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Sobre las desencuadernadas

Mi anterior artículo, sobre el origen de los dados, levantó más ampollas de las que me imaginaba. En concreto, hubo un lector que me escribió asegurándome que los juegos de cartas eran más antiguos que los de dados, que ya se jugaba a cartas en Egipto y que de ahí nació el Tarot….
Bueno, pues va a ser que no.

Las primeras referencias que tenemos de juegos basados en cartas o naipes se remontan a la China del siglo XIII. A algún avispadillo se le ocurre hacer una versión cutre del mahjong utilizando rectángulos pintados de papel en lugar de fichas talladas de marfil. Y la primera mención que tenemos en Europa sobre los naipes es en Barcelona (que no se me enteren los del Institut de la Nova Historia que la liamos). En concreto el Consell de Cent de la ciudad prohíbe los juegos de cartas en el año 1310. En 1331 se mencionan otra vez (y también para prohibirlos) en los estatutos de la orden de caballería de la Banda (fundada por Alfonso XI de Castilla, si tienen curiosidad). Y otra referencia encontramos en Marsella en 1337, en las constituciones de la abadía de San Víctor (aunque lo que las constituciones prohíben a los monjes es jugar “a las páginas”, se supone que se refiere a los naipes). El nombre de “naipe” no aparece por escrito hasta 1381, en una carta en la que el hijo de un mercader le promete a su padre no practicar más los juegos de azar, en especial los “nahipi” a los que está tan aficionado.

No se me sorprendan mucho si les digo que las barajas medievales europeas no están hechas de papel. Ni tampoco impresas, que a la imprenta del bueno de Gutenberg aún le faltan unos añitos. Se hacen con láminas de madera muy fina, pergamino o incluso cuero rígido trabajado, y, por supuesto, están cuidadosamente pintadas a mano. Son pues un objeto de lujo, casi equiparable a los preciosistas “Libros de Horas” o Biblias iluminadas por los monjes copistas.

Con este origen medieval, no se me sorprenderán si les digo que los cuatro palos de la baraja representan (o eso dicen) los diferentes estamentos sociales de la época: Oros (o diamantes) representan a la Monarquía; Espadas (o picas) a la nobleza; Copas (o corazones) al clero; y finalmente Bastos (o tréboles) al pueblo plebeyo. Como explicación es maja, pero tampoco se fíen. También he oído por ahí que los Oros representan a los comerciantes burgueses… Pero bueno…

Se supone que la baraja española es la más antigua: Cuarenta y ocho cartas numeradas del 1 al 9 con sota, caballo y rey, en cuatro palos que representan oros, espadas, copas y bastos. Hay discusión sobre si no fue anterior la napolitana, muy similar: Cuarenta naipes, sin ochos ni nueves.

La baraja alemana (con sus derivaciones centroeuropea y suiza) son cuarenta cartas numeradas del 6 al 10, con tres figuras y un as. Los cuatro palos representan campanas, pasto, corazón y bellota. De ella evolucionó la baraja francesa, que cruzando el canal se convirtió en inglesa (la pérfida Albión, siempre tan copiona): Cincuenta y dos cartas numeradas del 1 (As) al 10 seguidas de tres figuras (paje, dama, rey). ¿Y los cuatro palos? Me preguntan por vicio, que ya lo saben: Diamantes, picas, corazones y tréboles.

Si algún día andan aburridos pueden ponerse medievales (bueno, más bien renacentistas o incluso barrocos) y jugar a algunos de los juegos de cartas a los que ya jugaban nuestros antepasados. Y puede que se me sorprendan al descubrir que, de hecho, ya lo hacen: El “siete y llevar” no es otro que el “Siete y media” de toda la vida, que se juega sin cambios desde hace cientos de años. El “Hombre” (también conocido por el mal nombre de “la Polla”) es el origen del actual Tresillo. Y el “Rentoy” es el antecesor del Mus.

Otros juegos han caído en desuso: En el “Quínolas” ganaba el primero que lograba reunir cuatro cartas de un mismo palo (a lo que se llamaba “tener quínola”). La “Andaboba” (también conocida como Carteta o Juego de Parar) consistía en que se entregaba una carta a cada jugador, y luego se iba sacando una carta por turno. El primer jugador en conseguir pareja ganaba.

Oiga…. ¿y entonces esto del Tarot? Me insistirá uno que yo me sé. Pues pese a que cierta literatura hermética atribuida a un tal Hermes Trimegisto, erudito anterior a Cristo (y que en realidad se escribió en el siglo XIX) dice que los egipcios decidieron esconder su sabiduría en las cartas, porque los sabios perecen pero los jugadores viciosos perduran… pues no deja de ser más cuento que fábula: Su origen es claramente medieval, y los mazos más antiguos que se conservan están datados de mediados del siglo XV. Se siente.

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