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Srta. Lylo: «Crear algo con las manos es muy parecido a hacer magia»

Srta. Lylo: «Crear algo con las manos es muy parecido a hacer magia»

Diario de una bordadora (Lumen, 2023) es una obra dedicada a todo un linaje, el de la Srta. Lylo (Loly Ghirardi), que encontró en el bordado una manera de reconstruirse tras la pérdida.

Con 35 años Ghirardi intentó ser madre. Pasó por tres tratamientos de ovodonación y otros tres de fecundación in vitro, una extirpación de trompa, un embarazo ectópico y tres abortos espontáneos. El bordado le acompañó. En todo este doloroso proceso los hilos y agujas la consolaron.

Srta. Lylo volvió a encontrarse bordando. En un inicio fue una pasión solitaria y sanadora, pero poco a poco esta afición fue llenando su vida, abriéndose paso en su profesión. La joven diseñadora gráfica fue incorporando puntadas en sus trabajos creativos. El bordado fue también llenando poco a poco su vida personal. Llenó el vacío de puntadas y encontró, en este trabajo artesanal, un espacio para compartir. Gracias al bordado conoció y formó parte de varios grupos de mujeres que deslizaban su vida, ida y vuelta, sobre un bastidor. Horas de trabajo, horas de compartir vivencias… Ha pasado una década y el bordado es parte esencial de la vida de Ghirardi. Gracias a él, el personaje de la Srta. Lylo tomó forma y gracias a él configuró lentamente este libro.

Diario de una bordadora se cocinó a fuego lento desde ese dolor primigenio de la autora, se aderezó con el dolor de todas las mujeres que, con sus puntadas, la acompañaron y culminó con las historias de bordados de las demás.

Zenda se reúne con la autora en la sede de Lumen. A la Srta. Lylo la acompañan bordados e hilos. Su vida está llena de color, como lo está su obra. Hablamos con ella de su debut literario, del proceso de aprendizaje y de duelo que vivió durante años, y de cómo un trabajo artesanal logró salvarla.

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—Dice en la novela que bordando, su cabeza y su cuerpo son libres, ¿ocurre lo mismo con la escritura?

"Una cosa es hacer patrones, bordados o contar una historia con bordados y otra cosa es contar una historia de mi vida"

—De primeras te diría que no, porque si bien escribí esto (señala el libro), lo tomé más como un diario. Y también me daba mucho respeto. Una cosa es hacer patrones, bordados o contar una historia con bordados y otra cosa es contar una historia de mi vida, y con el respeto además que tiene esta editorial y este tipo de libro. Me sentí cómoda, pero ¡a años luz! Prefiero bordar (risas).

—Con este libro se puede aprender a bordar. ¿Enseña también las puntadas básicas de la felicidad?

—Puede ser. Si estás atento a verlo así, sí. Más allá de mi experiencia particular, creo que alguien que busca algo y no sabe qué o si nos topamos con que la vida no es como nosotros pensamos, aprender a ver señales puede ayudarte, y puede que el libro sea una señal para alguien.

—Dijo Rozsika Parker en su obra sobre la historia del bordado: «Conocer la historia del bordado es conocer la historia de la mujer». ¿Opina usted igual?

—Sí, totalmente. Al final muchas de las emociones, o de las experiencias, de las mujeres están atravesadas por muchas emociones. Por ejemplo, en el tema de la maternidad o la no maternidad: hables con quien hables, hay un momento de soledad y de silencio y de no saber con quién compartirlo, expresarlo… quizá por el hecho de ser mujeres, de intentar no llamar mucho la atención, o no dar ciertas opiniones… por suerte esto ahora está cambiando.

—¿Qué van a conocer los lectores que se acerquen a Diario de una bordadora?

"Hoy en día, con las pantallas, los móviles, la vida tan inmediata… parar un poquito y bordar, hacer cerámica o salir a caminar es muy satisfactorio"

—Una historia de aceptación, de búsqueda, también un poco de humor, de acercarnos a las cosas manuales como catalizadores de emociones. Hoy en día, con las pantallas, los móviles, la vida tan inmediata… parar un poquito y bordar, hacer cerámica o salir a caminar es muy satisfactorio. Crear algo con las manos es muy parecido a hacer magia: de la nada obtienes algo.

—¿Cuánto queda de la niña que pintaba con lápices de colores?

—Mucho. Ahí está. Creo que este libro es un homenaje para ella.

—Dice que la primera vez que bordó se olvidó de la pérdida, de las frustraciones, del tiempo. ¿Sigue pensando lo mismo cuando borda?

—Sí. Me transporta y me da calma. Me pone en el eje, me hace parar y conectarme conmigo.

—En su infancia las niñas cantaban “Arroz con leche”. ¿Qué deberían cantar las niñas de las próximas generaciones?

—En el libro hay una versión del “Arroz con leche” más feminista, que fue una letra de un maestro de México. Me gustan esos valores: que sean libres, que puedan elegir lo que quieran y que hablemos más.

—Para Penélope tejer era una forma de esperar. ¿Qué es bordar?

—Creo que es transitar y reconectar con uno mismo.

—Entre estas páginas uno descubre que bordar es un ejercicio de memoria. ¿Qué merece la pena ser recordado bordándolo?

—Ya el tiempo que le dedicas a bordar es muy simbólico. Mis mascotas, un recuerdo de los lápices convertidos aquí en hilos… Es como una especie de homenaje, de mimo, también las fotos antiguas, por ejemplo: la de mi abuela en el día de su boda. No estuve ahí, pero sí que estoy presente con los hilos, y es como una caricia, dedicarle tiempo.

—Mezcla una historia autobiográfica con pinceladas de la historia del bordado, también una historia de sororidad. Cuéntenos cómo llegó a esto, el proceso de documentación. ¿Por qué decidió que fuera así?

"Me iba a lo cercano: en todas partes del mundo hay colectivos que bordan, como los “Bordemos feminicidios” en Méjico"

—Como daba tanto miedo el escribir, dije: “De todos los temas que podía llegar a escribir, voy a investigar cada tema para ver hacia dónde me dispara para ver qué queda dentro y qué queda fuera”. Era muy loco porque había temas como la maternidad, informes médicos, el bordado, fechas… parecía una misión imposible. También me daba apuro. Me preguntaba: “¿quién soy yo?, ¿soy tan importante como para hacer esto?”. Es verdad que fue tan fuerte cuando comencé a bordar entré a este grupo porque no quería que nadie me conociera. Quería también estar sola, porque tenía mucha presión social del “para cuándo”, del “esta vez sí”. Cuando conozco allí otras historias, otras realidades… noté que allí, en aquel espacio, había una sororidad especial que nos hacía felices, nos empoderaba, y además eran cosas suaves: hilos, encuentros… Empecé a buscar mujeres que hubieran bordado en otras épocas. Me iba a lo cercano: en todas partes del mundo hay colectivos que bordan, como “Bordemos feminicidios” en México. Cada bordadora borda la vida de una mujer, por ejemplo: “María López murió tal día a manos de su marido, que le pegó tres tiros”. Eso es darle significado a esa vida. Las madres de la Plaza de Mayo también tienen bordados con punto de cruz con homenajes a los desaparecidos. Empecé a ir hacia atrás, y encontré la historia de Louisa F. Pesel. Yo no conocía su historia. Sabía que había hecho los bordados de la iglesia de Winchester, pero encontré la historia de los bordadores de Winchester por una foto, y ¡parecía tan distópica! Leí también un libro sobre los bordados de Jane Austen. Empecé a indagar si estas mujeres tuvieron hijos o se casaron. Todo esto iba encajando en el puzle de historias de mujeres, de historia del bordado. Creo que vi en un momento que el libro tenía que ser como un catálogo de arte: blanco, con bordados. Pero no me encajaba. No soy así, no soy minimalista. Soy esto: soy color, soy acumuladora de tapetes y de cosas que bordo, soy caótica trabajando. Al final sí que me representaba.

—Cuéntenos cómo llegó a Lumen.

"No quería hacer un libro de tutoriales, no sabia que iba a llegar a hacer Diario de una bordadora"

—A través de Agustina Guerrero, que tiene aquí una carrera maravillosa y próspera, y ella me ha dibujado como coprotagonista en el libro El viaje. En ese libro sale el tema de la maternidad, que era de lo que hablábamos en ese momento. Me preguntó si me gustaría contarlo. Dije que sí, porque no me veía reflejada en otros libros, en otras historias. Ella dio unas pinceladas, y así la editora conoció mi personaje, a través de ese libro. Agustina me insistía, pero no me imaginaba sobre qué hacerlo, no quería hacer un libro de tutoriales, no sabia que iba a llegar a hacer Diario de una bordadora. Me imaginaba algo más conceptual. Agustina le contó a la editora mi idea, ella se puso en contacto conmigo y me dijo: “Si quieres contar una historia, me gustaría acompañarte”. Fue un regalazo.

—¿Quién es la Srta. Lylo, para quien no la conozca?

—Ahora digo: «Soy bordadora» (risas). Antes decía: “Soy diseñadora gráfica pero también bordadora”. Ahora sí que me animo a decirlo después de 13 años de haber cogido la aguja por primera vez. Creo que me ha sorprendido la vida, y le he puesto muchas horas de trabajo, de puntadas, para llegar hoy y sentirme orgullosa de Diario de una bordadora. ¡Tantas veces no he creído en lo que hacía! Estoy orgullosa de haberlo conseguido.

—¿Qué quiere que provoque o que cause este título?

"Ojalá que el lector se sienta reflejado en esa búsqueda de algo para ser un poquito más feliz"

—Me encantaría, como ya dije, que inspire para salir de un momento duro. Ojalá que el lector se sienta reflejado en esa búsqueda de algo para ser un poquito más feliz, hacerse amigo de lo que pasa (no superarlo o atravesarlo), convivir con ello encontrando otra pasión. Saber que no nos define una única cosa, ese deseo que tienes y que no se está dando.

—¿Qué lleva el kit de una bordadora?

—La tela, el soporte de la tela, los hilos de colores, una aguja (con el ojo grande para enhebrarla fácilmente), bastidor, tijeritas y enhebrador. Hay un montón de gadgets, pero esto es lo básico. Puedes dibujar a lápiz, puedes sincronizar…

—¿Alguna vez pensó que el bordado la iba a llevar tan lejos?

—Jamás.

—¿Hay más de Srta. Lylo que de Loly Ghirardi en este título?

—De las dos.

—Cuéntenos, si puede, próximos proyectos.

—Me gustaría hacer una exposición con todas las piezas que hice. Me encantaría. Bordé casi 50 cosas nuevas y me gustaría ver qué soportes le pongo, cómo exponerlas. Me encantaría y no lo veo muy loco. En el libro cuento que soy de Argentina, vivo en Barcelona y tengo antepasados en Sicilia, así que lo que ve muy loco, pero también me gustaría es programar esta exposición en esos tres lugares (risas).

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