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Suárez visto por Fuentes: una biografía estupenda no apta para conspiranoicos

Suárez visto por Fuentes: una biografía estupenda no apta para conspiranoicos

Soy groupie de Juan Francisco Fuentes (Barcelona, 1955) desde hace diecinueve años. No me cuento entre los colegas que, con título académico o sin él, desprecian la carrera universitaria de Periodismo. Que sí, que los planes de estudio tienen goteras y algunas asignaturas apestan a 2-nonenal —que huelen a viejo, vaya—, pero durante el lustro que pasé en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, recibí clases de profesores excelentes, los mejores que he tenido, como Joaquín Sotelo, Felicísimo Valbuena, David Álvarez o el actual decano, Ángel Luis Rubio.

Y el gran Fuentes, claro. Un genio que, a los alumnos de primero, imberbes, etílicos y en permanente celo, nos embrujó con sus lecciones sobre Historia Contemporánea de España y que coronó aquel cuatrimestre inaugural comparando a la II República con un equipo que jugaba con una formación de 4-3-3 y en el que sus futbolistas, como los del Real Madrid de la temporada pasada, o no se entendían o se odiaban terriblemente.

"Una de las tesis más sugerentes de la obra de Tanner: el exorcismo, y sus rituales, no dejan de ser performances que se rigen por un guion cultural que tanto poseídos como exorcistas han interiorizado"

Fuentes, miembro de la Real Academia de la Historia y del Colegio Libre de Eméritos, además de catedrático de Historia Contemporánea en la UCM, publicó en los estertores de la primavera Adolfo Suárez. La opción más difícil (Taurus, 2026), una reedición revisada y actualizada de la biografía que publicó en 2011 del primer presidente del Gobierno de la democracia patria. En el quincuagésimo aniversario del nombramiento del cebrereño como jefe del Ejecutivo, el profesor incorpora a su obra el fruto cosechado durante quince años, en los que ha tenido “acceso a documentos y testimonios que arrojan nueva luz sobre la vida de Suárez y la Transición”, como la transcripción manuscrita que Juan Linz hizo de la intervención de Suárez en el seminario sobre la Transición que la Fundación Ortega y Gasset organizó en Toledo en 1984.

"Una de las tesis más sugerentes de la obra de Tanner: el exorcismo, y sus rituales, no dejan de ser performances que se rigen por un guion cultural que tanto poseídos como exorcistas han interiorizado"

Con las biografías de Suárez —con las biografías en general— sucede lo que con las pelis sobre Jesucristo: uno ya conoce el qué, lo que atrae es el cómo. Fuentes, amén de un porrón de datos, aporta frescura, ritmo y, en ocasiones, una ironía sutilísima. El retrato de aquel chico orgulloso de provincias que, cuando era joven, soñaba con ser “presidente de la República”, y que, previo paso por la camisa azul mahón, impulsó y fundó una democracia que asombró al mundo; la efigie de aquel político caído que aguantó el tipo ante los golpistas, que acabó engullido por el olvido y que se marchitó, como en el poema de Cernuda, sintiendo “nostalgia de otras vidas”, ofrece lo mejor que puede dar un libro de esta especie: aprendizaje y deleite. Un hombre que lee no es mejor que uno que no lee, pero, parafraseando a Torres-Dulce, un hombre que lee a Fuentes es mejor que antes de que no lo leyese.

Sólo una cosa más: retrocedan todos aquellos lectores ávidos de conspiraciones imposibles y de intrigas morbosas ante Adolfo Suárez. La opción más difícil. La biografía que firma Fuentes no es apta para suscriptores de Canal Red ni para seguidores de youtubers fachas. Escribe el autor: “¿Qué secretos de la Transición se llevó Suárez a la tumba? El Estado moderno es menos dado al secretismo de lo que a veces se piensa. Sólo las dictaduras más siniestras y burocratizadas, como la URSS, pusieron sus arcanos por escrito y los enterraron en archivos inaccesibles, una actitud extraña, que suponía, por un lado, guardar para la posteridad el registro detallado de sus crímenes y, por otro, impedir su conocimiento. Por el contrario, los Estados democráticos tienden más al exhibicionismo que al oscurantismo, a mostrarlo todo, lo importante y lo trivial, en vez de ocultarlo”. Pues eso.

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