El San Diego Museum of Art atesora entre sus fondos un lienzo de dimensiones comedidas atribuido a Sofonisba Anguissola, una pintora lombarda de fama internacional admirada entre otros por Michelangelo Buonarroti y Anton Van Dyck a la que Felipe II —a quien retrató— convidó como retratista a la corte del monarca de la Casa de Austria, el mismo que hizo caer en bancarrota hasta tres veces a las arcas del país y propició a su vez el despropósito de la Armada Invencible [sic]. El cuadro, Retrato de un niño de la corte española (c. 1565-1570), sirve de portada a la nueva novela de Manuel Longares (Madrid, 1943), todo un divertimento que toma como paisaje la exagerada vida cortesana del ilustrado Siglo de las Luces para hacer de ella una suerte de opereta zarzuelesca con el dislate indigente del río Manzanares («más salpica que moja») como telón de fondo, siempre oído y vista afinados a lo que se cocía en la capital de la monarquía española en aquellos años en los que pueblo y nobleza empezaban a compartir tablero de juegos, muchos de ellos de capricho lujurioso donde cupo todo excepto el hartazgo.
Precisamente porque lo que cuenta Cortesanos es una historia de monarcas, palaciegos y poblacho llano en pleno siglo XVIII, obliga a pensar en el siglo XXI para concluir que la evocación no desentonaría en la corte actual. De aquellas aguas estos lodos. Pero para que no lleguen a asustar las despiadadas conclusiones a las que parece llegarse desde la fábula, la historia adopta las formas de una opereta en la que todos los personajes cantan para despistar y para ahuyentar males, que no son pocos. Vale por vestir a la mona de seda, convertirla en farsa risible y hacer pasar lo que es por lo que no. Puro teatro en el que todos hablan en verso estrafalario a fin de que el argumento cantado no cante y dé al traste con la invención que la hace reflejarse sin esfuerzo en las aguas de estos días. Es la broma que enmascara lo verdaderamente serio: lo hizo Valle-Inclán, lo rehizo Rafael Azcona, lo remataba el Manuel Longares de las experimentales La novela del corsé (1979), Soldaditos de Pavía (1981) y el monumental acierto que fue Romanticismo (2002). Ya había en las anteriores “cadencia, duende, señorío, vivacidad, prestancia y garbo”, pero es en la actual novela donde el pespunte libérrimo alcanza cotas excelsas, como si un Cervantes futurista se hubiera tragado a Joyce y a Gómez de la Serna juntos, hubiese expulsado la egagrópila a los pies de Longares que, curioso como pocos, se hubiera detenido a extraer del atillo de restos no digeridos los materiales cómicos y retóricos con los que se ha armado Cortesanos.
Que los dioses amparen al posible traductor de la novela, por cierto. Son tantos los juegos de palabras, los pareados y las bromas, que mucho me temo que será tarea ardua la traducción a otros dominios lingüísticos por las dificultades que entraña expresar con solvencia lo que de farsa tiene la seriedad y lo que de serio tiene la farsa. Quien ose traducir la novela deberá armarse con el arsenal bifronte quijotesanchista, a fin de trasladar el eco de las carcajadas que se escapan cuando entre las oraciones y los avemarías “se intercalan jácaras y seguidillas de mucho trantán.” En Cortesanos no hay más espejos esperpénticos del Callejón del Gato que la mente traviesa del escritor madrileño (“Reinar es embarazar. Rey que no preña, su dinastía despeña”). En fin, que así va España, descreída y ligera, esquivando deslealtades regias y promulgando alegrías plebeyas para solaz del corazón y el bajovientre. La juerga estética casa a la perfección con las verdaderas intenciones de Manuel Logares, pero sucede aquí lo que en los chistes, que si se desmenuzan demasiado pierden su gracia. Lo mismo que si desajustan su extensión, que el ritmo desfallece y con él la risa. Aquí, por fortuna, todo está medido, y bien medido. Una novela que hace del chiste algo serio y que, más que leída, pide ser cantada. Ya saben lo que dice el adagio popular, quien canta…
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Autor: Manuel Longares. Título: Cortesanos. Editorial: Galaxia Gutenberg. Venta: Todos tus libros.


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