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Te quedas o te vas, una suerte de epílogo para Carlos Salem

Te quedas o te vas, una suerte de epílogo para Carlos Salem

En una ciudad sin mar de la que parece imposible escapar, desaparece gente. De noche. Gente de la noche que no le importa a nadie, porque a nadie le importa nada en la ciudad. Un bar. El de Lola, donde a veces suena jazz y a veces disparos. Que decidan las cerillas es la primera novela gráfica —Navona— del escritor Carlos Salem y el ilustrador Kike Narcea. A continuación, te ofrecemos el epílogo de esta obra, firmado por Carlos Zanón.

No recuerdo bien cuándo nos hicimos amigos Carlos Salem y yo. Recuerdo, eso sí, que nos mirábamos de reojo en alguna edición de la Semana Negra de Gijón. Al principio recelábamos el uno del otro porque ambos somos gatos de distinto barrio y pelaje pero igual de escaldados y romanticones. En los bares gijoneses nos colocábamos en diferentes extremos de la barra, con la culata sobresaliendo, no fuera que. En las timbas pillabas los faroles del otro y ponías los ojos en blanco cuando venían a contar esto o aquello del susodicho. Nunca hemos hablado de esto, así que no sé sus motivos. A mí me sucedía que Salem me imponía no desde la matonería o la arrogancia sino desde las hechuras de un Personaje Muy Hecho (pañuelo pirata, voz de niño viejo, bravatas de marino) que ahora sé que sólo trata de poner la máxima distancia posible entre su gran corazón y el daño que tú le puedas hacer. Porque Salem es indestructible en la misma proporción en que es vulnerable, masculino, torpe, leal, definitivamente material sensible. Es un luchador de Siam, un boxeador con gran juego de piernas y pegada precisa, pero que no sabe ni quiere protegerse. 

"Con Salem los recelos te duran el tiempo que abres un libro suyo y empiezas a leer."
Vive y escribe con las ventanas abiertas, con el único objeto de que escuches los gemidos, la música o sus dedos sobre el teclado mientras escribe una de sus historias. Y es que esto va de historias. Cualquier cosa con Salem va de historias. Las suyas siempre. Carlos Salem no te escucha. Nunca. Pero de alguna manera sabe lo que dices. Te pilla el ritmo, el pálpito, la onda en la que emites y decide. Decide si se queda contigo o se va. De eso van todas las historias de Salem. Gente que ha de decidir si se queda o se va. Su dignidad reside en eso.

Con Salem los recelos te duran el tiempo que abres un libro suyo y empiezas a leer. Has podido comprobarlo mientras disfrutabas parte de su libro El huevo izquierdo del talento en esta novela gráfica titulada Que decidan las cerillas y con el talento del dibujo de Kike Narcea. Las bondades del Salem narrador son muchas y las exhibe sin pudor. Domina las reglas del juego, las hace flexibles para crear ficción —y, al mismo tiempo, verdad— como truco de un buen mago, sospechando como lector que cualquier anécdota puede interesarte si la cuenta Carlos Salem. Este argentino madrileño o viceversa te pilla por sorpresa en un bar y empieza y te ata horas al reposapiés. Carlos Salem, en sus buenas noches, es una Sherezade a la que no vas a poder cortar la cabeza ni hoy ni mañana ni las próximas mil y una noches. 

"En cualquier libro de Salem está contenido todo Salem. Sus obsesiones, sus fantasmas, su mirada: el sexo bucanero como única forma de generosidad."
Tiene sentido del ritmo, sabe equilibrar el relato, gestiona el mito y los lugares comunes, los personajes que piden a gritos que intervengan, actúen o expliquen su secreto de una maldita vez. Salem rara vez se precipita. Se pone ansioso, eso sí, pero espera a que estés mirando a otro lado para arrearte. Con un pie en el hardboiled de toda la vida y con el otro en un socarrón e inteligente humor Oswaldo Soriano, las historias, los personajes, los detalles van colocándose en las páginas de sus relatos o novelas, con calidad de página, sangre de poeta, conformando una partitura que suena limpia y fácil de retener, sin olvidar nunca que detrás de un libro hay un desconocido al que tienes que entretener y cambiarle la mirada.

En cualquier libro de Salem está contenido todo Salem. Sus obsesiones, sus fantasmas, su mirada: el sexo bucanero como única forma de generosidad, diálogos extraordinariamente precisos, artificiosos y, a la vez, guantes de piel suave, acción y relato, mentira y verdad, así como una melancolía marca de la casa como único perfume que dejan tras de sí los protagonistas de sus historias, tipos y tipas que nadie pidió que estuvieran aquí, que tampoco se quedan mucho pero que, al irse, dejan un vacío tremendo. El mismo que seguro sientes tú, ahora, al acabar esta estupenda novela gráfica.

Volverás a repetir con Salem. Siempre pasa. No eres tú, es él.

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Autor: Carlos Salem y Kike Narcea. Título: Que decidan las cerillas. Editorial: Navona Gráfica. Venta: Amazon, Fnac y Casa del libro