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Supremas lecciones de bien leer

Supremas lecciones de bien leer

El pertenecer al menguado equipo que, dirigidos con mano izquierda y cuerda larga por Arturo Pérez-Reverte, puso en marcha Zenda hace poco más de tres años conlleva sin duda ciertas obligaciones hacia nuestros lectores, y así lo certificamos con un juramento, no sobre la Biblia o la Constitución, sino, al estilo de los antiguos persas, poniendo por testigo al mismo Sol. Precisamente uno de estos tácitos compromisos se está empezando a cumplir ahora con la aparición de la colección Zenda Aventuras, cuyo primer volumen es, nada menos, El diamante de Moonfleet, de J. M. Falkner. Otro, o así lo considera quien esto escribe, es mantener a los que siguen esta página no sólo al día de lo que produce el mercado del libro; también de determinadas joyas que por diversos azares —editoriales pequeñas, distribución escasa o inexistente— pasan más o menos desapercibidas.

"En ese planteamiento es donde reside el mérito y el encanto del trabajo de Forster, que se pone al mismo tiempo, o alternativamente, del lado del lector, del crítico y hasta del autor"

Es el caso del libro que queremos comentar. Sabíamos algo, claro está, de las legendarias charlas literarias de E. M. Forster en la BBC durante la guerra, pero no teníamos noticia de que hubieran sido publicadas, y menos en español (fallo nuestro: salió el pasado septiembre). Pues bien, deambulando por una de esas librerías que todavía tienen la deferencia con los clientes de mantener un cierto fondo y, en este caso, un espléndido criterio para seleccionarlo, dimos con el ejemplar en cuestión. Quien ha encontrado inopinadamente un libro desconocido, pero cuya existencia le parece natural y necesaria, sabe de lo que estoy hablando, y del incomparable placer que en ello se encuentra. En nuestra experiencia, ocurre alrededor de una vez cada dos años, y eso visitando librerías con cierta asiduidad (pero animamos a los lectores de esta columna a que nos comenten sus propias frecuencias).

En el prólogo de Gonzalo Torné (estupendo, como el epílogo de Zadie Smith; y el lector hará bien en comenzar por este último) se deja claro algo importante: estas charlas no son un ejercicio de crítica literaria al uso, pero tampoco entran dentro de lo que se puede considerar divulgación, si en esta palabra incluyéramos el habitual matiz peyorativo. El prologuista utiliza la feliz expresión invitación razonada (a la lectura), y en verdad que de eso se trata: una invitación que no puede ser más amable para algo sumamente grato. Y en esto, en ese planteamiento, es donde reside el mérito y el encanto del trabajo de Forster, que se pone al mismo tiempo, o alternativamente, del lado del lector, del crítico y hasta del autor para, entre todas las visiones posibles, presentar las que más rápido y con más razones nos echará a la calle a buscar una librería donde hacerse con el libro en cuestión… o no exactamente:

… se trata de un texto largo, de manera que su precio es bastante elevado. Quizá el mejor plan sería pedirlo en una biblioteca pública (de la charla dedicada a Rebecca West).

"El tono está en las antípodas de lo solemne, de lo académico, de la lección magistral"

Es un lugar común lo difícil que es resistirse a la recomendación de un libro, incluso si el que recomienda o el autor nos han decepcionado anteriormente. La aproximación de Forster no va por esa vía tan directa. No nos dice si tal o cual obra es buena o mala; antes bien, nos da pistas para disfrutar de ella, o para entenderla mejor, o para relacionarla con otras, o para examinar (y, con ello, disculpar en cierto modo) sus defectos. El tono está en las antípodas de lo solemne, de lo académico, de la lección magistral. Es el de un amigo que ha leído algo que a ti se te puede haber escapado, y te lo cuenta. Y que parece quedarse esperando un comentario de tu parte.

Apréciese el estilo en tres ejemplos espigados casi al azar:

Ni dos libros enteros de justificaciones inspiradas por la voluntad más benigna me convencerán jamás de que Kipling era algo más que un matón (…). Era un hombre vulgar, pero con vulgar no quiero decir tosco de modales, sino que trato de describir su mente (…). Se habrán dado cuenta de que me estoy acalorando (…). Voy a tratar de tranquilizarme… (de la charla sobre Kipling y las conexiones culturales entre la India e Inglaterra).

No hay otra novela parecida a Moby Dick en toda la literatura universal, y con la misma contundencia puedo decirles que no hay otra novela corta que se parezca a Billy Budd (…). No les recomiendo que lean las obras completas de Melville; es de esos escritores que pierden con frecuencia la inspiración pero sigue emborronando páginas como si no se diera cuenta o no le importase… (de la charla Tres relatos bondadosos)

¿Son útiles los libros? Sabemos que ocupan mucho espacio y que nos exigen mucho tiempo. (de la charla ¿Son útiles los libros?)

En atención a los lectores (y a nuestro propio sentido del decoro) no podíamos consentir que este gratísimo manual de buenas prácticas literarias se quedase sin reseñar en Zenda. Necesse erat.

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Título: Algunos libros: Las charlas de E. M. Forster en la BBC. Selección y prólogo: Gonzalo Torné. Edita: Alpha Decay. Venta: Fnac

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