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Profesores de latín

Hace pocos días, y desde El bar de Zenda, Arturo Pérez-Reverte nos recordaba —porque de recordar se trata— la importancia de las lenguas clásicas con muy ponderados y sentidos argumentos. Sabemos que a este famoso bar no se va tanto a beber como a defender causas perdidas, o al menos a eso nos ha acostumbrado el alter ego del capitán Alatriste, y con su escrito no hace sino continuar con una larga y nobilísima usanza, la cual —desgraciadamente y por la incuria de nuestras autoridades educativas— se ha terminado convirtiendo en tradición: pronunciarse a favor del mantenimiento del latín y el griego en los planes de estudio —cómo no recordar, a este respecto, al profesor Francisco Rodríguez Adrados que, año por medio, nunca dejaba de publicar terceras de ABC o medias páginas en El País combativas y quijotescas, en una pelea cuyo valor va más allá de las escasas expectativas de éxito—.

El momento vuelve a ser crítico y, ahora mismo, la iniciativa más importante la está desarrollando la plataforma Escuela con Clásicos —en la que se han agrupado todas las asociaciones que en España tocan estos asuntos— mediante una campaña de recogida de apoyos para que la inminente nueva Ley Orgánica de la Educación evite que la lengua y la cultura clásica, ya en situación delicadísima, quede definitivamente arrumbada. El texto que se quiere remitir a las autoridades involucradas dice, entre otras cosas, lo siguiente:

En el anteproyecto de ley que se envió a las Cortes ha desaparecido cualquier referencia a las materias de Latín y Griego. Es la primera vez que esto sucede desde la Ley de Instrucción Pública de 1857, la famosa Ley Moyano.

El panorama, pues, no puede ser más sombrío, aunque finalmente todo va a quedar a expensas de los decretos y regulaciones que desarrollen la nueva ley; y ahí se han parapetado con promesas de futuro los políticos aludidos. La carta prosigue:

La desaparición de estas asignaturas de nuestro sistema de enseñanza representa, a nuestro juicio, una pérdida irreparable en términos de formación y de información, no solo humanística, sino general de nuestros futuros ciudadanos. Sin el Latín, base de nuestra lengua y de la mayoría de las lenguas de la Península Ibérica y muchas otras de Europa, extendidas hoy por todo el Mundo; sin el Griego, origen de la inmensa mayoría del vocabulario científico y técnico universal; sin la Cultura Clásica, único contacto para muchos estudiantes de Secundaria con aspectos del mundo grecolatino que son imprescindibles para una comprensión plena de nuestra civilización, de la literatura a la política pasando por el arte y la filosofía, los planes de estudio quedarán huérfanos y el nivel cultural de nuestra población sufrirá, sin duda, una pérdida irremediable.

El escrito finaliza con cuatro puntos que los firmantes solicitan sean tenidos en cuenta:

1) La recuperación de la Cultura Clásica en la etapa de la Educación Secundaria Obligatoria como materia obligatoria (…)

2) La recuperación del Latín como materia obligatoria en la propia ESO.

3) La recuperación del Latín y del Griego como materias obligatorias en el itinerario de Bachillerato de Humanidades (…)

4) La plasmación en la ley del derecho de que todos los estudiantes españoles (…) puedan completar su formación integral y desarrollar su vocación.

Confesaremos que el pesimismo nos puede. No imaginamos a nuestros ensimismados próceres dispuestos a atender razones, ni aunque la mismísima lechuza de Minerva les llevara en su pico esta carta. Nos consolaremos con que, según parece, por fin van a quitar la asignatura de religión del currículo educativo. No entraremos en el Renacimiento pero, al menos, vamos a salir de la Edad Media…

"Los intertextos entre citas resumen, las más de las veces redundantemente, las características de los personajes que acabamos de leer, buscando encontrar patrones físicos y de comportamiento que luego son transcritos a una tabla"

Si el paciente lector ha llegado hasta aquí, es que Virgilio y Horacio no le son indiferentes. Por eso nos animamos a recomendar Los que saben latín: Historia de un personaje literario, de Francisco García Jurado y Javier Espino, una entretenida recopilación de referencias literarias alrededor de la figura del profesor de latín, y que aquí en Zenda ya fue presentado adelantando sus primeras páginas.

Desde Luis Vives y su venerable caracterización del magister a los más cercanos cronológicamente Muñoz Molina y Juan Manuel de Prada, la selección de los autores nos presenta la diversidad, real o imaginada, con que el personaje ha quedado retratado a lo largo del tiempo. Desfilan todas las tipologías: los dómines pícaros, pedantes y estrafalarios —el Cabra quevedesco; los que dibuja el padre Isla en fray Gerundio de Campazas; el Don Supino de Vegas y Quintano…—; los religiosos —en general severos, antipáticos y poco dados a mezclar los clásicos con su latín clerical— y, finalmente, aunque escasos, los verdaderos maestros que proyectan entusiasmo por lo que enseñan… y bien sabemos algunos que pocas cosas hay tan capaces de entusiasmar como el latín y el griego. Los intertextos entre citas resumen, las más de las veces redundantemente, las características de los personajes que acabamos de leer, buscando encontrar patrones físicos y de comportamiento que luego son transcritos a una tabla.

"Esto está cambiando, y el latín hablado es fenómeno recentísimo que cada vez tiene más aceptación entre los jóvenes profesores de todos los niveles de enseñanza. Enseñar latín como lengua viva no es darle una nueva dimensión, sino restituirlo en su prístina integridad"

El libro se lee con gusto, y uno diría que con otro tipo de profesor que no fuera el de latín, este ejercicio sería imposible. No nos imaginamos una obra similar centrada en los que enseñan química, o gimnasia… y, sin embargo, echamos a faltar algo. Ya hemos señalado que los ejemplos más próximos en el tiempo son de escritores que andarán por la sesentena y, por lo tanto, no alcanzaron a conocer el modelo de profesor actual de latín; el cual no encaja —afortunadamente— en ninguno de los anteriores retratos.

Hay que enfatizar algo que, aunque se sugiere a lo largo del libro, no se explicita del todo: el método castizo para enseñar la lengua del Lacio ha consistido, desde el primero de los dómines hasta ayer mismo, en memorizar mucho, traducir poco —y siempre los mismos sobados texto— y hablar nada. Esto está cambiando, y el latín hablado es fenómeno recentísimo que —nos consta— cada vez tiene más aceptación entre los jóvenes profesores de todos los niveles de enseñanza. Enseñar latín como lengua viva —qué inopia tratar a las lenguas clásicas de muertas— no es darle una nueva dimensión, sino restituirlo en su prístina integridad. Sapere (et loqui) aude.

Y sí, existen también palabras latinas que nunca encontrarás en Cicerón o Salustio pero sirven para el mundo de hoy… casi todas viejas conocidas que nos vienen de vuelta; no en vano el lenguaje de la ciencia y la tecnología siempre se ha construido desde las lenguas clásicas: lo que escribimos en computratum lo vemos en el monitorum y se almacena en el programma o en Interrete. Tenemos nuntium electronicum, televisio y telephonum; si es móvil, telephonum gestabile. Nos preocupa la biodiversitas, la oecologia y el calefactio globalis, por lo que usamos energia renovabilis…

Así que, efectivamente, todo se resume en el dictum de Arturo Pérez-Reverte: plus latinitas et minus stulti.

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Autores: Francisco García Jurado y Javier Espino Martín. Título: Los que saben latín: Historia de un personaje literario. Editorial: Guillermo Escolar Editor. Venta: Todos tus librosAmazonFnac y Casa del Libro.

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