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Siempre podemos enmendar los tiempos oblicuos

Siempre podemos enmendar los tiempos oblicuos

Durante este difícil período, muchos se han refugiado en la soledad, otros en una terapia de recogimiento, mientras unos pocos se han aferrado a las tablas del arte como salvación. Este es el caso de María del Pilar Couceiro, profesora de Literatura de la UCM. Sin duda, ella ha sido el junco que ha resistido la prueba y ha seguido el sabio consejo de la tía Geli: “en lugar de meterse debajo de la cama, le ha plantado cara al destino” para escribir su novela En tiempos oblicuos, desde sus tres pasiones: la docencia, la poesía y la literatura.

La novela sorprende por varios motivos. Primero, porque recupera la sonrisa, con los variados giros coloquiales y el sentido del humor, directo o sutil, que nos regala. Segundo, porque vivifica la perspectiva pedagógico-literaria del microcosmos universitario, en el que también alza el vuelo poético y retorna a la España del Siglo de Oro.

"En tiempos oblicuos funde las voces del pasado y del presente en un todo unitario que discurre por el cauce de los diálogos entremezclados en tres idiomas: español, griego y turco"

Desde la portada del libro, las mujeres son las protagonistas, aunque en apariencia solo una de ellas dirige el concierto de acciones y personajes. Elena es la clave de sol del relato y la que desata el nudo gordiano de la novela. Ella es la que pone en solfa cada pieza para reacomodarla y concatenarla en el pentagrama del argumento, a través de los diálogos. A diferencia de Helena de Troya, de la Ilíada, nombre griego que significa “antorcha”, “luz resplandeciente”, “mujer amada”, Elena de la Gándara de En tiempos oblicuos no provoca la guerra, sino todo lo contrario: abre el libro del bien y del mal y es portadora de la firma de la paz. Es el motor que mueve los hilos de la novela: “con ella no hay un día igual a otro, no falta jamás un prisma diferente”. La protagonista “tiene en los ojos un rayo láser, lo ve todo” y “es capaz de reproducir todos los mundos posibles y llevarte a ellos sin esfuerzo”.

En tiempos oblicuos funde las voces del pasado y del presente en un todo unitario que discurre por el cauce de los diálogos entremezclados en tres idiomas: español, griego y turco. La novela contrapone los grandes temas universales: amor/odio, fidelidad/traición, amistad/enemistad, cristianismo/paganismo, monogamia/poligamia, feminismo/machismo, y pone en alto relieve muchos otros: cultura, historia, geografía, filosofía, religión, política, migración, etc.

"Dos arquetipos de mujeres representan los vértices de la perfección y contrastan con las otras protagonistas"

En el marco de la novela, una arquetípica tía centenaria abre y cierra el telón. Su participación, de apariencia insignificante, conmueve a través de las semillas de amor, sabiduría y vitalidad desperdigadas a lo largo de la trama. De igual modo, detrás de las referencias a Safo, Galatea o Melibea, enamoradas/amantes/novias, aparecen veladas otras historias que completan los silencios de la orquesta novelada. La mayor intriga, sin embargo, recae en dos historias casi paralelas, enlazadas por un misterio desvelado por Elena, quien está llamada a destapar la caja de Pandora para reordenar el micromundo de dos mujeres madres y esposas, casadas, separadas y/o divorciadas, cuyas vidas nos remiten a Anna Karenina, de Tólstoi, para quien “todas las familias felices se parecen unas a las otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera”.

Además, dos arquetipos de mujeres representan los vértices de la perfección y contrastan con las otras protagonistas: la Virgen María durante la visita a Éfeso, donde se halla su casa-santuario. La otra figura es Santa Teresa de Jesús, proyectada, a través de la escultura de Bernini, cuando “el ángel está a punto de atravesarla con una lanza”, que explicaría el éxtasis de la santa al alcanzar la perfección y unirse “con dios de manera absoluta, en una simbiosis”.

"La novela nos devuelve la fe en el amor y en la amistad a prueba de todo, a partir del simbólico subtítulo kaderim, que significa mi destino"

Detrás de todo este engranaje, la protagonista nos lleva de la mano a la Grecia antigua no solo para conocer el Templo de Artemisa o Selene, diosas/semidiosas de la mitología, sino apelar a las misteriosas leyes del destino, aquella fuerza cósmica que regula todas las vidas para refrescar la creencia de los griegos: “El amor es ciego, y además de ciego se nutre de una falacia llamada esperanza”. En realidad la novela nos devuelve la fe en el amor y en la amistad a prueba de todo, a partir del simbólico subtítulo kaderim, que significa «mi destino», todo un desafío a la ceguera consciente del amor.

En En tiempos oblicuos, tanto la tita Geli como Buyukbabum (el abuelo) intervienen y protegen el destino de los personajes, un destino que llega sin buscarlo, igual que a Columeta en la Plaza del Diamante, de Mercè Rodoreda, o buscándolo como en El alquimista, de Paulo Coelho: «Cuando uno quiere algo con fuerza, todo el universo conspira para que se realice».

El título nos recuerda a la última novela de Vargas Llosa, Tiempos recios, aunque la frase corresponde a Santa Teresa de Jesús. Sin duda, en estos “tiempos recios” de múltiples y rápidas transformaciones que requieren firmeza y reciedumbre, la autora hace hincapié en la pandemia para recordarnos que en cada presente hay un pasado, y en cada persona hay un destino y un cúmulo de tiempos oblicuos que sólo el amor puede equilibrar.

"A partir de la mirada de los perdedores, antepone la balanza de la justicia y nos deja con los ganadores, sin importar el género"

En esta época en que las novelas que parecen tener mayor éxito de ventas son las que más muertes o crímenes espeluznantes acumulan, María del Pilar Couceiro nos entrega una novela limpia y muy actual, sin una sola marca de sangre ni violencia, sino con otro tipo de anzuelos, además de la poesía, la música, el humor y el erotismo que, con sutileza y elegancia, nos invitan a saborear el café, en busca de las claves de nuestro propio destino.

A partir de la mirada de los perdedores, antepone la balanza de la justicia y nos deja con los ganadores, sin importar el género. No hace falta llegar al castigo de la muerte, porque el destino se encarga de enderezar los tiempos oblicuos. Siempre hay tiempo de enmendar los errores y cambiar de ruta: “Uno puede ser víctima de su sino o el iniciador de su nuevo destino”, como dice Isaac Bashevis Singer en su cuento El sino.

En sí, la novela tiende un puente entre dos mundos, Occidente y Oriente, rompe las fronteras espaciales y temporales y nos propone un paseo por los hitos culturales y emblemáticos de Turquía y de España. Una insinuación de mutuo entendimiento y concordia, a través del amor, el único antídoto contra las marcas del pasado.

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Autor: María del Pilar Couceiro. Título: En tiempos oblicuos. Editorial: Letrame. Venta: Todostuslibros y Amazon

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