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Sirenas de leyenda, de Rémi Giordano y Olivia Godat

Sirenas de leyenda, de Rémi Giordano y Olivia Godat

Un espectacular álbum ilustrado que narra la historia de diez sirenas legendarias. Diez mujeres que, lejos de resignarse al destino que tenían escrito para ellas, tomaron las riendas de su vida e impusieron su voluntad.

Zenda adelanta las primeras páginas de esta obra escrita por Rémi Giordano Olivia Godat, ilustrada por Laura Pérez, traducida al español por Regina López Muñoz y editada en nuestro país por Errata Naturae.

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SEDNA

LA SIRENA VANIDOSA

LEYENDA INUIT

Hace mucho tiempo, en los confines del Gran Norte, existió una joven llamada Sedna. Vivía sola con su padre, un pescador con una barba blanca como la nieve, en una casita perdida en un paisaje de hielo.

Sedna era bonita y lo sabía. Era demasiado consciente de su belleza. Desde muy niña tenía por costumbre plantarse frente al espejo grande de la entrada para admirar su reflejo largo rato. Cuando su padre la animaba a estudiar o a juntarse con los demás niños, ella respondía siempre que no, alegando que sólo le interesaban sus intensos ojos verdes, su abundante melena, su adorable naricita y su boca delicada. Su única amiga era su hermosura. El padre, viudo, estaba abatido. Esperaba que, con los años, su hija perdiera en frivolidad y ganara en sensatez, pero nada de eso ocurrió. Sedna, ya adulta, era la más vanidosa de todas.

La chica rechazó una a una las pedidas de mano de los muchachos de bien que vivían en las proximidades. Para ella, ninguno era digno. Sedna soñaba con un príncipe azul que igualara sus cualidades, sin darse cuenta de que muchos de sus pretendientes la superaban en todo. Cansado de la eterna insatisfacción de su hija, el padre decidió enviarla al exilio a un lugar donde tendría que arreglárselas sin ayuda, con la esperanza de corregir así su carácter.

Demasiado orgullosa para protestar, Sedna hizo las maletas y abandonó la casa que la había visto nacer para trasladarse a la isla desierta escogida por su padre. Sin embargo, nada más pisar tierra firme, empezó a aburrirse. ¿De qué le servía tanta belleza si no había nadie para constatarla? Como no encontraba agua lo bastante clara para verse reflejada, Sedna se puso a gimotear y a pedir socorro. Cuál no sería su suerte cuando vio que se aproximaba una silueta a lo lejos; un hombre, para colmo. Cuando llegó a su altura, no le cupo ya la menor duda: alto, guapo y visiblemente fornido, se correspondía del todo con su amor soñado. Sedna imaginaba ya la cara que pondría su padre cuando descubriera que, al final, la vida le había dado la razón.

LORELEI

LA SIRENA ROMÁNTICA

LEYENDA ALEMANA

En tiempos inmemoriales, acudía a una cima rocosa que aún hoy domina el Rin, la muchacha más bella de los parajes: Lorelei. Tiempo atrás, Lorelei había conocido a su gran amor, un apuesto marinero que llenaba su mundo de promesas. Allí sentada, Lorelei pasaba largas horas peinando sus largos cabellos e imaginando su siguiente encuentro, con el corazón desbocado.

Pero una noche en que debían verse, ¡él no apareció! Ni tampoco los días siguientes. El muchacho había desaparecido. ¡Incomprensible! Y eso que había entregado a Lorelei un anillo para sellar su amor… Desesperada de tristeza, la joven dejó de comer y de dormir. Sólo podía pensar en el hombre que parecía haberla despreciado. Un amigo celoso pronunció entonces la sentencia: su prometido se disponía a marcharse de la región en el siguiente barco para no volver jamás. Al oír la noticia, el corazón de Lorelei se rompió en mil pedazos. Corrió hasta su peñón para ver zarpar el navío. Y, mientras se alejaba, para no perder detalle de cómo se llevaba a su amor bajo el sol del crepúsculo, ella se inclinó cada vez más, hasta precipitarse en las aguas bravas del río.

El Rin, conmovido por el funesto destino de la chica, la convirtió en su hija. Así fue como Lorelei se transformó en sirena. Su pena seguía devorándola sin piedad, y ella se dedicaba a atraer a los navegantes de paso con su voz hechicera. Pocos se resistieron a su llamada seductora. Una vez atrapadas, las pobres almas perdían el control de su embarcación y se estrellaban contra el peñón, su sepultura…

Un día, un marinero superviviente de un naufragio narró su espantosa desventura en la corte del conde palatino del Rin. Cuando evocó la visión de aquella diosa de cabellos de oro, muchos se burlaron de él. Sin embargo, la descripción atrajo la atención del hijo del conde, Ronald, un adolescente soberbio y belicoso, el mejor guerrero de la corte. Convencido de haber visto en sueños a la mujer de la que hablaba el superviviente, Ronald decidió partir en su busca.

MAMI WATA

LA SIRENA SEDUCTORA

LEYENDA VUDÚ

Aquella mañana, Nijala no tenía ganas de acompañar a su madre al mercado. La niña había ido todo el camino arrastrando los pies y a punto había estado de llevarse una bofetada. Mientras refunfuñaba en la esquina de un expositor, se levantó una ventolera que formó a su alrededor una densa niebla de arena. Una vez pasadas la sorpresa y la contrariedad, un haz de luz atrajo su mirada: a lo lejos, en la duna, emergía una silueta. Una silueta de mujer. La arena formaba remolinos a su alrededor, como si se apartara a su paso. Era de una belleza asombrosa. En su larga cabellera negra como el ébano brillaba una peineta de oro. Nijala no podía apartar los ojos de ella. La aparición se acercó peligrosamente a la chiquilla esbozando una sonrisa misteriosa, seductora, como la mirada de una serpiente. En ese momento preciso, la madre de Nijala intervino para agarrarla de la mano y llevársela. Volvieron a casa a toda prisa y se encerraron.

—¡Cuando sea mayor, quiero ser como esa mujer! —le dijo Nijala a su madre.

Ésta, aterrorizada, se arrodilló frente a ella.

—¡No puedes querer ser como Mami Wata!

Al oír aquel nombre, la niña sintió un escalofrío. Había oído muchas historias sobre Mami Wata, la caprichosa señora de las aguas, pero jamás habría pensado que la vería con sus propios ojos. Cuando no se aparecía con las piernas al aire en el mercado, se la reconocía por su cola de pez. Además, la sirena no se separaba nunca de su animal de compañía, una pitón enroscada sobre sus hombros igual que una estola.

Aquella noche, Nijala durmió muy mal. En un sueño en blanco y rojo, vio a Mami Wata pintándose los labios bajo el claro de luna. Cuando la sirena la vio, se tiró al agua, dejando tras de sí sus hermosos vestidos y sus joyas, como una invitación. Al despertar, Nijala encontró un zarcillo entre las sábanas. Se lo ocultó a su madre, y fue a hurtadillas a casa de una vecina que se rumoreaba había sufrido la cólera de la sirena.

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Autores: Rémi Giordano y Olivia Godat. Ilustradora: Laura Pérez. Traductora: Regina López Muñoz. Título: Sirenas de leyenda. Editorial: Errata Naturae. Venta: Todos tus libros, Amazon, Fnac y Casa del Libro.

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