Esquilo— en favor de otros —tal, Pseudo Calístenes—.

"No tenemos en las manos una guía de lectura, sino algo más interesante: una selección de autor"

Pseudo Calístenes, decíamos. Para la mayoría (incluido quien esto escribe), una figura nada relevante; un nombre ficticio colocado delante de un título —Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia— cuyo valor está menos en el texto que en el personaje al que se retrata. Pero alcanzamos a recordar que la edición de Gredos de este muy menor clásico la hizo precisamente García Gual. Y nos damos cuenta de que no tenemos en las manos una guía de lectura, sino algo más interesante: una selección de autor.

En el prólogo —no lo habíamos leído todavía, enzarzados como estábamos en descifrar los arcanos del índice de autores— queda explicado perfectamente: se trata, en efecto, de una elección personal que no refiere a canon o criterio preexistente ni, por supuesto, implica clasificación valorativa. Tampoco es homogéneo el tratamiento de cada uno ni el espacio que se les dedica. Solo hay orden temporal. Por eso, entre otros, lo del Pseudo Calístenes, al que el propio García Gual hace un traje a modo:

No era un escritor de notable cultura, pues no tenía, desde luego, grandes conocimientos de historia griega ni tampoco un estilo refinado. Su ignorancia de la geografía helénica es sorprendente (…), su prosa es bastante desmañada y sus expresiones poco elegantes.

"Son legión las personalidades que, a lo largo de la Historia, han recurrido a los clásicos como bálsamo y alivio en momentos de zozobra"

En este punto el lector se pregunta si la manera de recomendar que tiene García Gual es demasiado sutil para nuestras entendederas, pero la idea es otra: glosar el peculiar encanto de una biografía novelada y novelesca que en gran manera fundamentó el hechizo y la atracción que Alejandro ha mantenido a lo largo de los siglos. Y en el capítulo se nos cuenta los entresijos del texto, además de detalles sobre su difusión e influencia, concluyendo con una bibliografía básica sobre macedonio. Lo dicho: no estamos ante una guía de lectura de los clásicos. García Gual ha entresacado de su amplio repertorio de saberes y quereres aquello que en este momento le apetecía compartir: no Platón, sino el Fedón; no Aristóteles, sino su obra zoológica. Extraordinario el capítulo dedicado a Ovidio, apenas un trámite el de Virgilio

Son legión las personalidades que, a lo largo de la Historia, han recurrido a los clásicos como bálsamo y alivio en momentos de zozobra, y así nos lo han relatado. Surcamos ahora tiempos difíciles, no hace falta decirlo, y quien más o quien menos —sobre todo si vive en la Comunidad de Madrid— ha pasado sin transición de epicúreo a estoico. Sometiéndonos gustosos a las inteligentes sugerencias que García Gual nos propone, nos daremos una merecida alegría.

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Autor: Carlos García Gual. TítuloVoces de largos ecos: Invitación a leer a los clásicosEditorial: Ariel. Venta: Todostuslibros y Amazon

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