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Tardé veinte años en volver

Tardé veinte años en volver

Recuerdo la primera vez que visité Rouen, en Normandía. Era joven y más aventurera, de modo que, tras aburrirme con el París monumental, alquilé un coche y conduje hasta allí. No sabía nada de la ciudad, solo que nos pillaba de camino a las playas del desembarco del Día D en la Segunda Guerra Mundial, que habíamos decidido que fuese nuestro objetivo inmediato. Siguiendo mi costumbre, accedí primero a la oficina de turismo y pregunté qué había de interés en la ciudad para visitarla durante un par de horas, pues apenas teníamos tiempo.

—¿Un par de horas? Puede pasear por esta plaza, que es donde quemaron a Juana de Arco. No se pierda tampoco la Catedral ni el Gran Reloj del siglo XIV, en esta calle. Eso es lo más relevante de Rouen.

—Pero… A ver —abrí mucho los ojos—. ¿Aquí quemaron a Juana de Arco?

"Pues claro que allí había muerto Juana de Arco: ¿por qué creía yo que había tantos turistas?"

La funcionaria me miró como si yo fuera una señora de otro siglo que, sin querer, acabase de aterrizar en el planeta. Pues claro que allí había muerto Juana de Arco: ¿por qué creía yo que había tantos turistas? Con aquella información me fui hasta la plaza del crimen, que era espantosa por culpa de una iglesia estrambótica que habían plantado en el centro, justo al lado de una gran cruz que se suponía que marcaba donde habían ejecutado a la doncella. Más allá de aquello, del Gran Reloj y de las callejuelas con edificios de entramados de madera al aire, poco más pude ver. Me quedó dentro el sabor inquieto de lo inexplorado, como si me esperasen asuntos por investigar en el lugar.

Tardé veinte años en volver, hace tan solo un par de semanas. La plaza de Juana —rebautizada por mí, pues se llama Plaza del Viejo Mercado— seguía siendo igual de horrorosa, y el resto de las callejuelas y el Gran Reloj continuaban, imponentes, hablando de otra época y de otra forma de vivir. Se habían inventado un museo nuevo sobre la doncella en el palacio arzobispal anexo a la catedral, y allí pude ver la sala en la que la habían juzgado. No crean que se trata de nada impresionante, solo una habitación de piedra bajo cúpulas ojivales y, dentro de un palacio restaurado y sin mobiliario, un montón de vídeos y efectos en 3D.

Pero vayamos a lo interesante, que es todo lo que no se cuenta de Rouen.

"El que escribe no solo lo hace desde su alma, sino desde su contexto. Rouen es Flaubert, y viceversa"

Claude Monet pintó en decenas de ocasiones la impresionante catedral de esta ciudad, porque decía que, según la luz del día, la veía siempre diferente. Gustave Flaubert nació aquí mismo, hijo de un cirujano y de una normanda de pura cepa. Y no solo nació, sino que vivió y estudió en la ciudad antes de marcharse a París para comenzar la carrera de Derecho. ¿Cómo es posible que su figura no sea más recordada en Rouen? Un autor con una agudeza narrativa extraordinaria, que acoge la crítica social y que la enfoca incluso desde un punto de vista feminista. Su Madame Bovary, ¿no les parece extraordinaria? El suicidio que se narra en sus páginas es, quizás, el más sobrecogedor y violento de toda la literatura europea. Por no hablar de la escena sexual que no se cuenta pero que se dibuja sin fisuras dentro de un carruaje que no se detiene nunca. Pues bien, de Flaubert solo queda un pabellón de su casa original, al borde del Sena. En realidad, que no se conserve su domicilio original es lo de menos. ¿Cómo es que su propia ciudad no lo reconoce entre sus triunfos históricos? El que escribe no solo lo hace desde su alma, sino desde su contexto. Rouen es Flaubert, y viceversa.

Dirán que soy exagerada, pero es que resulta que Maurice Leblanc, autor de la serie de casi veinte libros de Arsène Lupin, el famoso ladrón de guante blanco, también nació y se crió en Rouen. Y nada, ni un cartelito con su nombre en la oficina de turismo. Como si todo en la vida tuviera que ser Juana de Arco, pobre chica.

Era como estar ante un lienzo al que le faltasen colores. Lo mismo me sucedió a lo largo de la costa de Normandía, donde de pronto todo tenía que ser la Segunda Guerra Mundial y museos repetidos con la misma temática. Como si no tuviesen crêpes de los que presumir, o quesos, o tradiciones. Me pregunto si estamos perdiendo la visión panorámica de las cosas y quedándonos solo con la anécdota, y si esto también sucederá en nuestro entorno cultural inmediato. Es increíble que yo misma haya tardado veinte años en hacerme esta pregunta. Supongo que tendremos que hacer caso omiso a lo que nos señalen como más importante y dedicarnos a investigar por nuestra cuenta. Quizás la cultura sea eso, explorar.

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Pablo75
Pablo75
4 meses hace

Ir a visitar Rouen por aburrirse en París es como leer a Juan del Val por aburrirse con el Quijote.

“de Flaubert solo queda un pabellón de su casa original, al borde del Sena. En realidad, que no se conserve su domicilio original es lo de menos.”

Desde 1945 la casa en la que nació Flaubert, situada en la rue Lecat, nº 51, es el Museo Flaubert.

El “pabellón de su casa original, al borde del Sena” es el famoso
pavillon de Croisset, pueblo situado a 7 kms de Rouen. La casa fue comprada por su padre para pasar las vacaciones cuando Flaubert tenía 22 años. En ella el escitor se instaló con su madre y su hermana a la muerte del padre en 1851. Y en ella murió en 1880. Hoy es otro museo Flaubert.

A pesar de que Flaubert tenía un piso en París (42, rue du Temple) al que iba con frecuencia, consideraba la casa de Croisset su verdadero domicilio (ver Correspondencia). En ella escribió toda su obra y a causa de ella se le llamaba “l’ermite de Croisset”.

“¿Cómo es que su propia ciudad no lo reconoce entre sus triunfos históricos? ”

La pregunta es exagerada y la respuesta fácil: porque Flaubert durante toda su vida puso a parir a sus paisanos (ver una vez más su genial Correspondencia, que con razón tanto admiraba Unamuno).

Laura Iratze Huertas-Martín Parra

María, comparto muchas de tus preocupaciones, pero no se si sabías que Flaubert comparó o algo así a la mujer con el ojo de culo, eso estudié en unas clases de Teoría Literaria a las que fui en la Complu que no recuerdo el nombre ya del profesor…, luego lo dejé porque era incapaz de entender el tocho de apuntes de narratología y tiré más por filosofía pero más en cursos de Formación Permanente de la UNED…, ahora quiero reomar Hispánicas en la UBU con Inglés y Francés para reconstruir estas lenguas, porque ya hablo patuá… Juana de Arco es una MARTIR, la quemaron viva en la hoguera por “bruja”, los ingleses, cuando ellos son de los primeros que tienen brujas y brujitas, que yo lo sé bien, porque aunque soy Católica, soy un poco bruji buena yo…, solo jodo a quien me jode o intenta joderme, y a vezes, pongo la otra mejila… Mi experiencia con los ingleses es buena por lo general aunque el asunto de los desórdenes mentales, que pueden tener muchas cua-sas… Espero que no volvaamos a ello, a la quema de brujas ni brujos, por ningún lado, pero QUÉ MENOS QUE HOMENAJEAR A LO GRANDE A ESTA GRAN SANTA… Pero tienes razón, se lo tendrían que haber currado mucho más, si hay un ladrón de guante blanco por ahí, pues hay que estudiársele y aprender todos de él para el hacking ético, pero luego devolver los bienes robados, yo en mi caso aplico eso a todo desde que confieso, no robo ni un puto boli sin permiso, porque detrás de esos hurtos y “fusilamientos universitarios” hay batallas y consecuentes que pueden terminar muy mal… Así que grazie por avisar, Rouen esta lejos de mi alcanze ahora, pero tomo nota, y cuando vaya a París, si voy acompañada de alguien con carnet de conducir y que esté bien de la cabeza y sea buen conductor, pues a Rouen, a ver a la Santa, a cagarme en la madre que parió a Flaubert, y a interesarme por los libros de ese otro autor que dices, que ahora me lo respaso… SIGUE ASÍ, CAMPEONA, Y CUANDO PUEDA ME COMPRO UN LIBRO TUYO AUNQUE SEA POR LA PORTADA, pero de momento necesito gafas nuevas porque no veo un pijo sobre el papel y no pienso leer con lupa, que te salen unas gafas no progresivas ni siquiera por unos 600 pavos imagino. ESTA ZENDA, ES UNA RUINA. Perdonar que escriba al ritmo de la respirazión, sé escribir algo, pero no me da la gana.