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Sonsoles Ónega nos devuelve al Madrid de la novela realista decimonónica en su nueva entrega

Sonsoles Ónega nos devuelve al Madrid de la novela realista decimonónica en su nueva entrega

No fue ni baladí ni gratuito que Llevará tu nombre (Planeta), la nueva novela de Sonsoles Ónega, fuese presentada el pasado miércoles en Lhardy. Este prestigioso restaurante madrileño, que en 2039 cumplirá 200 años, es un escenario referido en el Madrid de Benito Pérez Galdós. El adalid de la novela realista española nos habla de Lhardy, uno de los establecimientos favoritos de la gente de tronío del Madrid decimonónico en La fontana de oro (1870) y en Misericordia (1897). Tiempo después, Pío Baroja —junto con Valle-Inclán el más afecto al Madrid del 98—, nos habla de Lhardy en La busca (1904).

Como tampoco fue baladí que el agasajo con el que se celebró la edición fuese un cocido que hubiera hecho las delicias de doña Emilia Pardo Bazán, aunque gallega de origen, otra de las grandes plumas que dedicaron algunas de sus páginas más brillantes a la mejor ciudad del mundo que, en aquella sazón, también era la metrópoli de un imperio que no tardaría en enfrentar su último desastre: el del 98.

"Emilia Pardo Bazán fue una luchadora por los derechos de las mujeres, modelo de independencia intelectual para Mada"

Y Emilia Pardo Bazán —a la que Madrid rinde tributo en esa estatua que la recuerda en la calle de la Princesa, ante el palacio de Liria—, “es una figura central en el imaginario de Mada, Magdalena Riva Fernández”, la protagonista de la nueva novela de la conductora de Y ahora Sonsoles. Autora sobradamente acreditada en los más de quince años que lleva publicando celebradas ficciones: Encuentros en Bonaval (2010), Después del amor (2017), merecedora del Premio Fernando Lara, o Las hijas de la criada (2023), que le valió el Planeta, solo son algunas de ellas. Admiradora de la autora de Los pazos de Ulloa (1886), como las protagonistas de Llevará tu nombre, que estos días llega a las librerías, Ónega nos recuerda: “Emilia Pardo Bazán fue una luchadora por los derechos de las mujeres, modelo de independencia intelectual para Mada. Como también lo fue Faustina Sáenz de Melgar, escritora, editora y periodista que fundó el Ateneo Artístico y Literario de Señoras, con el que abogaba por la necesaria formación para las mujeres”.

Y es a ese Madrid de la opulencia de los palacetes y la miseria de las corralas y las buhardillas, a ese Madrid de las zarzuelas y la gran novela realista española, al que nos devuelve Sonsoles Ónega en su nueva entrega. Cualquiera de sus protagonistas perfectamente se podía haber llamado Pitusa, como la de Tormento (1884) de don Benito. Pero no es solo al Madrid galdosiano al que nos transporta Llevará tu nombre, también a Comillas. Es en esta localidad cántabra, en 1882, donde arranca la historia.

"En esta novela el lector va a viajar a la España del siglo XIX para conocer la experiencia de una mujer que tiene que empezar de cero"

“En esta novela el lector va a viajar a la España del siglo XIX para conocer la experiencia de una mujer que tiene que empezar de cero. Su familia la expulsa de su casa y llega a un Madrid que la acoge. Pero tiene que comenzar a construir su propia historia”, explica la escritora. Y no hay duda de que es una de las favoritas de los lectores, a la vista del millón de ejemplares que vendió de Los hijos de la criada. Esta última ficción que ahora presenta, por cierto, está dedicada a las lectoras.

Llevará tu nombre tiene dos escenarios clave: Comillas, en Cantabria y Madrid, el palacio de Montiel en Alcalá 56, que existió en su momento. No se llamaba el palacio de Montiel, el palacio del marqués de Portugalete”, continúa la novelista puesta a dar noticia de los escenarios de su nueva ficción. “También en la capital, en la plaza de San Miguel, se ubica el pisito de Vicenta María López de Vicuña, que fue una mujer que recogía a las muchachas que llegaban de provincias y les daba una formación mínima para que pudieran empezar a ganarse la vida… Todo ese Madrid de la calle de Alcalá y el paseo del Prado, el Madrid de la plaza de San Miguel, el Madrid de los Austrias está presente en esta novela”.

Mada, Magdalena de la Riva Fernández, la nueva protagonista de Ónega, “es una creadora que tiene que desencadenarse en un momento muy difícil para las mujeres. No sabe hasta dónde puede llegar hasta que se tiene que demostrar a sí misma su propia altura”. Bien dotada para la crónica, Mada quiere ser escritora. En su afán de verdad, sintoniza con la dignidad de las otras, pues, el destino de las jóvenes llegadas a la capital sin apellido ilustre, sin familia de tronío, era servir o prostituirse.

"Socialmente, para las mujeres, es el momento de los primeros feminismos. Nos estábamos empezando a organizar para tener una voz, incluso política"

Refugiada en un “hogar para muchachas humildes”, Mada, que no lo es, aunque las circunstancias la han condenado a parecerlo, comienza a alumbrar una suerte de sororidad —que llamó Unamuno a las hermandades femeninas y, por ende, de un tiempo a esta parte, ha venido a hacerlo el feminismo—. Sonsoles Ónega prefiere llamar “solidaridad” a esta fraternidad de chicas humildes. “Mada esta sola, pero en compañía de una legión de mujeres con las que establece una auténtica camaradería… El momento histórico en esta novela es importante. Al final es el marco que habitan los personajes. Es un momento de cierta turbulencia e inestabilidad en España, en nuestro país, que estaba a punto de perder el último resto de su imperio. Socialmente, para las mujeres, es el momento de los primeros feminismos. Nos estábamos empezando a organizar para tener una voz, incluso política, cosa que se produciría ya en las primeras décadas del siglo XX”.

Ahora bien, lo que verdaderamente redime a las mujeres de estas páginas, como al resto de los seres humanos, es la cultura. Puede que ese afán de ilustración sea el más elevado de los asuntos acometidos en Llevará tu nombre. Pero entre sus capítulos no falta una historia de amor, de cuando el sentimiento topaba con las convenciones, y todo arranca con un crimen, un misterioso cadáver que aparece flotando en la playa de Comillas, frente a la caseta dispuesta para Alfonso XII.

"Virginia Woolf fue muy lista cuando habló de una habitación propia. Pero, además de propia, ha de ser una habitación con puerta y con llave"

“Mis editoras dicen que yo escribo porque he sido muy infeliz en el amor. Por eso creo que esta novela es un milagro: ahora soy tremendamente feliz. He escrito estas páginas quitándole tiempo a mi novio. Me ha costado mucho más escribirla porque me ha costado mucho más recluirme”. La literatura nos lleva expulsar a la familia y a los amigos. La creación literaria, bien es cierto, es una actividad solitaria.

“Virginia Woolf fue muy lista cuando habló de una habitación propia. Pero, además de propia, ha de ser una habitación con puerta y con llave. Para escribir se precisa silencio, un silencio que yo reclamo especialmente, viniendo de un mundo profesional con tanto ruido. Me cuesta encontrar esos espacios de paz. Me cuesta encontrarlos, pero lo consigo. Necesito escribir permanentemente. Intento adaptar mis rutinas a la televisión. Yo no soy de los que dicen que trabajan doce horas. Trabajé doce horas, pero ahora trabajo ocho, en Antena 3 con mucho gusto”.

"Esto son sensaciones muy íntimas que comparto con mucho gusto. Aquí estamos ocho novelas después. Lo mío va en serio"

La escritora no ocultó su enojo ante quienes, dada la popularidad alcanzada en su faceta televisiva, han dudado de su vocación. “Que se critique la obra puedo admitirlo, pero que se dude de la vocación de un escritor porque la televisión le ha proporcionado la popularidad sí que me indigna. Llevará tu nombre está escrita, sistemáticamente, de siete a once de la mañana. Desde el puente de diciembre del año 23, al tiempo de ganar el premio Planeta. La escribí con rabia, con ganas de demostrarme y demostrar que no era una casualidad, que no soy ningún producto. Esto son sensaciones muy íntimas que comparto con mucho gusto. Aquí estamos ocho novelas después. Lo mío va en serio”.

La antena no quita a la página y viceversa: a Sonsoles Ónega le gustaría envejecer gozando del favor de los lectores y los telespectadores. Sin aquéllos no hay libro que valga; sin estos, televisión alguna.

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